20 de Noviembre de 2018

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Un escape de la cárcel digno de Hollywood

El judío Jacob Ostreicher pasó 18 meses preso mientras funcionarios lo extorsionaban, hasta que Sean Penn le ayudó.

A Jacob Ostreicher le ha costado recuperarse de los 18 meses que pasó encarcelado en Bolivia. (AP)
A Jacob Ostreicher le ha costado recuperarse de los 18 meses que pasó encarcelado en Bolivia. (AP)
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Agencias
LIMA, Perú.- Todo empezó con el intento de rescatar una inversión de arrozales en Bolivia que dio paso a una pesadilla en una cárcel tercermundista y culminó con una fuga tramada con la ayuda del actor Sean Penn.

Pero por ahora, la historia de Jacob Ostreicher no tiene un final de Hollywood.

En el año que pasó desde que fue sacado de Bolivia, al estadounidense de 55 años le ha costado recuperarse de una odisea tras pasar 18 meses preso sin cargos mientras funcionarios corruptos lo extorsionaron y le robaron la inversión.

Se le arruinó el matrimonio, se quedó sin un centavo y casi se volvió loco.

"Hay días en los que no funciono", declaró Ostreicher a la Associated Press en una serie de conversaciones telefónicas, que son sus primeras entrevistas con la prensa desde su rescate. "Es duro empezar una nueva vida".

Ostreicher, exdueño de un negocio de pisos en Nueva York, ahora vive solo en Los Angeles y dice que está buscando montar un nuevo emprendimiento. Vive de la caridad de filántropos y de algunas de las figuras más renombradas de Hollywood. Sobre todo de Penn.

Encarcelamiento injusto

A fines del 2012, Penn viajó a Bolivia para investigar el caso de Ostreicher a pedido de Mark Wahlberg.

Ostreicher, un judío ortodoxo, había despertado el interés del Aleph Institute, una fundación que ayuda a los judíos encarcelados. La organización con sede en la Florida le pidió a Wahlberg que hablase con Penn, una figura conocida por su compromiso social, su trabajo para ayudar a Haití después del terremoto de hace cinco años y su estrecha relación con varios líderes de izquierda de América Latina.

Penn se convenció de que Ostreicher había sido encarcelado injustamente a mediados del 2011 para que funcionarios corruptos pudiesen robarse una operación arrocera de 25 millones de dólares en la que él era un inversionista menor. Se lo acusó de lavado de dinero, pero nunca se presentó evidencia alguna.

Penn se mostró discreto al ser interrogado sobre su amistad con Ostreicher y sobre las razones por las que decidió ayudar. "¿Qué te puedo decir? Era un tipo simpático".

Cuando le pidió al presidente boliviano Evo Morales que intercediese, recibió una respuesta esquiva.

Decidió entonces sacar a la luz la red de extorsión y desató un escándalo que generó el arresto de 14 funcionarios bolivianos --el número dos de la banda se declaró culpable la semana pasada--, mientras que otros presuntos implicados huyeron del país.

Penn logró que Ostreicher fuese transferido a una clínica. El hombre pesaba solo 48 kilos como consecuencia de una huelga de hambre para protestar su detención, durante la cual sólo se le daban líquidos. Penn aprovechó sus contactos caraqueños -era muy amigo del finado presidente Hugo Chávez- para que asignasen guardias venezolanos a su protección, temeroso de represalias por haber denunciado a la banda.

Si bien había acudido a más de 30 vistas judiciales sin los resultados esperados, Ostreicher seguía insistiendo en que quería limpiar su nombre en Bolivia.

Penn le dijo que se olvidase de eso.

"Me tomó con las dos manos, me miró fijo y me dijo, `te voy a llevar a casa'", relató Ostreicher.

Más que un amigo

Lo más que pudo hacer Penn, sin embargo, fue conseguir que Ostreicher fuese trasladado de una cárcel de máxima seguridad a prisión domiciliaria.

A fines del 2013, Ostreicher llegó en un vuelo comercial a Los Angeles, procedente de Lima. En la manga del aeropuerto lo esperaba Penn.

"Sean es el responsable de haberme salvado la vida", dijo Ostreicher. "Es mucho más que un amigo".

Ni Penn ni Ostreicher hablaron de la fuga en detalle, aunque Ostreicher admitió que su hermano mayor, Aaron, financió la operación y que hizo un viaje muy tenso de Santa Cruz a Bolivia, sentado cerca del jefe de la policía boliviana y rezando para que no lo reconociese a pesar de que estaba disfrazado.

Bolivia ha dicho que la fuga estuvo planeada por la CIA, algo que Ostreicher niega. Solo dijo que participaron "profesionales" que no identificó.

Penn lo alojó en su casa de Los Angeles. Según Ostreicher, pasó unas semanas encogido en un sofá, en posición fetal.

"Le decía a Sean que quería volver a Bolivia", expresó a la AP.

"Sean se sentó conmigo por horas, a veces toda la noche, sobándome la espalda", contó en una ocasión durante una cena en honor de Penn.

El actor reclutó a su propia familia para que ayudase al amigo a curar sus heridas.

"Le dije a Penn que me gustaría encontrar una persona que lo tuvo todo y lo perdió todo para que me diese una razón para despertarme todos los días", expresó Ostreicher.

Penn le presentó a Robert Downey Jr.

Viejo y enfermo

Downey, quien tocó fondo en los años 90, cuando su adicción a las drogas lo mandó a la cárcel por un año, aconsejó a Ostreicher y le envió ropa: trajes de Gucci, sweaters, ropa interior, un reloj de Harry Wintson "por valor de decenas de miles de dólares", según relató.

Penn, mientras tanto, seguía a su lado durante algunos de sus peores momentos.

Cuando su hija Gitty voló desde Nueva Jersey con su esposo y sus cinco hijos para una reunión familiar en febrero, Ostreicher estaba asustado.

Trató de buscar excusas para no verlas, diciéndole la Penn que no tenía la ropa adecuada.

"Necesito una camisa blanca. Un traje negro. Un sombrero. Y Sean se montó en su auto y me trajo seis sombreros", comentó.

"Me dijo, `uno debe quedarte bien'".

Cuando finalmente se encontró con sus nietos, ellos no querían acercársele.

"No me reconocieron, de tan viejo y enfermo que estaba", confesó.

Empezó a contarles a los niños acerca de la gran persona que lo había sacado de Bolivia. "¿Quieren saber quién es?", les preguntó, señalando hacia Penn.

"Le dije a Sean, `muéstrales a los chicos tus bíceps'".

"Sean se arrodilló, se desabotonó la camisa y le mostró los músculos a mis nietos para que se sintiesen más cerca de mí. Y fue así que se me acercaron".

Cuando se le preguntó por ese episodio, Penn se tomó un momento y respondió:

"Jacob se las ingenia para poner a la gente en apuros".

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