15 de Diciembre de 2018

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Restaura el INAH capilla barroca de Dolores Hidalgo

El rescate del Templo El Señor del Llanito es parte de un seminario de restauración de obra mural para acercar a estudiantes al proceso in situ.

El INAH intervino en la pintura mural de la Capilla de la Letanía, del Templo El Señor del Llanito, a petición de los mayordomos. (Notimex)
El INAH intervino en la pintura mural de la Capilla de la Letanía, del Templo El Señor del Llanito, a petición de los mayordomos. (Notimex)
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Agencias
MÉXICO, D.F.- Una capilla barroca del siglo XVIII, ubicada en el municipio de Dolores Hidalgo, Guanajuato, es sometida a trabajos de restauración por parte de estudiantes de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (Encrym) del INAH.

El santuario presenta iconografía alusiva a la letanía del rosario y no había sido restaurado desde su creación, por lo que ahora los expertos trabajan en el rescate de sus 57 escenas bíblicas, informó el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), mediante un comunicado publicado por Notimex.

Seminario taller

Los trabajos forman parte del Seminario Taller de Restauración de Obra Mural (Strom), impartido en la Encrym, donde se busca acercar a los estudiantes de la licenciatura en restauración al proceso teórico metodológico para la conservación y la restauración de obra mural in situ.

El equipo está integrado por las restauradoras Martha Tapia, Haydeé Orea, Denise Charua y Erika Lozano, el químico Javier Vázquez, la arquitecta Martha Lameda, el fotógrafo Gerardo Hellión, la historiadora Guadalupe de la Torre y el geólogo Jaime Torres.

De acuerdo con Marlene Sámano Chong, restauradora perito del INAH, el proyecto surgió de la petición e interés de mayordomos que deseaban la conservación de la pintura mural de la Capilla de la Letanía que forma parte del Templo El Señor del Llanito, lugar en el que se venera desde el siglo XVI la imagen de San Salvador Josué de los Afligidos.

En conjunto con la Maestría en Restauración Arquitectónica de la Universidad de Guanajuato y bajo la autorización del Centro INAH Guanajuato, se desarrolló un proyecto para controlar y erradicar el deterioro provocado por la humedad.

Estabilización de muros y bóvedas

La intervención consiste en la estabilización material de los aplanados en muros y bóvedas donde se ubican los murales sobre un aplanado de mortero con cal pintados al secco.

"Se podría tratar de una técnica mixta de temple graso y magro, sin embargo, hace falta profundizar en la identificación precisa de los materiales, para plantear una propuesta de intervención certera para estabilizar la capa pictórica", indicó la especialista.

Detalló que recientemente se efectuó una segunda intervención de cuatro semanas de trabajo de campo. En ambas etapas se logró un 70 por ciento en la estabilización de la bóveda, respetando las técnicas y los materiales originales del sistema constructivo.

Sámano Chong sostuvo que los procesos de conservación parten del reconocimiento de las cualidades tecnológicas, funcionales, formales y simbólicas de la pintura mural y su relación con el contexto arquitectónico, histórico, natural y social, además de un estudio profundo del deterioro y la evaluación de cómo están afectados los valores patrimoniales reconocidos en la pintura mural.

Similar a un altar familiar otomí

Por su parte, la arquitecta Martha Lameda-Díaz Osnaya refirió que la Capilla de la Letanía destaca por su carácter constructivo similar a los altares familiares otomíes.

"Una diferencia entre estos recintos y la Capilla de la Letanía es que ésta se emplaza en un ámbito comunitario no familiar con una sola nave de planta rectangular dividida en dos tramos cubiertos con bóvedas de aristas, tiene una superficie similar a los altares familiares con un área de 8.42 metros de largo por 4.40 de ancho y 4.95 de altura", apuntó.

Por sus características arquitectónicas y espaciales, agregó, tiene una similitud con las capillas domésticas indígenas, resultado del sincretismo otomí-franciscano registrado en el siglo XVI en el área otomí y más allá del siglo XVIII.

Finalmente, la arquitecta explicó que al noroeste del santuario recibe una luz muy especial que se concentra en puntos de fuga, conforme transita el sol durante el día, especialmente durante los solsticios del año, y de esa forma se convierte en un espacio íntimo para la oración.

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