24 de Septiembre de 2018

México

Gobierno, entre la espada y la pared por tema de indigentes

Las autoridades no pueden trasladar a la fuerza a albergues a personas en situación de calle, pues serían acusadas de 'limpieza social'.

En el DF hay unas cuatro mil personas en situación de calle. (radiover.info)
En el DF hay unas cuatro mil personas en situación de calle. (radiover.info)
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Humberto Ríos Navarrete/Milenio
MÉXICO, D.F.- En el DF hay un poco más de cuatro mil personas “en situación de calle”, 40 por ciento de las cuales se reúnen en 90 sitios; el resto, en cambio, busca cobijo temporal en diez albergues oficiales y vuelve al aire libre. Muchos consumen drogas duras y blandas. Un porcentaje menor padece de sus facultades mentales.

El gobierno, sin embargo, no puede forzar el traslado, pues sería acusado por defensores de derechos humanos de realizar “limpieza social”, dice Rosa Icela Rodríguez Velázquez, secretaria de Desarrollo Social del DF, quien insiste en que toda la sociedad debe involucrarse en la solución de este problema.

“Yo voy a ir de la mano con las comisiones de derechos humanos”, ataja la funcionaria, para quien hablar de este asunto es como tener brasas entre sus manos, pues toca el tema con mucha mesura.

Y agrega:

—Estamos entre la espada y la pared.

—¿Por qué? —se le pregunta.

—Por un lado, la sociedad pide que los quite; por la otra, las organizaciones no gubernamentales y las comisiones de derechos humanos, que no, pues ellos tienen derecho de permanecer en la calle.

—¿Y qué harán?

—Lo que me diga la ley.

—¿Y qué dice la ley?

—La ley dice que hay dos derechos: el derecho a la vida y el derecho a la libertad. Son dos garantías intocables, pero que no solucionan la problemática social. Ninguna autoridad del gobierno de la ciudad puede llevarse a las personas en situación de calle, por medio de la fuerza, a uno de los albergues, porque serías acusado de...

—Hacer limpieza social

—De hacer limpieza social o de secuestro, o no sé qué, por llevarlos a que se vacunen, a que se bañen, a que se quiten de las adicciones… No es indolencia.

—¿Qué significa entonces?

—Que no queremos terminar en la cárcel, no queremos terminar haciendo una situación ilegal. Y no es justificarse, porque diariamente en los albergues se atiende de 2 mil a 4 mil personas en situación de calle.

Zombis y sonámbulos

Los perros callejeros trotan por aceras y cruzan calles, en busca de alimento y amigos; se detienen frente a taquerías y ante repentinas miradas de humanos, en espera de alguna señal, pero pocos frenan para echarles migajas, y algunos de esos animales solo encuentran cobijo entre frazadas sucias y manos, brazos, piernas, cuellos y pieles de niños y jóvenes, hombres y mujeres, que expelen tufos agrios y ese pegamento impregnado que los convierte en zombis en bocas de subterráneos, recovecos, puentes, plazas públicas y jardines descuidados.

Y hay muchos puntos.

Noventa en toda la ciudad.

Ellos y ellas, las “personas en situación de calle”, como los denominan autoridades y organizaciones civiles, danzan como sonámbulos alrededor de ese jardín, el que está frente al edificio central de la delegación Cuauhtémoc, solo cruzando la calle y a pocos metros del cascarón de lo que fue el bar Tijuana, de moda en otros tiempos, y de vez en cuando conversan con mujeres o travestis que ofrecen servicios sexuales en pleno día. Son de pocas palabras, pues apenas logran articular frases; en ocasiones, sin embargo, la necesidad y la necedad los espolea.

Es el mismo jardín —uno de los 38 puntos que tienen ubicados con ese tipo de población en la delegación Cuauhtémoc— donde transeúntes han tenido problemas de inseguridad, mientras que un restaurante tuvo que cambiar de lugar.

La semana pasada, incluso, un funcionario de la propia delegación tuvo un altercado cuando un indigente le pidió a bocajarro:

—Dame un peso.

—No tengo.

