20 de Septiembre de 2018

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Raperos tunecinos crean 'inédito sindicato'

En Túnez, cantar puede significar la cárcel, por lo que los raperos se unieron para defenderse de un poder que no tolera la crítica.

"No soy un criminal, sólo ejercí mi derecho a tener una opinión distinta", dijo el joven rapero desde la prisión de Mornaguia. (Facebook oficial)
"No soy un criminal, sólo ejercí mi derecho a tener una opinión distinta", dijo el joven rapero desde la prisión de Mornaguia. (Facebook oficial)
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Agencias
TúNEZ.- Los raperos de Túnez, que dan voz a las aspiraciones de una sociedad muy distinta a la soñada tras la caída del régimen de Ben Ali, decidieron asociarse en un inédito "sindicato" para defenderse de las persecuciones por el mensaje de su música.

Recientemente, Klay BBJ fue detenido por las autoridades tunecinas y sentenciado a seis meses de cárcel por haber cantado en público "No pasarán" un tema contra el poder, de cualquier tipo que sea.

Su caso es sólo el último en un país que después de la revolución se muestra controvertido, donde incluso cantar se puede convertir en un peligro, lo mismo que filmar una película o un documental que vaya más allá de los límites impuestos por una rígida moral a menudo sólo de fachada.

De acuerdo con ANSA Latina, Klay BBJ es un expúgil ("Klay" es en homenaje a Mohamed Ali), que llegó al rap tras un difícil recorrido personal, y terminó preso por un tema cantado el pasado agosto en Hammamet.

Rabia justificada

La misma suerte corrió otro rapero, también muy famoso en Túnez, Weld el 15, castigado por haber cantado la rebelión de los jóvenes ante un mundo que no les ofrece otra cosa más que una justificada rabia.

La constitución de un sindicato, nacido bajo la égida de la CGL (que no es la central sindical más importante del país) en realidad tiene poco que compartir con la tutela del trabajo.

Pero se trata de una señal -sólo el tiempo dirá de cuánta fuerza- hacia los edificios del poder, que parecen no aceptar las críticas, no importa de dónde lleguen, sobre todo si piden cambios en la sociedad.

Klay BBJ, de 22 años, pasó de los escenarios animados a la prisión, catapultado en una dimensión que le resulta absurda. Pasó las primeras semanas en una celda con otros 145 presos comunes, y luego fue llevado de una prisión a otra sin motivo aparente, porque esos traslados suelen ser por pedidos de la familia o por riñas en las celdas.

Pero ninguno de estos casos -dijo su abogado- es el suyo, y los traslados parecen motivados sólo por la voluntad de castigarlo tras haber expresado su rabia.

"No soy un criminal, sólo ejercí mi derecho a tener una opinión distinta", dijo el joven rapero desde la prisión de Mornaguia: pero también eso, hoy, puede ser un delito en Túnez. 

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