20 de Septiembre de 2018

México

La hipótesis sin evidencias del caso Iguala

El GIEI asegura la existencia de un quinto autobús, el cual podría ser un elemento clave para explicar los hechos ocurridos en 2014.

Imagen del presunto quinto camión de pasajeros que transportaba a parte de los normalistas de Ayotzinapa. (Televisa)
Imagen del presunto quinto camión de pasajeros que transportaba a parte de los normalistas de Ayotzinapa. (Televisa)
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Juan Pablo Becerra-Acosta M./Milenio
MÉXICO, D.F.- La vertiente del "quinto autobús" que plantea el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en su Informe Ayotzinapa no está sustentada en evidencias.

Es una teoría que se cimenta en el ya conocido traslado de droga de Iguala hacia Estados Unidos, pero sin prueba alguna en los expedientes que forman parte del caso Iguala ni en su propio informe.

Para llegar a conclusiones acerca del caso la Procuraduría General de la República indagó cuatro versiones: Pueblo Viejo, Casa de Seguridad de Las Lomas, agresión a Los Peques y Basurero de Cocula. Al GIEI le pareció que en todas estas hipótesis había contradicciones y las descartó. Alegó existencia de pruebas débiles o circunstanciales e indicios insuficientes, así como testimonios contrapuestos, pero al plantear su vertiente del quinto autobús no la sustentó en evidencias. Ni en indicios sólidos. Tampoco en testimonios.

El llamado "quinto autobús" y sus ocupantes (estudiantes de Ayotzinapa que sobrevivieron) no fueron objeto de ataques aquella noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre del 2014, como reconoce el propio GIEI en su informe.

El vehículo no pertenece a las compañías que usualmente han sido utilizadas para el trasiego de estupefacientes desde Guerrero hacia la frontera norte, lo cual también acepta el GIEI en su documento.

Las versiones

En síntesis, estas son las cuatro versiones seguidas por la PGR que analizó y retomó en su informe el GIEI:

Pueblo Viejo. Estudiantes de Ayotzinapa se trasladaban en un autobús Estrella de Oro. Una camioneta Urban los escoltaba o acompañaba con supuestos miembros del cartel de Los Rojos que opera en Chilpancingo y que es contrario a Guerreros Unidos, cuyo territorio de mando central es Iguala.

Los estudiantes irían armados hacia el centro de Iguala para tratar de boicotear el informe de actividades de la presidenta del DIF, María de los Ángeles Pineda Villa, esposa del entonces presidente municipal, José Luis Abarca.

Los estudiantes habrían robado vehículos y habrían sido detenidos por la policía. Los capturados habrían sido separados en grupos. Tres habrían sido asesinados a balazos y seis más en una fosa con combustible en áreas rurales aledañas a Iguala, en específico en áreas de Pueblo Viejo.

Esta versión se sustentó fundamentalmente en testimonios de cuatro presuntos miembros de Guerreros Unidos.

Casa de Seguridad de Las Lomas. Miembros de Guerreros Unidos siguen a dos autobuses con estudiantes, quienes, "armados", hieren a varias personas. Delincuentes (con placa y sin placa) disparan contra estudiantes en el centro de Iguala. Separan en grupos a los jóvenes. En total 17 de ellos son llevados a una casa de seguridad y los matan. Los entierran y a siete los queman.

Esta versión se sustentó fundamentalmente en el testimonio de un miembro de Guerreros Unidos, Martín Alejandro Macedo Barrera. Sus declaraciones tienen inconsistencias en cuanto a hechos de los cuales no hay evidencias (balaceras en el centro, heridos civiles, otros ataques de sicarios a estudiantes, entre otros).

Los Peques. Por lo menos siete horas antes de la hora ya establecida en que llegaron los estudiantes a Iguala (20:00 horas), un grupo de hombres habría arribado a la ciudad para atacar un autolavado denominado Los Peques, perteneciente a presuntos miembros de Guerreros Unidos, los hermanos Benítez Palacios. Los hombres armados habrían robado taxis y autobuses Estrella de Oro y también habrían atacado el domicilio de los hermanos Benítez Palacios, quienes habrían repelido el fuego. En una Urban a los agresores les habrían hallado tres cuerpos de gente que habrían levantado previamente para tirarlos en la ciudad y calentar la plaza. A 17 de estos hombres, acusados de ser parte de Los Rojos, los habrían asesinado, quemado y sus cenizas arrojadas "al agua", probablemente al río Cocula.

Esta versión está sustentada en declaraciones de un delincuente que es central también en la versión del basurero de Cocula: Sidronio Casarrubias. Dos sicarios más también testimoniaron al respecto.

Esta vertiente, la de enfrentamientos entre narcos ocurridos la mañana del 26 de septiembre, que habría provocado una reacción, que en la noche los estudiantes fueran confundidos con otros narcos que llegaban a atacar de nuevo a Iguala, no ha sido investigada más a fondo ni por la PGR ni por el GIEI.

Basurero de Cocula. Esta es la versión que la PGR tomó como oficial, como "verdad histórica", según las palabras del ex procurador Jesús Murillo Karam. Ya es conocida profusamente y el punto central que impugna el GIEI es la posibilidad de que una pira gigantesca para incinerar 43 cuerpos pudiera realizarse en el basurero. Su fundamentación está sustentada por el peritaje de un experto peruano que realizó una visita de 20 minutos al lugar, a pesar de que otros expertos sostienen lo contrario, como estos entrevistados hace meses por MILENIO:

“Sí se pudo cremar” a los 43

O el experto estadunidense citado en el libro La noche más triste. La desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa (Editorial Grijalbo), de Esteban Illades.

