21 de Octubre de 2018

México

Amó tanto a sus alumnos, que se olvidó del novio

En sus 57 años de carrera magisterial, nunca faltó a las aulas y se olvidó completamente de la vida amorosa.

Eloina guarda orgullosa todas las condecoraciones que recibió por su destacada labor en las aulas. (Notimex)
Eloina guarda orgullosa todas las condecoraciones que recibió por su destacada labor en las aulas. (Notimex)
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Agencias
ACAPULCO, Guerrero.- Actualmente, la palabra 'maestro' está ligada a  una gran cantidad de connotaciones negativas: que si bloqueos en carreteras, desmanes, sueldos sin trabajar, entre otras cosas. Pero dentro de todo lo que el magisterio nacional implica, hay historias de personas que, literalmente, dedicaron su vida a enseñar. Una de estas historias es la de Eloina.

Eloina Ramírez Hernández, de 83 años de edad, fue una maestra ejemplar y durante sus 57 años con seis meses ininterrumpidos de carrera magisterial nunca pidió permiso e incluso prefirió ser profesora a tener novio o casarse.

Durante su trayectoria recibió seis medallas honoríficas y de reconocimiento durante su labor frente a las aulas, informa Notimex.

Así fue el amor que le tuvo a su carrera magisterial y a sus alumnos, que prefirió dedicarse de lleno a educar y se olvidó de tener una vida sentimental.

En su domicilio, ubicado en el barrio del Capire, en el centro de la ciudad, Eloina, con dificultad para caminar y apoyada con un bastón, baja las escaleras para relatar su historia que vivió al frente de grupos de primero, segundo, tercero y sexto años de primaria durante 57 años.

La profesora jubilada muestra las fotografías de blanco y negro, color sepia y a color que se tomó durante la entrega de medallas, sus reuniones y festejos con los profesores que dice “sí se dedicaban a dar clases”.

También enseña sus medallas que la Secretaría de Educación Guerrero le otorgó por más de 30 y 40 años de antigüedad y por su desempeño en los salones de clase.

Y se quedó ahí

En la mesa de su pequeño comedor de cristal, Eloina saca de sus cajitas forradas de terciopelo las otras medallas que le otorgó el gobierno municipal, la Asociación de Padres de Familia, la Escuela Ignacio Manuel Altamirano, la escuela Teniente José Azueta y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

La maestra Eloina, con su pelo blanco y voz baja, ríe cuando dice que sus premios los tiene bien conservados y guardados, “para que no se los vayan a robar”.

Originaria de Atlixtac, relató que ella a los 14 años como profesora rural en escuelas de la región de la Montaña alta y baja, en los municipios de Xalpatláhuac, donde estuvo por dos años y otros dos años más en Copanatoyac.

También la mandaron a su pueblo en Atlixtac, donde sólo estuvo por 10 meses dando clases. Posteriormente fue enviada a una escuela de San Luis Acatlán, en la región de la Costa Chica, por dos años y de ahí la mandaron al puerto de Acapulco, supuestamente a prueba.

Sin embargo, desde que llegó a esta ciudad, en 1953, fue para quedarse y dar clases hasta sus 74 años de edad, que fue cuando se jubiló.

Recordó que llegó a un Acapulco con pocos habitantes, un puerto “tranquilo y seguro para divertirse de noche”.

En este municipio turístico, informó que cuando arribó impartió clases en la escuela Ignacio Manuel Altamirano, Teniente José Azueta donde estuvo 20 años como profesora y más tarde como directora por más de 13 años en escuela primaria José María y Morelos.

Papeles invertidos

Eloina Ramírez Hernández, quien estudio en una escuela normal en Chilpancingo y trabajaba al mismo tiempo como maestra, hizo un comparativo de la educación de antes de jubilarse y en la actualidad, y señaló que ahora “es un desastre”.

Dijo que los maestros se dedican a pura política y ya no trabajan con los niños, y eso provoca que la educación vaya decayendo.

“Para mí es un desastre la educación de ahora, está mal y aquí tienen que influir mucho los padres de familia y en aquel entonces los padres de familia nos ayudaban mucho, decían ‘castíguelo si no quiere aprender' y ahora los padres regañan a los maestros si ellos regañan a los alumnos”, mencionó.

Opinó que los maestros ahora ganan dinero sin trabajar y si no les pagan, se enojan y hacen protestas.

Recomendó a las autoridades gubernamentales a amarrarse los pantalones para que haya una buena educación y los maestros se dediquen más a enseñar.

Mientras plática, Eloina observa las fotos y sus medallas que colocó en su mesa de cristal, y recuerda que ella siempre se dedico a trabajar y su orgullo es que donde quiera que camina, acompañada de uno de dos de sus sobrinos, sus ex alumnos, ya adultos, la saludan.

Indicó que la educación era muy bonita porque todos se dedicaban a trabajar y si había una fiesta de noche, como el festejo de la primavera o el Día del Maestro, acudían a los bailes, pero al otro día a las 8:00 de la mañana ya estaban frente al grupo de alumnos.

“Nunca sentí cansancio al otro día, aunque tuviéramos resaca. La directora nos llevaba nuestro jugo o suero para recuperarnos del desvelo y la pachanga, pero nunca faltamos a clases”, aseveró.

No podía faltar

La profesora jubilada comentó que extraña a sus niños y estar frente a las aulas, pues siempre le gustó trabajar con alumnos de primero, segundo y tercer años de primaria.

Afirmó que tanto fue el amor que le tuvo a sus niños de educación básica, que no se casó ni tuvo novio, aunque dijo que nunca le faltaron los pretendientes.

“Siempre me dedique a dar clases, para mí, mis hijos eran mis alumnos; la educación fue mi pasión. No me importó no tener novio”, señaló.

Eloina aseguró que nunca pidió permiso para faltar a clases, a pesar de que en varias ocasiones se enfermó de gripa, tos o tenía temperatura.

“Sólo me abrigaba y tomaba algún remedio casero, pero no podía faltar a clases”, acotó.

La profesora se jubiló con un salario de 400 pesos diarios y tiene seis medallas en donde se le reconoce su labor al frente a las aulas.

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