25 de Septiembre de 2018

México

Desaparece el vendedor de agua de lluvia en Campeche

El gobierno no apoyó económicamente a los aguadores para que pudieran sobrevivir, pero les hizo una estatua para recordarlos.

La escultura del Aguador Campechano se ubica a un costado del Baluarte de la Soledad en el corazón del centro histórico. (campeche.com.mx)
La escultura del Aguador Campechano se ubica a un costado del Baluarte de la Soledad en el corazón del centro histórico. (campeche.com.mx)
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Agencias
CAMPECHE.- El oficio de aguador (vendedor de agua de lluvia) es una de las tradiciones que ya desapareció en Campeche, debido, entre otros factores, a la construcción de aljibes por parte de las familias o a la aparición de empresas de agua purificada.

Hasta hace dos años sólo quedaban cuatro personas en toda la ciudad dedicadas a la venta de agua de lluvia, y que, pese a su escasos recursos, se negaban a desaparecer.

El último de ellos, José Pech, dijo que se les acabaron los clientes, que eran adultos mayores, y sus hijos dejaron de comprar el producto.

Explicó que se les acabaron los clientes porque algunas familias construyeron sus propios aljibes para almacenar agua de lluvia, otros simplemente al fallecer el jefe de la familia, los hijos dejaron de utilizar agua de lluvia.

Hoy, permanece en su casa y recuerda que durante 20 años recorrió los barrios de Campeche con su mula. Tenía un aljibe en la calle Ecuador, en la colonia Polvorín, donde llenaba su barril para recorrer las colonias Palmas I, II y III, Fidel Velázquez, Santa Bárbara y Polvorín.

La primera competencia que les quitó importantes clientes fue la aparición de las empresas de agua purificada, además de que el mantenimiento de las carretas resulta caro, al igual que el alimento para los caballos, pues necesita mínimo dos para turnarlos.

Sin apoyo económico

Para continuar con sus actividades, solicitaron apoyo a las autoridades municipales y estatales, pero les sugirieron presentar otro proyecto que fuera rentable para ser financiado.

De esta manera, don José decidió primero hacer un recorrido tres veces a la semana, luego sólo los fines de semana y finalmente dejó de salir.

Explicó que el agua era llevada en un depósito, sobre una carreta de ruedas grandes jalada por un caballo, mula o yegua, con la que recorrían los barrios tradicionales de la ciudad de Campeche, vendiendo agua de lluvia para consumo humano o para bañarse.

Ya que algunas personas prefieren bañarse con agua de lluvia porque les da mejor textura al cabello.

Para guardar la actividad en la memoria de los campechanos, en la pasada administración municipal, el entonces alcalde, Carlos Ernesto Rosado Ruelas, inauguró la escultura del Aguador Campechano, ubicada a un costado del Baluarte de la Soledad en el corazón del centro histórico.

La obra es del escultor poblano Pablo López Arta Sánchez, con la que el gobierno municipal rinde un homenaje al oficio de aguador, una de las tradiciones más añejas de esta ciudad.

Es uno de los oficios de antaño que desapareció y sólo queda en el recuerdo de los campechanos. 

José Pech aún recuerda el grito de alegría de sus clientes cuando lo veían venir, en aquel entonces, acompañando a su papá en la carreta.

(Con información de Notimex)

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