18 de Septiembre de 2018

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Sebastián Ligarde y el villano que convenció a México

El actor, quien recientemente reveló su homosexualidad, hurga en el baúl de los recuerdos de su infancia.

Al principio en México no le daban trabajo por su cara y sus ojos azules. (Notimex)
Al principio en México no le daban trabajo por su cara y sus ojos azules. (Notimex)
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Agencias
MÉXICO, D.F.- El actor Sebastián Ligarde, quien recientemente reveló su homosexualidad, hurga en el baúl de los recuerdos de su infancia, parte de ella de intensa felicidad, pero también tormentosa, que lo llevó a vivir en un internado, de lo que se sobrepuso hasta alcanzar el reconocimiento como uno de los mejores villanos de la televisión mexicana.

Nacido en Laredo, Texas, el 26 de enero de 1954, Ligarde ha destacado por su participación en más de 90 películas y unas 20 telenovelas, así como en diversas obras de teatro.

El actor reveló en entrevista con Notimex, que tuvo una niñez "muy linda", ya que pasaba un tiempo con sus papás y hermanos, pero también con sus tíos allá en Texas, quienes perdieron a su único hijo y lo acogieron como un miembro más de la familia.

Ligarde recordó que su madre le permitía convivir con sus tíos algunos días porque tuvo un embarazo de alto riesgo, lo cual no le daba tiempo de cuidarlo plenamente.

"En una ocasión, mi tía le pidió a mi mamá que le permitiera adoptarme, pero obviamente se negó y le dijo que yo podía compartir mi vida con ambas familias, y es así como mis tíos fueron también como mis padres", señaló.

Añadió que cada año pasaba tres meses en Teziutlán, Puebla, al lado de su familia materna, por eso le fascina la cultura y tradiciones mexicanas.

Los Santos Reyes hicieron que se orinara

"Me acuerdo que la primera vez que me hablaron de Los Santos Reyes me oriné en la cama porque me dio pánico pensar que fueran a entrar elefantes, camellos y cosas así que ni siquiera sabía que existían.

"Mi mundo era Santa Claus, y yo preguntaba, ¿quiénes son ellos? ¿Por qué les ponemos comida? Era increíble sentir todas esas tradiciones, vivir las cosas raras en mi infancia. La verdad mi familia era muy unida".

En cambio, comentó que la familia de su papá era más metódica, orientada siempre hacia el trabajo y la disciplina, totalmente diferentes a la de su madre.

"Yo visitaba más a la familia de mi mamá porque en esa casa estaban siempre la guitarra, la música y la fiesta, era ir a la playa cada fin de semana, todo muy unido y alegre", narró.

El actor compartió que su niñez fue muy acogedora, de alguna manera, al lado de sus tíos, ellos también lo consentían mucho.

Tiempo después, su familia decidió venirse a vivir a Puebla y a él le dieron a elegir si se quedaba con sus tíos allá en Texas, o se venía con sus padres.

"Me pusieron entre la espada y la pared porque también estaban mis tíos y decía qué hago, con quién me quedo, tenía apenas 11 años y me pidieron que tomara esa decisión y finalmente, me jaló la sangre", dijo.

La sangre llama

Sebastián optó por estar al lado de su familia en Puebla, pero lamentablemente empezaron los pleitos con su hermano y sus padres decidieron meterlos a un internado, donde eran muy exigentes y sólo les permitían salir cuatro horas los sábados.

"Se llamaba Instituto Mexicano Madero, ahí pase dos años, de los 12 a los 14. Fue una etapa muy difícil, el internado era muy duro, un edificio viejo, frío y con ventanas de madera.

"Nos levantaban temprano para bañarnos con agua fría, nos ponían a lavar los escusados, trapear, barrer, aprender a coser, teníamos que tener los zapatos súper boleados, la corbata súper bien puesta, en general eran muy estrictos.

"La verdad entrar ahí fue un cambio muy radical, de venir de una familia muy acomodada a estar a un lugar muy difícil", detalló con un nudo en la garganta.

Dijo que fue una etapa muy difícil la que vivió en ese internado, ya que durante su estancia, aseguró que sufrió abuso sexual y bullying, por lo que al salir, a los 14 años, decidió irse a vivir con sus tíos a Estados Unidos y allá hizo la preparatoria; sin embargo, a los 19 años, cuando muere su tía decide volver a México.

Comentó que siempre deseó ser actor, pues desde que era niño quería imitar lo que veía en las películas. "Era peligroso, porque un día me llevaron a ver la vida de Cristo y traté de crucificar a mi hermana, literalmente, la puse a cargar una cruz de madera en la que tendían la ropa y yo le pegaba con un cinturón.

Recuerdo que no me daban trabajo en México por mi cara y mis ojos azules

"Cuando mis papás vieron todo esto desde el patio, dijeron 'esto no es cierto' y cuando observaron que fui a la bodega por clavos y martillo, entonces ya te imaginaras los gritos. Yo tenía aproximadamente seis años.

"En otra ocasión me llevaron a un circo y colgué a mi hermanita de tres años en un trapecio que yo hice, entonces todo lo que yo veía de espectáculos me fascinaba y todo lo quería hacer", manifestó.

Por eso, dijo, a los ocho años, sus papás decidieron construirle "un teatrito" con un telón rojo, al que invitaba a sus vecinos para que vieran sus obras de teatro y concursos de belleza, en fin, todo lo que veía en la televisión.

"En el teatrito que me construyeron hacía de todo. Y a pesar de que también sentía una pasión por la medicina, fue a los 17 años cuando me decidí a ser actor. En la prepa interpreté a Romeo en una obra y ese papel me ayudó a aclarar que esa era mi pasión verdadera", subrayó.

Ligarde inició su carrera artística a los 19 años en México, pues acababa de regresar de Estados Unidos tras el fallecimiento de su tía, a quien también consideraba su madre.

Cuando regresó a México, Fernando Allende iba a poner una obra musical, "Orfeo 2000", para la cual audicionó y ganó un papel; sin embargo, cuando ensayaba para la obra, el director Enrique Gómez Vadillo le pidió hacer su primera obra de teatro que se llamaba "Los ojos del hombre", la cual era una obra muy fuerte, con desnudos.

"Me dijo Enrique: 'Me gustaría que audicionaras para uno de los papeles más difíciles, el protagonista de la obra'. Entonces le dije que sí y lo conseguí. Esta obra ganó muchos premios.

"Me tocó trabajar junto a grandes actores, era mi primera obra de teatro profesional y sin ningún entrenamiento actoral, aun así me gané el premio a Revelación Actoral ese año", aseveró.

Estudió dirección de cine y actuación

Ante la situación de sentirse inferior en cuanto a la preparación artística, Ligarde tomó la decisión de regresar a Estados Unidos e ingresar a la carrera de Dirección de Cine y Actuación.

"Luego hice dos películas: "Los sobrevivientes de Los Andes" y "Longitud de guerra" , ambas de 1976, y después de las dos participaciones no me sentía confiado de mi talento, pensaba que era malo al lado de grandes actores y decía me falta todo, me falta mucho que estudiar", añadió.

Sebastián estudió la Técnica Meisner, la cual es una actuación desarrollada por el teatro americano profesional Sanford Meisner, así que después de estar mejor preparado a nivel actoral, decidió regresar a México para hacer telenovelas.

"Regreso cuatro años después a querer hacer telenovelas, pero el campo era muy cerrado, sólo trabajaban Humberto Zurita, Andrés García y otros pocos que eran quienes protagonizaban las historias. Mientras tanto, hice varias películas estadunidenses con mis ídolos como Andy García y Richard Harris, dos monstruos de la actuación que yo admiraba mucho.

"Recuerdo que no me daban trabajo en México por mi cara y mis ojos azules, pero en 1986 Carla Estrada hace la primera telenovela juvenil de la historia como productora, Pobre juventud y me gano el antagónico. Con este papel obtuve mi primer premio TVyNovelas", puntualizó.

