24 de Septiembre de 2018

México

Cuentahabientes, en la mira del hampa

El delito de robo a usuarios de bancos está clasificado como de 'alto impacto social'.

En enero de este año hubo 90 denuncias por robo a usuarios de banco, y en febrero fueron 78.
(www.narcotijuana.wordpress.com/Archivo)
En enero de este año hubo 90 denuncias por robo a usuarios de banco, y en febrero fueron 78. (www.narcotijuana.wordpress.com/Archivo)
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Humberto Ríos Navarrete/Milenio

MÉXICO, D.F.- Hay delincuentes que aguardan afuera de sucursales bancarias y observan a través de los cristales; incluso, de manera discreta y resguardados por otros, ingresan, escrutan y seleccionan a la víctima, algunas de las cuales, al reconstruir los hechos, recuerdan que el cajero realizó gesticulaciones o señales que consideraron extrañas. Luego, en el exterior, cerca o retirado del lugar, vendrá el asalto. Resistirse puede resultar mortal.

Ese delito está considerado por las autoridades como de “alto impacto social”; en 2013, según la Procuraduría General de Justicia del DF, sumaron 962 denuncias. En enero de este año ascendió a 90 y para el siguiente mes, febrero, fue de 78 averiguaciones. Marzo avanza y la estadística criminal incluirá algunos asaltos, entre estos el ocurrido a mitad de mes, cuando uno de los delincuentes disparó a bocajarro contra las víctimas.

“Del lado del copiloto —detalló sobre este hecho el procurador Rodolfo Fernando Ríos Garza—, el sujeto identificado como Víctor Hugo Suro Barraza rompió el cristal de la puerta de un disparo y con palabras altisonantes exigió el dinero a la mujer, quien aventó su bolso al asiento trasero de la camioneta”. El asaltante enfureció.

Enseguida, el presunto culpable abrió la puerta y “accionó el arma de fuego, privando de la vida a Jéssica Paola Hernández Villanueva; uno de los acompañantes resultó lesionado de bala. Los delincuentes huyeron en dos automóviles”. Alguien los veía.

Los investigadores encajan las piezas de un rompecabezas con imágenes filmadas por videocámaras diseminadas en la ciudad; con este sistema, incluso, han logrado abortar acciones delictivas; otras veces, en cambio, solo captarán indicios y parte del recorrido de los presuntos, pues habrá zonas donde es imposible escudriñar movimientos.

La pericia de los operadores de las videocámaras, sin duda, siempre serviría como base para rastrear a los delincuentes, a veces en tiempo récord, como sucedió la tarde del pasado viernes, día 15, cuando mataron a Jéssica Paola. El paradero de los presuntos fue indagado en poco menos de 24 horas.

Esa tarde, según el informe, la mujer y dos acompañantes varones circulaban en una camioneta de la marca Porsche, tipo Cheyenne, por la lateral del Circuito Interior, luego de retirar 70 mil pesos de un banco de la colonia Obrero Popular, delegación Azcapotzalco.

En la esquina de la calle Amado Nervo, colonia Agricultura, ya en jurisdicción de Miguel Hidalgo, dos de los asaltantes bajaron de una camioneta tipo X-Trail y un Chevy, y, armados con una pistola se dirigieron por ambas puertas de la camioneta para amenazar a sus ocupantes.

Luego, los disparos. A bocajarro.

***

Los investigadores, con el apoyo de las cámaras de video del C2, examinaron las imágenes y descubrieron que los inculpados huyeron en sentido contrario, “por lo que se le dio seguimiento visual”.

De inmediato implementaron un operativo de seguridad y vigilancia, detalla la información oficial, y los agentes ubicaron la camioneta Nissan, tipo X-TRail, cuando circulaba por la avenida Jardín.

“Ya sabemos en qué estamos”, anticipó uno de los ocupantes, luego de ser interceptados por agentes, e informaron que Víctor Hugo, en ese momento prófugo, fue quien portaba el arma de fuego con la que había matado a la mujer y lesionado de gravedad a su acompañante.

