17 de Octubre de 2018

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¡Llegaron los tamales calientitos!

El principal 'invitado' a la mesa en el Día de la Candelaria tiene un origen prehispánico y es parte de la vida del mexicano actual.

En México todos los dos de febrero se festeja el Día de la Candelaria. La tradición marca que quienes encuentran a los niños en la Rosca de Reyes deben invitar los tamales y el atole a los amigos y familiares. (Imágenes de Notimex)
En México todos los dos de febrero se festeja el Día de la Candelaria. La tradición marca que quienes encuentran a los niños en la Rosca de Reyes deben invitar los tamales y el atole a los amigos y familiares. (Imágenes de Notimex)
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Milenio digital
MÉXICO, D.F.- El lugar común dice que la dieta de los mexicanos se basa en la vitamina T: tortas, tacos y tamales. Es cierto, pero va más allá de las prisas para alimentarse pues, al menos en el caso de los tamales, hay un origen prehispánico y ritual que lo vincula con la identidad nacional.

"El alimento fundamental de los mexicanos es el maíz", asegura el historiador José N. Iturriaga, "que no solo se convierte en ese obligado y exquisito alimento, sino en una amplia gama de antojitos", como los tamales que, además de ser un manjar de todos los días, se acostumbran en las ofrendas del Día de Muertos y, en especial, el dos de febrero, Día de la Candelaria.

Entre las múltiples tradiciones de los mexicanos, la de la rosca de Reyes tiene una continuación: quienes encuentran a los niños ocultos en el pan deben invitar los tamales y el atole el dos de febrero.

En el libro La cultura del antojito. De tacos, tamales y tortas..., Iturriaga recuerda que fray Bernardino de Sahagún se ocupó de los tamales, "unos blancos que llevaban un caracol pintado con frijoles; otros muy blancos y delicados; algunos eran menos finos, algo duros; otros colorados, también con su caracol encima; los había hechos con
penachos del maíz, revueltos con semillas de bledos (amaranto) y con meollos de cerezas molidas (probablemente capulines); en ocasiones los tamales eran de puro amaranto y éstos también los guisaban con chile amarillo, jitomates, pepitas de calabaza".

El tamal era parte de la vida cotidiana de algunas culturas en la época prehispánica, aunque al ser un platillo que requería de mucha elaboración, los nobles y sacerdotes era quienes lo consumían con frecuencia y el pueblo solo en ciertas ocasiones.

"Las mujeres, viejas y mozas, entendían en hacer tamales de diversas maneras", cita Iturriaga a Sahagún: "En los casamientos hacían tamales toda la noche y todo el día por espacio de dos o tres días; no dormían de noche sino muy poco, trabajando en lo ya dicho".

Amplia variedad

Tamales verdes, rojos de mole poblano, de dulce, de rajas de chile poblano, de mole negro, frijol con rajas, de hojas de chaya, de cabeza de puerco con orégano y chile colorado... son alimentos que se producen de acuerdo con las características de cada región, de ahí la diversidad que los caracteriza en nuestro país, donde lo mismo se encuentran tamales del tamaño de un pulgar, que el tradicional zacahuil, de la región huasteca, que llega a medir varios metros.

Además hay ritos que rodean la elaboración y el consumo de tamales; uno de ellos, que los tamales deben comerse sin plato "y, por supuesto, sin cubiertos. Su hoja, ya abierta, hace de plato, y cierto manipuleo a dos manos por fuera de la propia hoja permite ir dando mordiscos cuidadosos (porque debe estar bien caliente)", recomienda Iturriaga.

Al mismo tiempo, "a los tamales les gusta la música. Salen más tiernos y sabrosos si la tamalera chifla, tararea o canta, si hay un aparato de radio prendido. En la península de Yucatán se les lleva un sacerdote para la bendición o un trío les entona trovas de la región", escribe el historiador en La cultura del antojito.

Jornada cultural de la Candelaria

La importancia del tamal en la vida contemporánea se puede reflejar en la ya tradicional Feria del Tamal, que alberga el Museo Nacional de Culturas Populares (MNCP), a desarrollarse desde este miércoles, la cual llega a su edición 24 con la presencia de al menos 40 productores de tamales de 12 estados del país, donde se podrán degustar algunos de los 370 tipos de tamales que se conocen a lo largo y ancho del territorio.

La tradicional Feria del Tamal ahora suma una serie de actividades culturales que giran en torno al alimento, coordinadas por la antropóloga de la alimentación Yuriria Iturriaga, como el diálogo con los hacedores de los tamales, quienes compartirán con el público sus experiencias en la elaboración del tamal en sus respectivas regiones.

Asimismo, habrá charlas con los investigadores Marcos Buenrostro y Cristina Barros, quienes tratarán el impacto del maíz, sus derivados y productos en la cultura popular de nuestros días; en ese contexto se llevarán a cabo demostraciones en las que el público podrá seguir paso a paso los secretos para elaborar estos platillos de la mano de Beatriz Ramírez Woolrich, Leticia Esquivel Hernández y Clara Aurora Hansen Valdez.

La edición 24 de la feria se inauguró este miércoles, en el Museo Nacional de Culturas Populares, avenida Hidalgo 289, Coyoacán, donde habrá tamales, charlas y presentaciones de discos. Terminará el dos de febrero, Día de la Candelaria.

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