24 de Septiembre de 2018

México

Esta vez, no dejaron hablar a Peña Nieto

Nada de usar el micrófono, aunque lo tuviera a 'tiro de piedra'...

Al acto acudieron invitados especiales. (Notimex)
Al acto acudieron invitados especiales. (Notimex)
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Rodolfo Montes/Milenio
MÉXICO, D.F.- No solo no lo dejaron hablar en la sesión solemne con motivo del centenario del Ejército mexicano: tampoco ingresó por la puerta principal, sino que lo hicieron entrar por los accesos posteriores de la sede del Senado.

Pero el presidente de México, Enrique Peña Nieto, no se quedó con las ganas de hablar ni de saludar de mano a generales, capitanes, coroneles, militares todos en su día que lo recibieron, como comandante supremo de las fuerzas armadas, con la melodía “Oh, santa bandera”.

En el patio central del Senado, la Orquesta Sinfónica de la Secretaría de la Defensa Nacional interpretaba orgullosa la letra de Rafael López y la música de Julián Carrillo: “¡Oh, santa bandera! de heroicos carmines, suben a la gloria de tus tafetanes, la sangre abnegada de los paladines, el verde pomposo de nuestros jardines, la nieve sin mancha de nuestros volcanes…”

Mientras, el jefe del Ejecutivo ingresaba al Senado por la calle Madrid, paralela a Paseo de la Reforma. Adentro lo esperaban senadoras y senadores de todos los partidos políticos, así como algunos secretarios de Estado, pero nada de hacer uso del micrófono, por mucho que lo tuviera a tiro de piedra, lo mismo el que se dispuso en el patio central que el de la tribuna senatorial.

Esta vez Peña Nieto no fue el orador central. Únicamente hubo tres oradores: el senador priista, Emilio Gamboa Patrón; el presidente de la Mesa Directiva del Senado, Ernesto Cordero, y el general secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos; nadie más.

Sin embargo, Enrique Peña Nieto no se vio enfadado, más bien, sonreía, saludaba, intercambiaba palabras con el panista Ernesto Cordero, mientras que, desde sus curules, los legisladores, compañeros de su bancada, Javier Corral y Mariana Gómez del Campo —artífices de la censura al Presidente de México para que no hablara en esa sesión solemne— se notaban desconcertados ante el aplauso que la bancada priista brindaba al inquilino de Los Pinos.

Fue Cienfuegos quien tuvo oportunidad de hacerse del micrófono en el patio central, que no el del salón de plenos. Ahí agradeció la ceremonia solemne, fue aplaudido, pidió al poder Legislativo encausar el rumbo de la institución castrense, “a través de un marco legislativo que le permita continuar su cumplimiento con la ley y el respeto a los derechos humanos”.

Luego, invitados especiales, militares de alto rango, senadores y senadoras ingresaron al recinto principal, donde Cordero entregó al titular de la Sedena una charola de plata, como reconocimiento de esta cámara al desarrollo de la institución castrense.

Llegó la conclusión de la ceremonia solemne. Mientras los legisladores se retiraban, unos hacia sus oficinas,
otros buscando la salida, los altos mandos militares decidieron esperar a su jefe supremo en el patio central.

Gustoso, Peña se acercó, saludó uno a uno con apretón de mano y saludo militar. Luego se perdió por las escalinatas que dan al estacionamiento y ahí en penumbras, lo abordó un grupo de trabajadores de limpieza para tomarse la foto.

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