18 de Septiembre de 2018

México

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Crónicas urbanas: El DF, la ciudad de las murallas

Las vallas metálicas aumentaron durante los dos sexenios panistas, en especial alrededor de la Segob, donde se acumulan.

Las protestas, frente a Segob, principalmente. (Milenio)
Las protestas, frente a Segob, principalmente. (Milenio)
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Humberto Ríos Navarrete/Milenio
MÉXICO, D.F.-Hace tiempo, cada vez que discutían el proyecto de una ley polémica, como fue la del Seguro Social, el edificio del Senado era cercado con ligeras mamparas metálicas y reforzadas por policías, pues las calles aledañas, como Xicoténcatl y Allende, incluso el eje vial Lázaro Cárdenas, eran bloqueadas por manifestantes. Los legisladores entraban en camiones o de manera subrepticia.

Lo mismo ha pasado en el Palacio Legislativo de San Lázaro, pero en mayor extensión, pues las rejas fueron sustituidas por láminas de acero, que bordeaban más allá de los límites, y hubo momentos en que los manifestantes no solo echaron abajo las placas, al mismo tiempo que lanzaban bombas molotov, a pesar de estar custodiadas por fuerzas federales, sino que un grupo logró entrar a caballo.

Pero la zona donde las vallas de acero llegaron para quedarse es alrededor de la Secretaría de Gobernación, de donde a veces son movidas hacia el nuevo Senado, escasas cuadras de ahí, en la cuchilla de Reforma e Insurgentes, a tal grado que durante las recientes protestas de maestros, martes y miércoles, por primera vez, fueron colocadas para resguardar comercios situados en un tramo de la primera arteria.

La mayoría de las mallas metálicas y barandales han sido utilizados para proteger edificios y contener marchas, cuyo número en 2012 ascendió a 3 mil 398 en calles del Distrito Federal; es decir, 9.3 diarias. Las estancias más largas alrededor de la Secretaría de Gobernación han sido, este año, del extinto Sindicato Mexicano de Electricista e integrantes de Antorcha Campesina, que comerciantes recuerdan con amargura.

Vecinos de la zona, entre ellos dueños de negocios, tienen que apechugar; otros, sin embargo, no aguantaron y emigraron o sus negocios quebraron.

—Hace 15 años había manifestaciones, no plantones, algo que nuestro querido Peje puso de moda.

El comentario es de Eduardo —empleado de un establecimiento de rines y llantas, ubicado sobre las calles General Prim y Abraham González— y lo dice con una risita, más que irónica, cariñosa, un gesto que se percibe en su semblante.

***

Las cercas metálicas ya forman parte del paisaje que circunda el edificio “de Covián”, como también es conocido, donde despacha el secretario de Gobernación, de manera especial en las calles General Prim, Atenas, Bucareli y Abraham González.

Parte de los armatostes quedan amontonados, después de intensas batallas en las que sirvieron de contención; otras rejas, quedan ahí, erectas, en tramos de banquetas, como señal de que los bloqueos son permanentes.

La mayoría de las mallas metálicas y barandales han sido utilizados para proteger edificios y contener marchas

Parte de las mallas están encimadas unas sobre otras en la banqueta de General Prim, por lo que es necesario que el peatón baje y camine sobre el arroyo, por el que apenas pueden transitar vehículos, incluso en días normales.

La diferencia con otros tiempos, observa Roberto León, gerente de Toyo Carcenter, es que con los gobiernos panistas aumentaron los plantones alrededor de esa dependencia gubernamental, donde a veces los cabecillas o una “comisión” son recibidos; en cambio, los “viejos priistas” negociaban pronto el desbloqueo de la zona.

Y habrá que hablar con más comerciantes, cuyas ventas, durante los encierros, aseguran, merman hasta en un 80 por ciento, pues la clientela es inhibida por los manifestantes, ya que los comercios quedan aislados.

—El viejo PRI no permitía estos bloqueos —dice Roberto León, quien de inmediato aclara que no es militante en ese partido—, pero con Calderón y Fox, más con Calderón, los manifestantes se quedaban muchos días.

—Son profesores sin educación —vuelve a opinar Eduardo—, y también los de la PFP, que dejan la basura de la comida por todas partes. Nos damos de santos que ya vinieron a recoger todo lo que echan en las canastillas.

—Mire —señala con su índice Roberto León—, ahí enfrente estaba la agencia de autos Mariscal Motores, otra de computadoras y una más de hules. Ya no están desde hace siete años. Unos de plano quebraron y otros cambiaron de zona.

—¿Y las rejas?

—Desde hace diez años se quedan en las calles. Son un foco de infección porque se acumula la basura debajo.

Más vallas metálicas están en la otra cuadra, sobre la calle de Atenas, a un costado de la cantina La Trasatlántica, famosa porque la vieja guardia de reporteros que cubrían “la fuente” de Gobernación —además de políticos y actores de teatros vecinos—, disfrutaban tragos y botanas, mientras esperaban que fluyera información.

Parte de los armatostes quedan amontonados, después de intensas batallas en las que sirvieron de contención

El capitán Antonio Paredes, con 18 años de laborar en ese establecimiento, recuerda que hace años las vallas metálicas solo protegían el edificio de la Secretaría de Gobernación, pero en los sexenios de Fox y Calderón abarcaron toda la manzana, con la presencia de Policía Federal, lo que vino a perturbar más la vida de colonos y negocios.

“Ahora colocan mallas de dos metros de alto y en ocasiones láminas de acero, que es como un blindaje”, dice Paredes, quien de pasada comenta que el gobierno cobra impuestos, sin importar que haya ventas, y recuerda que el bloqueo más largo, “cuando estuvo cerrado por completo”, fue realizado por el SME.

***

Y ya en Paseo de la Reforma, una cuadra antes de llegar a las instalaciones del Senado, resguardado en su interior e inmediaciones por policías federales, aún se recuerda cómo hace unos días esta zona estuvo protegida por gruesas placas metálicas, ya que los maestros amenazaban con entrar al fortificado recinto.

La presión de los maestros fue tal que las autoridades decidieron blindar el Senado y algunos comercios, por primera vez, a partir de Insurgentes, sobre Reforma, y colocó gruesas láminas de acero, pues hubo días en que algunos clientes deambulaban como zombis sin que lograran entrar a los hoteles.

Nunca antes se habían instalado vallas metálicas de ese tamaño, y menos para cuidar comercios en esa franja, como sucedió el martes y miércoles, recuerda Ricardo López, gerente de turno del hotel Sevilla Palace.

—¿Por qué colocaron las vallas?

—Porque en el primer plantón —recuerda López— los maestros no dejaban pasar a los empleados ni a los huéspedes. Fue un problema muy fuerte.

Por eso.

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