21 de Mayo de 2018

México

De bebé venció una enfermedad terminal y de niño otra

El pequeño dice tener mucho en común con el personaje Gokú, ya que primero sobrevivió a la leucemia y recientemente a una insuficiencia cardiaca.

Actualmente Jasiel Cruz tiene 16 años y fue operado en el hospital 20 de Noviembre. (Foto: Issste)
Actualmente Jasiel Cruz tiene 16 años y fue operado en el hospital 20 de Noviembre. (Foto: Issste)
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Agencias
MÉXICO, D.F.- Jasiel Cruz piensa que él y Goku (el héroe de anime japonés) tienen mucho en común. “Los dos somos guerreros y él siempre tiene fuerza de voluntad para seguir adelante. Un guerrero es alguien que lucha por lo que quiere”, dice. 

Por ello, desde un póster, Goku observa a Jasiel, quien está sentado en un sillón del cuarto 3451 del Hospital 20 de Noviembre del Issste.

No se necesita ser médico para interpretar sus radiografías; entre los pulmones hay un enorme corazón y esta no es una frase cursi, sino una realidad diagnosticada por un reconocido equipo de cirujanos cardiólogos.

“Es un niño de 16 años que ha sobrevivido a la leucemia que tuvo a los cuatro y a la insuficiencia cardiaca terminal causada por un tratamiento con quimioterápicos del tipo antracíclicos. Y ahora está recuperándose de un trasplante de corazón”, explicó su médica, la doctora Sol García.

Saber que un hijo pueda morir por una enfermedad terminal duele, pero ¿por dos? “Para mí y para su papá fue un proceso difícil, complicado”, relató María Teresa, la joven madre oaxaqueña que con solo 42 años de edad tiene mucho que contar.

“La primera enfermedad se convirtió en una angustia tremenda y la segunda peor tantito, porque de la leucemia piensas que él saldrá bien con el tratamiento que tuvo durante seis años, pero con la cardiopatía fue diferente ,porque ya no dependía de sus órganos ni su cuerpo, sino de donarle un corazón”, contó María Teresa.

Jasiel es un rostro incompleto con ese tapabocas que debe usar de manera permanente durante varias semanas. El cuadro de tela que le cubre media cara impide leer sus emociones, saber si está malhumorado, ansioso o contento. Así que sus ojos y voz se convierten en las únicas señales para descifrar.

El futuro

“No tengo claro qué hacer en el futuro”, expresó refiriéndose a los años que vendrán y que, hasta antes del trasplante, no creyó que tendría. Quizás por eso se le dificulta hablar de su experiencia de vida en ambas enfermedades; y se limita a monosílabos y largos silencios que a primera vista no dicen nada. Insistirle ayuda un poco. “Solo dejé pasar el tiempo y que él dijera. De todos modos ¿para qué me preocupaba si no sabía lo que iba a pasar? Mejor seguí con mi vida normal pues quién sabe si iba a llegar un corazón para mí”.

Puntual para su cita, el órgano llegó tras un año de espera, justo cuando el enfermo se fatigaba (e incluso desmayaba) con actividades sencillas como por ejemplo bañarse o comer. María Teresa describió así aquellos meses: cinco pasos y se cansaba, inapetencia, recostado todo el día, los pies hinchados, desmayos frecuentes. “Hasta levantar la cuchara del plato lo agotaba”.

Sin alternativa, la familia Cruz se adaptó y se acostumbró a esa vida, hasta el día en que sonó el teléfono de su humilde casa en San Pablo Huixtepec, cerca de Pueblo Escondido.

“Su mamá me contestó feliz pero preocupada”, recordó el doctor Guillermo Díaz, jefe de cirugía cardiovascular del hospital. “Se trasladaron por tierra en una ambulancia especializada del Issste y al mismo tiempo nosotros enviamos médicos a León, Guanajuato, para evaluar las condiciones del donador, un hombre de 39 años. Cuando nos confirmaron que todo estaba bien, el corazón se llevó a Toluca en un vuelo privado, de ahí fue trasladado en helicóptero al hospital 20 de Noviembre y llegó justo cuando Jasiel estaba listo en el quirófano para el implante”.

Su cuerpo reaccionó favorablemente:12 horas después se le retiró el ventilador y a las siguientes seis el adolescente despertó. Ha pasado un mes desde que Jasiel reestrenó la vida y, recién comienza a asimilar que —ahora sí—  tiene años por delante. “Al menos ya me siento más tranquilo”, dijo al suspirar, “más en paz porque en verdad ya me sentía muy cansado y sabía que en cualquier momento podía morir”, relató entre largos silencios y con la mirada fija en el piso.

“¡Ahora sí tenemos futuro!”, celebró con un nudo en la garganta su madre. “Antes no lo tenía él ni nosotros, sus padres, porque ya nos hacíamos a la idea de que iba a morir. Hubo un momento en que no queríamos que pasaran los días (…) Yo creo que nada más los padres que vivimos esto lo podemos entender. ¡Si funcionara algo de mí, yo dono lo que sirva!”.

El balance del doctor Díaz surge desde otro ángulo. “Este jovencito a los 16 es un luchador, un gran guerrero que tiene mucho que enseñarnos ¡Su fuerza es envidiable, un ejemplo de inteligencia emocional! Venció la leucemia y luego cae en otra enfermedad terminal y la vence también, ¡me parece impresionante!”.

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