El cómplice ausente sería capturado horas después, cuando llegaba a la colonia Del Gas, a bordo del Chevy.

“Cabe mencionar —precisó el procurador— que el modus operandi del grupo delictivo consistía en ingresar a los bancos haciéndose pasar por cuentahabientes para observar a los clientes y seleccionar a sus posibles víctimas. Posteriormente realizaban una llamada telefónica a sus cómplices para informarles sobre la vestimenta y media filiación de la persona que había realizado el retiro de una fuerte cantidad de dinero, para interceptarla y despojarla con violencia del efectivo”.

Era la misma forma de operar de otros tres presuntos delincuentes que habían sido apresados un día antes, informó la fiscal Central de Investigación, Lucía Reza Jiménez, quien dijo que José, Luis y Abraham, de 36, 35 y 19 años, despojaron de 7 mil 900 pesos a un hombre que había retirado el dinero de una sucursal bancaria ubicada en avenida Congreso de la Unión.

De ahí, dijo, la futura víctima enfiló a un tianguis que se instala en calles de la colonia Esmeralda, delegación Gustavo A. Madero, donde tenía intenciones de comer, pero fue amagado y despojado de su dinero.

Policías fueron alertados del robo y atraparon a los presuntos cuando éstos viajaban en un vehículo marca Chevrolet, tipo Cavalier, color negro, sobre las calles Villa de Ayala y Zacatecas, colonia San Felipe de Jesús. Traían el dinero recién robado, cuatro teléfonos y dos pistolas

Un día antes, comentó la funcionaria, los “probables responsables” acordaron, vía telefónica, reunirse para, dijeron, “ir por una lana” y aguardaron afuera del banco, en espera de la víctima, a quien siguieron hasta un mercado ambulante que se instala cerca de ahí.

Los presuntos delincuentes se conocían desde pequeños; ya como adultos, se dispersaron en diferentes colonias, pero volvían a juntarse para convivir o tramar un robo. “Cada vez que necesitaban dinero, asaltaban un cuentahabiente”, dijo la fiscal.

Observan a través de los cristales y calculan el dinero que sacan los clientes. Los delincuentes, comentó la funcionaria, “vieron cómo el agraviado guardaba el paquetito de billetes”. Eran 7 mil 900 pesos.

Otros multiplican esa cantidad. Los montos varían.

***

Fue el 15 de febrero. Eran las 12:45 horas. La mujer estaba con su amiga en una de las ventanillas de una sucursal bancaria de la colonia Defensores de la República, delegación Azcapotzalco.

Había acudido a cobrar un cheque de 40 mil pesos y a pagar los servicios de televisión por cable y teléfono. Hicieron los respectivos descuentos y le dieron 38 mil en efectivo.

Notó, sin embargo, que el cajero tardó en atenderla y hacía muchas señas. Había varias personas en el inmueble. El empleado le preguntó que cómo se iba a llevar el dinero. Ella le dijo: “así”.

Se lo entregaron y ella lo metió a su bolso y salió del banco, siempre acompañada de su pariente, y cruzaron la avenida Cuitláhuac, después Vallejo y la Calle 30, pero luego de cruzar la Calle 11, un individuo les obstruyó el paso.

—No griten ni hagan nada, porque esto es un asalto —advirtió el recién llegado, mientras mostraba un arma de fuego que había sacado de una mochilita que colgaba de su cintura.

Apareció otro asaltante y junto con su cómplice arrinconaron contra una pared a las mujeres.

—No te hagas mensa, ya sé que traes más de 35 mil pesos; dámelos todos —exigió el segundo delincuente.

Las mujeres dieron sus bolsas, mismas que los delincuentes, ya en su retirada y después de esculcarlas, arrojaron a la banqueta.

Días después, el 1 de marzo, recibieron una llamada telefónica de la Unidad de Investigación de la procuraduría, pues habían detenido a una persona cuyos rasgos fisonómicos coincidían con los proporcionados por ellas el día que hicieron la denuncia.

Y sí, dijo la mujer, era el mismo que traía el arma. Lo habían apresado en Calle 11, casi esquina con la 30, colonia Porvenir, en Azcapo.

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