12 de Diciembre de 2017

México

Crónicas Urbanas: El encantador de presidentes

En su tienda guarda trucos y revela secretos, como haber sido maestro de un presidente de la República y divertido a hijos de otros mandatarios.

Óscar Vivanco se codeó con grandes de la magia, como David Copperfield. (Twitter.com/@hijodevecino)
Óscar Vivanco se codeó con grandes de la magia, como David Copperfield. (Twitter.com/@hijodevecino)
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Humberto Ríos Navarrete/Milenio
MÉXICO, D.F.- En su Castillo de la magia, de sobra conocido por consumidores chilangos y forasteros que lo miran al pasar, la pareja, ella de 61 años y él de 87, guarda trucos y revela secretos, con el mismo entusiasmo que tenían cuando se conocieron.

El dúo, formado por Óscar Vivanco y Alejandra -hace décadas ella lo miró hacer magia en un quiosco de Tlaxcala, sin sospechar que años después se casarían- ha conocido a grandes prestidigitadores y a hijos de dos presidentes, Salinas y Zedillo, y la presencia de otro, José López Portillo, quien les pidió un favor especial.

Un día, sin previo aviso, la maga y el mago recibieron la visita del entonces mandatario López Portillo, quien deseaba aprender magia, y ellos aceptaron de buen agrado, pero sorprendidos, la petición de aquel caballeroso hombre, como lo recuerdan, no obstante su investidura, aunque siempre rodeado de guardaespaldas.

Era el mismo que años más tarde, en un mensaje a la nación, juraría defender como un perro el símbolo de la moneda mexicana.

Y manos a las cartas.

Porque a eso iba.

Y bajaban las cortinas, luego de entrar acompañado de dos escoltas, mientras los demás se quedaban afuera del negocio, marcado con el número 80 de Bucareli, a unos pasos de la Secretaría de Gobernación.

-¿Cuántas veces vino?

-Como cuatro veces -recuerda doña Alejandra- y en esas cuatro veces mi marido le enseñó la magia, lo que él quería.

-¿Y qué tipo de magia era?

-Cartas, cartas; por ejemplo, como las que le hizo el mago a usted, cartas que fueran sencillas, porque siempre -recuerda, refiriéndose al célebre cliente- le gustaba hacer cosas sencillas, que no fueran complicadas.

-¿Y cómo era él?

-Una persona normal, no porque fuera el Presidente era creidón o sangrón, no, era un hombre con mucha educación y respeto; le digo, cuando las personas vienen a comprar un juego, les enseñamos la ilusión, el juego que ellos quieren ver, les damos nuestros conocimientos… Entonces se van felices de la vida, pues ya llevan su juego y aparte llevan sus clases  y la experiencia de nosotros…

-¿Y cuánto le pagaba?

-Nunca le cobró mi esposo

-¿Nunca?

-No, nunca le cobró.

Familias presidenciales

Por acá también estuvieron algunos hijos de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, que también se colocaban en los mismos banquitos rojos donde estuvo David Copperfield, el mago que ‘desaparece’ edificios, y otros consumidores.

-¿Y cada cuando venían?

-Los hijos de Salinas de Gortari venían a cada rato; los de Zedillo, sus tres hijos y la niña, también acudían mucho a la tienda y se sentaban en esos banquitos; a Carlos, por ejemplo, le gustaba mucho la magia… Eran unas personas muy educadas, no pedantes, tampoco groseros; tanto los de Zedillo como los de Salinas de Gortari, a nosotros siempre nos agradó mucho atenderlos…

-¿Y les compraban bien?

-No, porque nunca traían mucho dinero, traían poquito, o sea, nunca venían así, con las manos llenas, no, traían, si máximo, dos mil pesos y nada más.

-Incluso narra usted...

-Ah, de la niña, sí, la niña de Zedillo, que iba a tener una fiesta, un día vino y le gustaron mucho las pelucas, pero no traía dinero; entonces le dijo a mi marido… y le respondió, ‘si quieres te las puedes llevar, no importa, llévatelas’, y entonces la niña nos dejó todos sus datos para pagar las pelucas o devolverlas, y pasó el tiempo y se nos olvidaron las pelucas,  pero como a la semana la señora mandó a liquidarnos todas las pelucas, y le entregamos su recibo...

Nada que pedir

El Mago Chams, apodo que se puso por los dulces Charms, que patrocinaban su programa de televisión, tiene más de 60 años como prestidigitador.

Está vestido de impecable traje claro y sombrero de ala corta. Más tarde su esposa le colocará una capa negra y le pedirá que empuñe un bastón cuyo mango, antes de dárselo,  sacudirá para que aparezca toda la vara.

“Me gusta la magia”, dice el mago, voz suave, sonriente, tez blanquísima, “porque es un arte muy lindo, muy bonito, muy padre, para niños y para adultos”.

Luego muestra fotografías donde aparece abrazado con un sonriente David Copperfield y otros famosos, “de aquella época”, tanto de México como de Estados Unidos, especialmente en Las Vegas.

-¿Cuál era su principal magia?

-Toda la magia, la prestidigitación: presto quiere decir rapidez, dígitos, dedos, es la magia de verdad efectiva.

-¿Y qué cuenta de David Copperfield aquí?

-Él me visitaba en la tienda, él venía y se quedaba aquí, sentado, horas y horas; me conoció en Estados Unidos, donde llamé su atención y nos hicimos amigos, y cuando viene a México, viene aquí a conocer mi tienda y estuvo feliz, aquí, sentado -dice mientras señala el banquito forrado de plástico rojo-.

-¿Qué admiraba de usted David Copperfield?

-Lo que admira todo el mundo, la magia -repite con voz pausada este hombre de espigada figura—, la magia es lo que hace que la gente se admiré, aquí tenemos mil quinientos juegos, vendemos de todo, para niños, para profesionales, para muy profesionales, para todo mundo, yo estoy feliz con mi profesión, ya no tengo más que pedirle a la vida sino el hecho de haber sido mago, porque para mi es una gran elogio haber sido mago, si yo volviera a nacer, volvería a ser mago.

-¿Y cómo se inició?

-Yo vendía máquinas de escribir, pero conocí a un mago que me hizo una magia y me dejó perplejo, y él vio que me quedé muy impactado y me dijo, ‘¿quieres saber cómo es?’, y le dije sí, claro, y entonces me enseñó mucho, y me hice mago, no soy otra cosa; usted me quita de mago y yo me muero de hambre.

Lo escucha su esposa Alejandra, muy emocionada, quien instruye a clientes de diferentes edades. 

“Ahí, en esos banquitos que están ahí, enfrente de usted, se han sentado desde la persona más humilde hasta los magos más famosos”, recuerda la mujer, mientras señala los asientos en este local, para luego mostrar fotos de programas de televisión, como El club del hogar, entre otros, con Daniel Alcaraz y el cómico Madaleno, y un cúmulo de imágenes apiladas en álbumes.

Pura nostalgia.

-¿Y qué significa la magia para ustedes?

La mujer suspira.

-La magia para nosotros -dice- es algo que amamos, que queremos muchísimo, y es que nosotros vivimos para la magia y la magia vive para nosotros, porque es la que nos mantiene, y porque usted nunca se va a hacer rico, pero tampoco se va a quedar sin comer.

Es la pareja de magos, formada por Óscar y Alejandra, en su antiguo castillo de la magia, donde en cualquier momento puede saltar una broma o un truco, que dejarán al espectador con una expresión de sorpresa, una capacidad que ellos mantienen fresca.

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