Sebastián precisó que debido al éxito que tuvo en esa telenovela, la productora lo volvió a llamar para interpretar a "Guillermo López" (Memo), un joven pandillero en el melodrama "Quinceañera", al lado de Adela Noriega, Ernesto Laguardia y otros.

"Entonces me pinté el pelo de negro, me puse lentes oscuros para ocultar el color de mis ojos y me empecé a broncear para oscurecerme la piel, además de que empiezo a aprender el caló de ese tipo de gente.

"Cuando llegué disfrazado de Memo y me vieron Pedro Damián y Carla, no lo podían creer, porque yo lo cree con todo su atuendo y por esa actuación vuelvo a ganar como mejor villano y mejor actor de tele", especificó.

"Me encantaba hacer roles antagónicos, porque son personajes difíciles y complejos, aunque me molestaba muchísimo que no les dieran el verdadero reconocimiento. Si eras protagonista te daban hasta carro y una casa, pero al antagónico no, las televisoras no le daban la importancia que merecía", expresó.

El actor comentó que para ser villano se requiere de mucha preparación y de que sea creíble, porque si la gente no se cree la maldad y el conflicto, no sirve la interpretación.
Ante esta situación, el actor afirmó que en la actualidad las cosas siguen igual:

"Para las televisoras lo más importante es que haya quienes tengan bonitas nalgas, bonitas chichis, y ellos más bonitos físicamente, yo creo que la calidad de la novelas ha bajado muchísimo, yo vengo de las grandes producciones como las que hicieron Ernesto Alonso, Carlos Téllez y Carla Estrada en su época, ahora parecen de Cachirulo".

Las telenovelas de antaño

Asimismo, señaló que en su época se tardaban un año en hacer una telenovela, porque se cuidaba también la escenografía y el vestuario; además de que se trabajan dos novelas en el mismo foro y con dos turnos, de 08:00 de la mañana a las 14:00 horas o de las 15:00 horas a las 21:00 horas, seis horas que eran bastante agotadoras.

"Creo que la televisión se ha dedicado a glorificar la belleza y la juventud, es increíble que en Estados Unidos los actores de mi edad sean los que más ganan y aquí son los que menos perciben, hay una gran falta de respeto por la actuación por parte de los productores en México.

"El actor es la materia prima, la productora escoge la historia y el reparto, pero la materia prima es el actor y mientras no respeten las carreras, las trayectorias y el talento, va a seguir habiendo puras mediocridades, porque no están dispuestos a pagar y a respetar", explicó Sebastián Ligarde.

Recordó a sus grandes maestros de la actuación como Sergio Jiménez, Adriana Barraza, Ofelia Guilmain, Carmen Montejo, Lina Montes, "talentos tan increíbles y tan desaprovechados también".

El actor explicó que esta situación no se podrá cambiar porque lo único que les importa a las televisoras es el dinero y la avaricia por ganar, dejando de lado la materia prima.

El histrión comentó que después de que terminara la relación laboral con Televisa, Azteca le abrió las puertas y todos los que ahí trabajaban en ese tiempo lo recibieron con los brazos abiertos.

No obstante, después lo contrataron para hacer novelas en Perú y de ahí se fue a hacer cuatro telenovelas a Miami, lugar donde los directivos le pidieron que entrenara a un grupo de actores, lo cual le pareció raro, pues nunca pensó en ser maestro.

"Jamás pensé que iba a ser maestro, creí que sería actor hasta que me muriera".

Sebastián Ligarde se ha dedicado desde 2007 a impartir clases de actuación, lo cual le ayudó a darse cuenta de que le apasiona, porque es ahí donde canaliza sus ganas de actuar: "Amo ayudar a los jóvenes, me gusta compartir mis conocimientos".

Actualmente, Sebastián Ligarde se encuentra pleno junto a su pareja, con quien lleva más de 20 años de relación, feliz con el apoyo de su familia y contento por los nuevos proyectos de televisión que tiene en puerta.

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