22 de Octubre de 2018

México

Crónicas Urbanas: La tecnología hundió a los ladrones

Un Iphone fue la clave para rastrear a sujetos que asaltaron en una cafetería del Distrito Federal.

Pocos después del asalto comenzó el rastreo de los sujetos. (eldía.es)
Pocos después del asalto comenzó el rastreo de los sujetos. (eldía.es)
Compartir en Facebook Crónicas Urbanas: La tecnología hundió a los ladronesCompartir en Twiiter Crónicas Urbanas: La tecnología hundió a los ladrones

Humberto Ríos Navarrete/Milenio
MÉXICO, D.F.- En enero pasado hubo mil 225 robos a negocio; uno de éstos, de los 387 clasificados como violentos, tocó a la familia Iturbide, cuyos miembros quedaron paralizados ese día, martes 29, después de observar que un adolescente, cundida de acné la cara, entró a la cafetería, ellos sentados cerca de la puerta, y pretendió arrebatar la Blackberry del padre, quien por un instante creyó que se trataba de una broma y atajó la intención del intruso, pero segundos después supo que la cosa iba en serio.

Eran las 21:15 horas.

La pareja y su hija, de 18 años, tenían 15 minutos en esa cafetería de la colonia Lindavista, en Gustavo A. Madero, la tercera delegación con más incidencias delictivas del Distrito Federal, después de Iztapalapa y Cuauhtémoc. Habían ocupado la primera mesa que está del lado derecho de la puerta principal. Pidieron tres cafés y un emparedado. El hombre regresó a su lugar y se dispuso a leer una noticia a su esposa, pero en ese momento entró un jovencito que intentó agarrar el teléfono.

De inmediato, y con gesto de extrañeza, el hombre jaló el aparato color negro, que había costado casi cinco mil pesos, lo volvió a colocar sobre la mesa y miró a su lado derecho, donde estaba el presunto delincuente, de 17 años, que atenazó una vez más el teléfono y volvió a forcejear con el dueño, quien sostenía en la mano izquierda lo que era suyo.

La crispación, sin embargo, ya había contaminado el entorno. Entonces el delincuente reculó rápido, envalentonado, y abrió una bolsita que colgaba de su cintura, sacó una pistola y colocó el cañón de ésta en la sien derecha de aquel hombre, al mismo tiempo que advertía:

—¡Ya valió madres, este es un asalto y no la hagas de pedo!

La víctima pensó rápido que lo mejor era obedecer, un arma en manos de un joven nervioso e inexperto podría resultar peligrosa, pues muchos de ellos disparan sin medir consecuencias, además de que allí estaban su hija, su esposa y más clientes, por lo que accedió a entregar el teléfono, que ni siquiera era suyo, sino de la empresa donde labora.

Y dejó el teléfono.

El presunto ladronzuelo, que vestía sudadera y cachucha blancuzca, pantalón de mezclilla deslavado y zapatos tenis, miró hacia la muchacha, quien no pudo esconder a tiempo su Blackberry, modelo 8520, de funda color rosa y la figura de Kitty, y le ordenó:

—Tú también dámelo, cabrona.

Y se lo quitó con la mano izquierda, mientras que en la derecha sostenía el arma de fuego, para luego dirigirse a una pareja de jóvenes, hombre y mujer, de unos 20 años, a quienes despojó de teléfonos y dinero.

Más asaltantes

Otro asaltante, alto y robusto, tez morena, que aguardaba en el extremo del establecimiento, entró en acción e hizo lo mismo que su cómplice, mientras un tercero, el que hacía guardia en la puerta principal, vestido de color azul, gorra negra de estambre, tocó varias veces la puerta de cristal y lanzó un grito desesperado:

—¡Órale, cabrones, ya vámonos!

Y huyeron.

En el botín había Iphone.

Esa fue la clave.

Poco después algunas víctimas —la primera familia asaltada se fue a su casa, no sin antes dejar sus datos, pues los tres estaban demasiado alterados de los nervios— salieron en busca de ayuda, y mientras los policías llegaban, tres de los asaltados, con ayuda de los empleados de la cafetería, comenzaron a ubicar a los presuntos asaltantes, mediante sus teléfonos, ya que tenían localizador satelital GPS.

Los clientes que habían sido despojados de sus Iphone, la mayoría jóvenes, pidieron ayuda en la cafetería, cuyos empleados facilitaron computadoras y comenzaron a rastrear el paradero de sus teléfonos y, como consecuencia, de los presuntos responsables de un tipo de delito por el que en 2012, según estadísticas de la Procuraduría General de Justicia del DF, sumaron 13 mil 936 averiguaciones previas.

Otros comensales, mientras tanto, salieron a buscar auxilio y en el camino encontraron una patrulla de la Secretaría de Seguridad Pública del DF, cuyos policías recabaron datos y esperaron a que los muchachos, duchos en eso de la tecnología, terminaran el trabajo de localización que habían empezado, y fue cuando una de las víctimas logró ubicar un auto.

Los patrulleros y otros de sus compañeros, quienes recalaron a reforzar la búsqueda, comenzaron a peinar Lindavista y sus alrededores, solo para blindar el área en diversos frentes, pues ya tenían el punto preciso, gracias a los afectados que permanecían en el lugar, sobre todo a uno de ellos, de unos 22 años, que tanteó la guarida de los presuntos.

Y fueron tras ellos.

Los patrulleros y más policías, ya implementado el operativo, enfilaron hacia el lugar de donde provenía la señal y consiguieron ubicar el vehículo.

La búsqueda

Y a partir de ahí la búsqueda y vigilancia fue discreta, y poco a poco cercaron el vehículo, ya con las características, donde estaban los tres presuntos delincuentes, que fueron identificados por los testigos y trasladados a la Fiscalía Especial de Investigación.

Desde las oficinas de esa fiscalía, agentes de investigación hablaron a casa del señor Iturbide, con la intención de que se presentara a corroborar o desmentir si los apresados eran los mismos que habían asaltado a él y a su hija, misma que había sufrido una crisis nerviosa.

La víctima, que estaba a punto de dormir, escuchó la llamada telefónica y lo invitaron a que acudiera a la fiscalía, al mismo tiempo que daban los pormenores de la aprehensión.

Y ahí estaban, tras la cámara de Gesell, los tres presuntos que cuatro horas antes habían irrumpido en la cafetería, ubicada sobre la calle Montevideo, donde realizaron el atraco.

Dos de ellos, de 34 años y el más joven de 16, los tres con domicilio en una vecindad de la colonia Centro, delegación Cuauhtémoc, de donde partían a cometer atracos de manera cotidiana.

No había dudas de que eran ellos, los tres, en especial aquel chamaco, quien tenía rostro salpicado de acné.

El adolescente recibirá un trato especial, como lo marca la ley, debido a su edad; los otros, acusados por el delito de “robo agravado a negocio con violencia”, fueron trasladados al Reclusorio Oriente.

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios