11 de Diciembre de 2018

México

La Virgen de Guadalupe les salvó la vida

Miguel cree en los milagros porque uno de sus hijos sobrevivió a un accidente, el otro a una golpiza y él a otro ataque criminal.

Tras los milagros que le cambiaron la vida, cada año Miguel, de 57 años, acude a pintar los pasamanos y las puertas del Santuario de Guadalupe. (Milenio)
Tras los milagros que le cambiaron la vida, cada año Miguel, de 57 años, acude a pintar los pasamanos y las puertas del Santuario de Guadalupe. (Milenio)
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Sergio Contreras/Milenio
LEÓN, Guanajuato.- Sin anestesia, así directo, la doctora en la sala de espera del Hospital General Regional le lanzó la pregunta: “¿Es usted fuerte?, pues siéntese que le voy a dar una noticia”.

Aquella tarde de 1995 a su hijo Carlos le había pasado por encima un camión de basura, de los grandes.

¿Quién se puede salvar de algo así?, pensó Miguel, 

El cuerpo de Carlos, entonces de 12 años, no tenía ni un hueso roto, y lo que es más, el accidente sólo quedó en una anécdota de la infancia que no le dejó secuelas físicas al ahora padre de tres hijos. 

De ese momento, Miguel recuerda con mucha claridad el profundo vacío que sintió en el estómago cuando le avisaron del accidente, el apellido de la doctora de rasgos orientales, y lo mucho que se encomendó a la Virgen de Guadalupe.

Miguel Veloz Rivera, de 57 años de edad y oficio taxista, está triplemente agradecido con la Guadalupana.

El segundo milagro

Hace más de un año su hijo Julio César, entonces de 26 años de edad, fue atacado por una pandilla en la colonia Los Olivos.

Lo acorralaron, dice, entre ocho y diez hombres, lo golpearon y por si fuera poca la saña, le prendieron fuego.

Iba con su hijo, quien vivió la peor experiencia de su corta vida.

Julio solía juntarse con una pandilla rival, pero desde el nacimiento de su primogénito, hacía 5 años, sólo se dedicaba a él y a su trabajo.

El tercer caso

Por si su historia no tuviera suficiente drama, mientras estaba su hijo en el hospital Miguel fue asaltado en el taxi que conduce para vivir.

Lo atacaron con un bat. Quedó inconsciente y su diagnóstico era reservado. De no despertar, los médicos lo darían por muerto.

Después de un sueño en donde asegura que apareció hasta el papa Juan Pablo II, Miguel reaccionó.

En el nosocomio le le tocó estar en una cama vecina a la de su hijo, y ahí, mientras se rehabilitaba, también ayudó en las curaciones de éste.

Caminaba nueve pasos desde la cama 15 a la 19 y de regreso.

Hoy, asegura que Julio César está alejado de las pandillas por completo y él, Carlos, desempeña su labor como pintor.

Pago de favores

Para pagar lo que el considera buena voluntad celestial, cada año acude a pintar los pasamanos y las puertas del Santuario de Guadalupe.

Lo hace sin pedir nada a cambio y la pintura la compra con su dinero.

En el templo se lo agradecen, pero le piden una carta dirigida al Instituto Nacional de Antropología e Historia para asentar que lo que hace es por su propia voluntad y con sus recursos.

Promete que mientras tenga vida y su cuerpo se lo permita, seguirá embelleciendo la casa de la calzada de Guadalupe antes del cumpleaños de la Virgen.

“¿Los milagros existen? Bueno, claro que existen. Le acabo de contar tres”. 

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