18 de Septiembre de 2018

México

Un oficio 'muy sucio', pero a la vez 'muy bonito'

Quienes se dedican a la manipulación del barro aseguran que una gran ventaja es que trabajan a su ritmo, sin presiones ni regaños.

Los creadores de alfarería obtienen muy modestas ganancias por la venta de sus productos. (Notimex)
Los creadores de alfarería obtienen muy modestas ganancias por la venta de sus productos. (Notimex)
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María Yáñez/Notimex
ACTEOPAN, Puebla.- El lodo o lo que es lo mismo, el barro, es un elemento que la naturaleza brinda, posee propiedades tanto curativas, cosmetológicas y permite crear utensilios; aunque para algunos puede parecer un trabajo sucio, para la familia Tapia es dar vida a la tierra.

“Nuestros padres nos lo enseñaron y seguimos porque de ahí nos mantenemos, porque no tenemos profesión, nuestro trabajo es la alfarería, nos dedicamos, nos vamos a vender, una feria o simplemente al mercado, ahí nos quedamos en la calle a dormir, porque no tenemos mucho recursos, porque si pagáramos todo, no nos queda nada”, relata Emiliano Tapia.

A 30 kilómetros del Popocatépetl está el pueblo de San Marcos Acteopan, el corazón del barro, situado en el estado de Puebla, a 120 kilómetros de su capital. El aislamiento al que ha estado sometido explica en gran parte su férrea vocación a la alfarería. En entrevista con Notimex, Emiliano abrió las puertas de su casa y taller, ubicado en este pequeño lugar.

El alfarero refirió que constantemente viaja con su esposa Petra a poblados cercanos para vender sus piezas, se quedan a dormir en su pequeña camioneta a fin de ahorrar y hacer rendir sus pocas ganancias.

“No tenemos recurso y a veces lo vendemos crudo, hay personas que compran crudo, el bulto vale 150 pesos depende de cuantas piezas se componga el bulto, hay de 36, de 48, hay de 20 piezas, entonces dicen, no tengo para comer mañana, se vende un bulto en 150 pesos; mientras que el barro vale 40 pesos el costalito, y pueden quedar 50 pesos”.

Pero es bonito

No obstante, se mostraron contentos con su oficio, gracias al cual no tienen que trabajar de jornaleros; “aquí en la casa sentado nadie nos dice apúrate. Y si quiere uno trabajar mucho, lo hace, si quiere trabajar poquito, poquito, pero nadie me está gritando que apúrale, es la ventaja que también tenemos nosotros”.

Así que ensuciarse con el lodo o lo que es lo mismo, con tierra o arcilla, se convierte en un oficio que adquiere mucho sentido, aun cuando las nuevas generaciones se resisten a ello.

“Luego no quieren, pero les digo que tienen que aprenderlo, hay muchos que dicen, no, yo me voy para México, allá hay mucho trabajo; no, yo me voy, no me gusta hacerlo, es que es muy sucio, ya termina uno muy tarde, no termina uno a la hora, pero yo luego les digo a mis hijas, es bonito”, detalla Petra ante la presencia de su hija adolescente.

Porque remarca mientras amasa una pieza de molcajete, “no es lo mismo que no saber nada, es más bien, saber mucho”.

Y es que con tres o cuatro bultos, ya tenemos para tres cuatro días que comamos, entonces le digo a mis hijas, “es bonito, pero de no hacerlo, ¿de qué nos vamos a mantener? Así que ellas ya van aprendiendo, la chiquita ya me ayuda a hacer el lodo, como ahora viene de la escuela, me ayudó a alisarlas”, relata con orgullo.

A sufrir

El barro fue y sigue siendo un material de gran importancia para los artesanos, pero ya no tiene la utilidad de antes. Un claro ejemplo es para la construcción de casas, ollas, cazuelas, entre otras que en el pasado era común encontrar. Ahora solo se encuentra en unos cuantos hogares, que de cierta forma tratan de mantener sus costumbres.

Aun cuando se trata de un recurso natural que se puede encontrar con facilidad en varias partes del territorio nacional y un material fácil de moldear, con el que se invierte poco, generalmente se obtienen modestas ganancias, pero lo que realmente lamentan los propios alfareros es el poco reconocimiento a su oficio.

De acuerdo con Petra, mucha gente los critica cuando salen a vender, porque dicen “que nos vamos a pasear, pero no, también vamos a sufrir. Hay personas que nos ven y nos dan hasta un pan, otras que hasta nos critican y dicen, hay son bien cochinas, ni se bañan, pues quisiéramos, pero nuestro trabajo es sucio de por sí”.

Emiliano Tapia enumera los pasos para lograr una pieza de barro: comienza con la recolección de tierra para hacer el lodo, luego se amasa, generalmente se hace tipo tortilla para ponerla al molde, en estos casos, no se usa el torno, es puro pulso, y posteriormente, se corta con un hilo para concluir la forma.

Luego, se pone a secar la pieza durante un día completo, hay que darle todavía un tallado, con el ixtle, “le raspamos y luego la pintura”. La horneada se tiene que completar cuatro días.

A donde sea

Pero el barro es tan moldeable que al cuestionarle a Petra su dificultad para aprender, respondió francamente: “Pues si tiene inteligencia en unos días ya se aprende", porque es moldeable, casi por todos, pero claro, bromeó, “hay que ensuciarse”.

Una tradición que corre riesgo de desaparecer

“Hay mucha gente que se va, pero también hay mucha gente que está aquí y sigue la tradición del barro, de ahí nos ayudamos; acaba la cosecha y nos vamos al barro, a vender, me voy a Tlaxiaco, Oaxaca; Taxco, Chalma y a donde sea necesario, yo voy”, asegura Petra.

El barro o lodo es una mezcla semilíquida de agua y tierra. El lodo puede aplicarse como sinónimo total de barro. Está presente en el suelo, llega a tener varios procesos para sus múltiples usos y además puede ser combinado con otros materiales, como paja y pasto.

Según la familia Tapia, los habitantes de la comunidad de Acteopan trabajan en la actividad de febrero a mayo, periodo en el que realizan las piezas porque generalmente no es temporada de lluvias y el terreno se vuelve árido; así que la tierra es más fácil de manejar y se presta para moldearse.

Además, son meses ideales para el barro porque no es tiempo de siembra. Los utensilios que se realizan son jarros, platos, tazas, cantaros, molcajetes, vasos, toritos, entre otros.

De colores

Los estados de la República donde se encuentran mayores yacimientos de barro son los que están ubicados a la altura del eje neovolcánico transversal, como Puebla, Guerrero, Hidalgo, Veracruz, Tlaxcala, Oaxaca, Zacatecas, Durango y Chiapas.

El barro comúnmente es conocido con varios nombres por ejemplo: arcilla, tierra, lodo y es un recurso natural que se puede encontrar en diferentes lugares, y en diferentes tipos de colores como el gris, rojo, negro, blanco y amarillo, de acuerdo con su color se clasifican y se les da un uso.

En México, las familias dedicadas a la alfarería se localizan en 18 estados, 62 municipios y 95 comunidades.

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