20 de Noviembre de 2018

México

Murió de tristeza: los Templarios le quitaron su único patrimonio

Un año después de la muerte de don Rodolfo, sus nietos y sobrinos tomaron las armas para desterrar a los delincuentes y recuperar la huerta limonera que tanto quiso.

Ya sin el temor a los Templarios, en el rancho de don Rodolfo se cortan más de cien cajas de limón a diario. (Notimex)
Ya sin el temor a los Templarios, en el rancho de don Rodolfo se cortan más de cien cajas de limón a diario. (Notimex)
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Liliana Padilla/Milenio
BUENAVISTA TOMATLÁN, Michoacán.- Rodolfo Paredes murió de tristeza. Por más de 50 años vivió para ver florecer su rancho. Poco más de 45 hectáreas de huertos limoneros que en 2009 le fueron despojadas por Los Caballeros Templarios.

Tres años después de quedarse sin sus tierras y mudarse a Uruapan, murió a los 74 años de diabetes, ciego y en medio de una profunda depresión. Su viuda, María Cárdenas, tuvo que esperar un año más después de la muerte de su esposo, para en octubre de 2013, recuperar su patrimonio. Ahora sus nietos y sobrinos intentan recobrar lo perdido y nuevamente hacer prosperar lo que tanto esfuerzo le costó a don Rafael.

“Mi tío se vino abajo, le pegó la diabetes, le hacían diálisis y ya con el tiempo se murió de tristeza porque era su único patrimonio aquí, se lo despojaron, se enfermó de tristeza, de coraje y de impotencia. Él venía toda la semana, aquí se la pasaba cuidando su rancho”, relató Eli Robledo, sobrino de Don Rodolfo, ahora a cargo del rancho limonero.

“No pidió ayuda porque si lo hacía lo mataban. Lo amenazaron, lo fueron a buscar hasta su casa en Apatzingán para advertirle que no denunciara, que mejor se fuera”, relata el joven que no puede ocultar las lágrimas al recordar la pesadilla que padeció su familia.

Padecieron de todo

Cuando los Templarios se apoderaron del rancho, un empleado y su esposa que trabajaban para Don Rodolfo se quedaron ahí. La instrucción del patrón fue no salirse. Vieron y padecieron casi de todo. 

A veces no les pagaban, tenían que cortar un poco de limón y venderlo en la carretera para sobrevivir. Pero lo más difícil fue presenciar cómo llegaban grupos de de 15 sicarios con personas que levantaban. Si debían algo se lo cobraban torturándolos y dejándolos ahí hasta por dos días. 

Una bodega donde se guardaba la maquinaria y machetes, era el cuarto de los castigos. Cerraban la puerta y solo se escuchaban los quejidos por los palazos o las patadas que les daban.

Cinco meses después de recuperar las tierras, el rancho tiene todavía zacate crecido entre algunos árboles, hay un tractor viejo y no todavía no han comprado camionetas para que los cortadores saquen los limones. Con las ganancias que se obtienen, ahora que las empacadoras vuelven a pagar lo justo, es que se adquirió una tonelada de fertilizante para potenciar la producción.

“A mi tío le quitaron todo, eran tractores, pipas para fumigar, complementos para la agricultura. Después se metieron, lo único que hicieron era cosechar, cortaban el limón y no fumigaban ni fertilizaban, no hacía nada, solamente metían gente, cortaban y se iban, si acaso echaban agua para que no se secara”, narró Eli.

Recuperar lo perdido

Ernesto Rodríguez es ahora el encargado del rancho. No trabajó para Don Rodolfo pero sí lo conoció. Grande, fuerte, con su sombrero blanco y siempre pendiente de sus tierras, así lo recuerda.

Como víctima de los templarios, Ernesto se integró a los grupos de autodefensa que en División del Norte comanda Estanislao Beltrán, conocido como Papá Pitufo. Hace cinco meses  formó parte de la incursión armada para recuperar el rancho y a los pocos días la familia le ofreció trabajo.

Hoy, con la seguridad de que los templarios no regresarán a El Dorado, los cortadores se encargan de levantar el rancho. Se cortan 111 cajas de 20 kilos de limón al día. Pagan 4 mil pesos por una tonelada de fertilizante y con las ganancias se invierte para recuperar lo perdido. Los trabajadores nuevamente cobran su sueldo. De hecho, pueden cortar 3 veces a la semana.

“Al menos ya tenemos la ventaja de que nos lo devolvieron, ahora ya lo podemos trabajar como hubiera querido mi tío”, relata el sobrino de Don Rodolfo que también se sumó a los grupos armados para desterrar a los templarios de Buenavista.

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