15 de Diciembre de 2017

México

Su mamá le sacó los ojos; esto ha pasado con Fernandito

El menor perdió los globos oculares en el 2012; los médicos no lo ven desde hace dos años.

La casa en donde ocurrió el hecho, , en el municipio de Nezahualcóyotl, Estado de México, permanece abandonada. (Excélsior)
La casa en donde ocurrió el hecho, , en el municipio de Nezahualcóyotl, Estado de México, permanece abandonada. (Excélsior)
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Agencia
CIUDAD DE MÉXICO.- Han pasado cinco años de la tragedia en la que el niño Fernandito, quien en ese entonces tenía cinco años, sufrió la pérdida de sus ojos a manos de su madre durante un rito satánico, en el municipio de Nezahualcóyotl, Estado de México.

Los hechos ocurrieron el 24 de mayo de 2012, cuando María del Carmen le pidió al menor que cerrara los ojos para rezar colectivamente y evitar un terremoto, pero al desobedecer el niño, la madre perdió la razón y con una cuchara extirpó los dos globos oculares, publica Excélsior en su portal web.

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“¿Cómo se llama su hijo? Fernando. - ¿Qué edad tiene? Cinco años. ¿Quién le sacó los ojos a su menor hijo? Entre mi hermana Lizbeth y yo. ¿En dónde ocurrieron estos hechos? En la cocina de la casa de mi mamá”, aseguró la agresora en entrevista la madre del menor, luego de ser detenida.

Ahora, nadie conoce de manera certera el paradero de Fernandito. Oftalmólogos de la Fundación Dondé, en la que llevaba su tratamiento, dejaron de atenderlo desde hace casi dos años, debido a que su padre dejó de llevarlo.

"Al principio los que llevaban al niño eran los del DIF y en cuanto regresó la tutoría a la familia, quien se encarga del niño es el padre"

“El que más contacto tuvo con él fue el protesista que es quien ha estado más activamente en el manejo él, la última vez que lo vio fue hace como dos años. Al principio los que llevaban al niño eran los del DIF y en cuanto regresó la tutoría a la familia, quien se encarga del niño es el padre, tiene como dos años que no lo ven”, aseguró José Luis Tobilla Canales, cirujano en oculoplástica del Instituto de Oftalmología.

El especialista recuerda que le sorprendió ver al menor que, pese al dolor y la tragedia, lo único que pedía era que encendieran la luz que habían apagado. Señala que en su trayectoria nunca había visto un caso similar.

En todas las casas de la calle Graciano Sánchez se observa vida, menos en la marcada con el número cinco de la manzana 34, la cual es invadida por el paso del tiempo, los recuerdos y los olores fétidos. Los vecinos aseguran que el lugar es utilizado por algunos niños para jugar y que solo queda el recuerdo.

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