24 de Septiembre de 2018

México

Crónicas Urbanas: Una iglesia como guarida de rateros

Ladrones se apoderan del atrio del templo de San Francisco de Asís, frente al Sanborn’s de Los Azulejos, para cometer sus fechorías.

Los detenidos tenían como "lugar de trabajo" el atrio de una iglesia en el Centro Histórico de la Ciudad de México. (Internet)
Los detenidos tenían como "lugar de trabajo" el atrio de una iglesia en el Centro Histórico de la Ciudad de México. (Internet)
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Humberto Ríos Navarrete/Milenio
MÉXICO, D.F.- El Centro Histórico de la Ciudad de México es un sitio donde florece el turismo. Esto se observa en la calle Francisco I. Madero, teñida por un diario bullicio con tinte cosmopolita, pero que no escapa de los riesgos, pues en medio de ese tumulto, donde hay saltimbanquis, artistas callejeros y estatuas “vivientes”, también se mueven rateros que aguardan para, cual reptiles, lanzar el lengüetazo y atrapar.

En el Distrito Federal, según estadísticas oficiales, seis mil 467 transeúntes han denunciado robos, en el periodo de enero a julio, y la delegación Cuauhtémoc es una de las principales demarcaciones donde se comete ese delito, que es el segundo en incidencia, después del hurto de autos, pero no se habían conocido casos en que los delincuentes utilizaran claustros de templos para cometer esos ilícitos.

Esa situación fue comprobada el pasado jueves, en el atrio del templo de San Francisco de Asís, frente al Sanborn’s de Los Azulejos, pegado al Templo Nacional Expiatorio de San Felipe de Jesús, construido a finales del siglo XIX, donde el visitante puede leer un letrero en la parte derecha de la entrada principal: “En este templo se ganan las indulgencias de las 40 horas todos los días”.

Fue ahí, cerca del callejón Condesa y la calle Gante, media cuadra antes de llegar a Eje Central Lázaro Cárdenas y próximo a la Torre Latinoamericana, donde ocurrió el atraco; ahí mismo, en medio del fandango de transeúntes y de personajes que encarnan a Batman, pero que ni él, justiciero, ni su amigo de indumentaria blanca, que se viste de un personaje de un videojuego, llamado Assassin’s Creed, se enteraron.

Tampoco vieron lo que pasó ninguno de los merolicos que atajan a viandantes para ofrecer lentes, armazones y micas; y mucho menos logró darse cuenta ese trabajador que se enjareta el disfraz para representar un gran gorila que se mueve pesadamente en la esquina de la calle Motolinia.

Muy cerca de lo ocurrido, asimismo, trabajan quienes simbolizan a Gears of Wars, personajes de videojuego, y a Depredador y Predalient, así como un robot mexicano, diseño de Josué Martínez; todos, jóvenes creativos, más bien, están en lo suyo: ocupados en ofrecer sus servicios a paseantes; es decir, invitarlos a tomarse fotos con esos personajes, por tan solo 10 pesos.

Nadie vio nada.

Y fue a pocos metros.

El atraco

Los dos adolescentes caminaban, como lo hacían decenas de transeúntes, sobre la calle Francisco I. Madero. Eran las seis de la tarde del jueves. Entraron a una tienda situada en la calle de Gante y realizaron compras.

Salieron de la tienda y volvieron a caminar sobre Madero, rumbo al Eje Central Lázaro Cárdenas, y salió a su paso un individuo de 44 años, edad que después sabrían, tez morena, cejas pobladas y chamarra con cierre al cuello, quien les preguntó el nombre de la calle Uruguay, por lo que uno de los muchachos, amable, servicial, lo condujo unos metros, para mostrar el camino, pero el desconocido se detuvo y soltó:

—Me caen bien…

—…

—Les voy a decir la verdad…

Y el otro arqueo de cejas.

—Yo pensaba que tú eras al que estaba buscando —añadió el sujeto, que parecía embaucarlo.

Y enseguida apareció un segundo sujeto, que después sabrían su nombre, Hugo David, de 37 años, quien comentó:

—¿Qué pasó con estos…?

—No hay problema —respondió el otro, para luego añadir, mientras miraba a uno de los jovencitos—, lo que pasa es que hay una persona igual que tú que me debe 2 millones de pesos y ya veníamos detrás de ti; de hecho, no venimos solos, hay ocho más, armados, que ya los tienen en la mira…

Y quedaron inmovilizados.

Ellos no entendían nada.

—Tú voltéate —ordenó el mismo sujeto al otro muchacho, que continuaba desconcertado, igual que su compañero—, para que yo dé la señal de que no hay problema con ustedes. Síganme.

Y le apretó el brazo a uno de ellos, mientras el otro caminaba detrás, con gesto adusto, en medio del bullicio, quietos, sin poder hacer nada, dominados por aquellos dos, que los conducían hacia la entrada de la iglesia, donde los obligaron a sentarse en las macetas.

El tal Hugo les pidió que le dijeran la hora y ambos muchachos sacaron sus teléfonos celulares.

—¡Ya se los cargó la chingada! —dijo el tal Hugo, quien les arrebató una Blackberry y un Sony Ericson, de mil 500 y 7 mil pesos, y los guardó en el bolsillo del pantalón.

En ese momento irrumpieron cinco agentes de Investigación, quienes atenazaron a Hugo David —ya habían detenido a su cómplice, Víctor Manuel, que estaba en la banqueta—, y los condujeron a las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia del DF.

No fue casual la presencia de policías en esa ocasión, pues ya tenían las características y el modo de operar de los presuntos.

Lo más probable es que ellos, los asaltantes, no pensaron que algún día serían denunciados, pero una de las víctimas ofreció suficientes detalles.

Por eso.

Y saldrían más.

Maleantes con largo historial

El sábado 10 del mes en curso, un joven declaró que el día anterior, a las 19:00 horas, cuando caminaba con un amigo por la calle Madero, según el reporte, “son abordados por un sujeto masculino, quien les pregunta por una calle y después de contestarle, le agradece, pero les indica que ‘no hagan nada, porque venimos ocho personas y estamos armados’, y posteriormente es abordado por un segundo sujeto, quien se acerca y pregunta si estaban cooperando, contestándole el primero que sí, que ‘son amigos’, y enseguida los dirigen a una iglesia, donde desapodera de su celular al denunciante…, ordenándoles que se retiraran del lugar sin voltear…”

Los agentes comisionados, “al continuar con las labores de investigación…”, se “abocaron a realizar una vigilancia discreta en las inmediaciones de la calle Madero y Gante, y al momento de realizar dicha vigilancia, siendo las 18:00 horas, observamos a dos sujetos los cuales coincidían con la media filiación que se nos proporcionó”, los cuales responden a los nombres de Hugo David, de 37 años, y Víctor Manuel, de 45, quienes “abordan a dos personas del sexo masculino en la calle de Madero y les daban instrucciones mientras señalaban al interior de la iglesia…”

Uno de los detenidos, Hugo David, “se dio a la fuga, echándose a correr, por lo que al ser alcanzado opone resistencia y se utilizó la fuerza mínima necesaria…”. En el forcejeo resultó lesionada una agente que formaba parte del operativo.

Los detenidos, “por el modo de operar y la media filiación proporcionada por los denunciantes”, anota el reporte, además de indicios rastreados en la base de datos de la procuraduría, estaban relacionados con cinco indagatorias.

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