El chavo lo seguía.

—¿Cómo ves que sí traes?

Y aquel aceleraba.

—¡No traigo!

—¡Sí traes!

—¿Quieres ver que sí traes?

—¡Que sí traigo, pero a tu pinche madre!

Y corrió.

No muy lejos de ahí, en Epopeya de los sismos —predio conocido así por un mural dedicado a los terremotos del 85, en Paseo de la Reforma, casi esquina con la calle Violeta—, hombres y mujeres, jóvenes casi todos, acampan desde hace tiempo. Limpiaparabrisas, payasitos, lavacoches, menesterosos.

Y así andan, en otros 90 sitios, a veces acompañados de sus mascotas, que ofrecen lealtad a cambio de cobijo y por los alimentos recibidos.

Los animales, que un día tuvieron dueño, suelen convivir con ellos, sin importar ese olorcillo que irradian en su entorno y provoca —como los desarrapados que pernoctan en salidas y entradas de la estación Juárez del Metro— que usuarios y viandantes frunzan el ceño o se coloquen las manos en las narices para protegerse de eso que simulan puñados de alfileres que se clavan directos en el cerebro.

Gente callada

Rodríguez Velázquez admite que el albergue más grande, por el que transitan 700 personas cada día, en la delegación Iztacalco, tiene problemas con los vecinos desde hace cuatro años, por lo que será reubicado. “Son personas que no tienen para comer”, dice, “personas que llegan a pernoctar después de salir a vagar por las calles, a trabajar, a todo lo que tengan que hacer en completa libertad”.

También se refiere a migrantes centroamericanos que se concentran alrededor de la Central de Abasto. “Son personas calladas, entre 100 y 150, que van pasando diario, casi no hablan. El gobierno de la ciudad tiene 60 comedores para personas en situación de calle y para migrantes, para personas que tienen hambre y que no tienen dinero para pagar. No pedimos identificación, nada más revisamos las maletas que no lleven alcohol, que no lleven drogas, que no lleven armas para ingresar a los albergues”.

El problema de las personas en situación de calle, reflexiona Rosa Icela Rodríguez, es de todos. “La sociedad que no fue capaz de llevar a estas personas por un camino distinto, es el gobierno, son las leyes, son los maestros. El tema que se tiene que discutir desde el punto de vista de los derechos, del derecho a la vida, del derecho al libre tránsito, del derecho a la libertad. Yo no pienso que un gobierno debe ser como Poncio Pilatos, que un gobierno no debe darle la vuelta a una política pública y decir, frente al crecimiento de la población en situación de calle, al rato va a estar todo Reforma lleno, y va a haber más y más campamentos ¿y qué, nosotros vamos a permanecer indolentes frente a la problemática?

—¿Por eso tu planteas un debate?

—Ahora, ¿por qué en otras ciudades del mundo sí se puede hacer el abordaje de los homeless, como en Nueva York, en Los Ángeles, en Chicago, o en Rosario, Argentina? Debemos mirar a otras ciudades. Yo no estoy de acuerdo en que se diga que en la Ciudad de México ha habido limpieza social, si no, no estarían en Reforma; ahora, llegan las personas en situación de calle a una colonia y baja el nivel de tránsito y de seguridad por la zona, el comercio se ve afectado, los transeúntes se ven afectados, todo mundo. No se trata de que el gobierno abdique de su responsabilidad de intervenir. De los diez albergues ahorita ya están tres en reconstrucción y remodelación. Todo aquí es prioritario, pero de lo prioritario lo prioritario es lo de las personas en situación de calle la más complicada para el gobierno.

“Voy a ir de la mano con la Comisión de Derechos Humanos, porque no quiero terminar en la cárcel, por llevarme a un joven econtra su voluntad a un albergue, no lo voy a hacer.

—¿Las ONG les han planteado alguna alternativa a ustedes?

—De que respetemos sus derechos

—Nada más.

—Nada más, y estoy consciente de que hay que respetar sus derechos pero hay que atenderlos con capacitación, con esmero, con todo, pero cómo lo hacemos si rehúyen nuestra atención.

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