16 de Octubre de 2018

México

Genera división el relevo para dirigir al Senado

Gil Zuarth, Barbosa y Larios se disputan el liderazgo de la Mesa Directiva, pero los estilos no satisfacen a todos los legisladores.

El pleno de la Cámara de Senadores durante una sesiones. (Archivo/Notimex)
El pleno de la Cámara de Senadores durante una sesiones. (Archivo/Notimex)
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Agencias
MÉXICO, D.F.- Mencionados como posibles sucesores de Raúl Cervantes al frente del Senado, Roberto Gil Zuarth, Héctor Larios y Luis Miguel Barbosa tienen estilos políticos que no necesariamente satisfacen a todos los senadores.

Polémico, porque siempre llega al último momento de una negociación para quedarse con ella, Roberto Gil carece de los respaldos suficientes en el PRI y en el PRD, porque se le ha ubicado como un factor que coloca contra la pared a sus adversarios políticos en una negociación.

Por ejemplo, durante la Reforma Política, Excélsior mostró en abril cómo Roberto Gil llegó al último momento en que ya se iba a votar, con Héctor Larios como cabeza de negociación, y las echó abajo con el argumento de que era él y el grupo de los calderonistas los que tienen la mayoría de votos que necesita el PRI, según publica el sitio web excelsior.com.mx.

Semanas después volvió a hacerlo. Frenó la aprobación de la reforma en el grupo de negociación, con el argumento de que el Senado debía esperar a que pasara la elección interna del PAN, pues si forzaban a los panistas a estar en el pleno en un extraordinario era con el propósito de sacarlos de las campañas; aunque con ese argumento retrasó unos días la aprobación, en esta ocasión Roberto Gil no pudo detener más los acuerdos y fue posible el extraordinario.

A él se le atribuyó la negociación con el gobierno federal para incluir en el dictamen de la reforma al Poder Judicial el derecho de los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, de los haberes de retiro, que después fueron eliminados.

Roberto Gil también fue factor que complicó el nombramiento de los nuevos comisionados del IFAI, pues a pesar de que sus compañeros Javier Corral y Laura Rojas, como integrantes de las comisiones respectivas, fueron los encargados de toda la negociación, al final Gil hizo sus propios planteamientos y eso generó el retraso de los nombramientos.

Alejado de la dirigencia de su partido, al grado que ya integra su propia expresión política para las elecciones internas, con lo cual complica de manera importante la permanencia de sus otrora compañeros de lucha, Los Chuchos, Luis Miguel Barbosa, coordinador de los senadores del PRD, quiere ser presidente  del Senado, con el argumento de que hay un acuerdo asumido por Emilio Gamboa, coordinador de los senadores del PRI y por el entonces coordinador de los panistas, Ernesto Cordero, de permitir que un año el PRD encabezara el Senado.

La posición de Barbosa, sin embargo, enfrenta la complicación de no tener el respaldo de su partido, aunque sí de su grupo parlamentario, pero además, el hecho de que según la versión de Emilio Gamboa, el acuerdo es para que el PRD asuma uno de los seis años del actual Senado, no uno por Legislatura.

Aunque Barbosa ha demostrado apego a la institucionalidad del Senado, sus viejas alianzas con Ernesto Cordero para frenar los avances persisten. Héctor Larios es un hombre institucional, conocedor de la vida parlamentaria, pero debe convencer más a los suyos que a los externos, pero de los tres es el que más experiencia tiene en la vida parlamentaria.  

Cervantes, el más productivo 

Constitucionalista litigante, Raúl Cervantes Andrade se convirtió en el primer presidente del Senado que evitó la óptica de su partido en las decisiones institucionales, incluso restringió sus declaraciones públicas sobre temas de la política nacional, a fin de brindar un trato equitativo a todos los legisladores, pues fue el primero que llegó a esa posición sin ser coordinador parlamentario.

Jurista reconocido, Cervantes Andrade encabezó un Senado de la República que hace historia al lograr, junto con la Cámara de Diputados, la cifra récord de tres reformas constitucionales, 19 nuevas leyes y cambios a 120 leyes existentes para dar cuerpo a una nueva dinámica nacional con cambios en materia de energía, telecomunicaciones, financiera, fuero militar y otorgar a los mexicanos productos como la consulta popular, la iniciativa ciudadana, la Ley General del Servicio Profesional Docente, nuevas reglas de competencia económica y el nuevo Código Nacional de Procedimientos Penales.

Después de un periodo de polémica encabezado por el panista Ernesto Cordero, quien incluso dejó de votar, a pesar de presidir una sesión, para evitar que los cambios promovidos por el PRI se concretaran, Raúl Cervantes regresó al pleno del Senado la estabilidad que permitió discusiones maratónicas, momentos tensos, pero con orden y con la aplicación de reglas que impidieron que los instantes de tensión se convirtieran en un problema.

A diferencia de la Cámara de Diputados, donde está expresamente prohibido que un coordinador parlamentario asuma la presidencia de la Mesa Directiva, en el Senado fue una tradición que el líder de un grupo parlamentario fuera el destinado a presidir la Mesa Directiva.

Eso ocurrió con Enrique Jackson, del PRI, y con Diego Fernández, del PAN, en las legislaturas LVIII y LIX, cuando el PRI dejó de ser mayoría absoluta en esa Cámara; y eso mismo ocurrió en la LX y LXI Legislatura, con el priista Manlio Fabio Beltrones.

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