Hipótesis

En el capítulo "Características de los hechos y análisis de posibles causas del informe del GIEI, en su inciso 8 Objetivo de los ataques", se plantea la hipótesis de que la virulencia de las agresiones contra los autobuses se debió a que los criminales (con y sin placa) tenían como objetivo no dejarlos salir de Iguala:

"Los ataques que han sido documentados y analizados en este estudio muestran que el objetivo de la acción estuvo dirigido a no dejar salir los autobuses de Iguala (Costa Line 2012 y 2512 y Estrella de Oro 1568 en Juan N. Álvarez), cuando ya habían salido de la ciudad a no dejar que siguieran su camino (Estrella de Oro 1531, en Palacio de Justicia), y cuando parecía que siguieran huyendo a acabar con cualquier posibilidad de huida (bus Castro-Tours de Los Avispones en el cruce de Santa Teresa)".

¿Por qué? Por "intereses de alto nivel", plantea el GIEI:

"La acción de toma de camiones ha sido práctica habitual en Ayotzinapa y otras escuelas normales, sin conllevar nunca una respuesta violenta de ese tipo, aunque en otras ocasiones se produjeran incidentes. Ha predominado obstaculizar la acción, evitar que se lleve a cabo o detener el intento o a los autores, pero no una acción masiva de ataque indiscriminado, atentados directos contra la vida, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas, con ataque sostenido en el tiempo y un operativo coordinado y masivo. (...) Todo ello supone que la acción de los perpetradores estuvo motivada por lo que se consideró una acción llevada a cabo por los normalistas contra intereses de alto nivel."

¿Cuáles serían esos "intereses de alto nivel? El GIEI primero descarta las versiones exploradas por las autoridades:

"Distintas hipótesis del por qué de la agresión han sido consideradas por el GIEI en sus investigaciones. Desde un ataque como parte de la consideración de Ayotzinapa como base social de movimientos políticos o insurgentes, a la tesis oficial mantenida un tiempo sobre la confusión de los autores sobre la identidad de los normalistas. Otra posibilidad considerada sería una acción de castigo contra los normalistas por los antecedentes de enfrentamientos y señalamientos contra el alcalde Abarca.

"Sin embargo, a juicio del GIEI, ninguna de ellas explica el modus operandi ni el nivel de coordinación y violencia. Es probable que entre los factores que explican la agresión se encuentren también los estereotipos sobre los ayotzinapos, como de forma despectiva que se ha señalado en muchas ocasiones y hemos encontrado incluso en nuestra investigación por parte de diferentes sectores. Sin embargo, a juicio del GIEI este sería un factor facilitador de la agresión, dado que el desprecio por el otro promueve la violencia, pero no un desencadenante de la misma ni del nivel de actuación".

Posteriormente el GEIE coincide plenamente con la versión oficial de que es un asunto del crimen organizado. Un problema derivado de disputas por drogas y su trasiego:

"Si bien la relación de los hechos con el narcotráfico ha sido señalada en diferentes momentos e incluso en la versión oficial de los hechos (un grupo de estudiantes que habría sido confundido con un grupo de narcos, un grupo de miembros del crimen organizado infiltrado entre los estudiantes que van a la ciudad con oscuros objetivos de boicot político; un grupo de narcos o estudiantes infiltrados que van a matar a contrarios o tratar de quitarles "la plaza"), hay un aspecto que no ha sido suficientemente considerado hasta ahora.

"Por una parte la información pública señala que Iguala es un lugar de comercio y transporte de estupefacientes, especialmente heroína, hacia Estados Unidos y especialmente Chicago. Una declaración presentada en un caso reciente en dicho país muestra los lazos en la ciudad y el tráfico de heroína que se realiza habitualmente. Las informaciones proporcionadas al GIEI señalan que Iguala era un centro de tráfico muy importante. Según dichas informaciones, algunos autobuses son utilizados para transportar heroína y cocaína y el dinero obtenido de este tráfico, entre Iguala y Chicago".

Es aquí donde el GIEI plantea la vertiente del "quinto autobús". Retoma un caso ventilado en tribunales estadunidenses, un expediente de la Fiscal General para el estado de Illinois, Nicol Kim, contra miembros de Guerreros Unidos, en particular contra el supuesto jefe de esa organización criminal en Chicago, Pablo Vega. El asunto es un tema que también ha sido documentado desde hace muchos años tanto por las autoridades como por medios de comunicación: la utilización de autobuses para el trasiego de heroína. MILENIO ha dado cuenta del tema:

'Guerreros Unidos' inundó Chicago de heroína /I

Eso hacía Pablo Vega, el presunto delincuente que cita el GIEI en el expediente del Departamento de Justicia en Illinois, pero... con empresas de autobuses distintas a las que transportaban aquella noche a los estudiantes: Autobuses Monarca y Autobuses Volcano, antes conocidos como Imperio Line, líneas de bajo costo normalmente usadas por migrantes. Los estudiantes ni viajaban en ese tipo de autobuses ni capturaron o pretendieron secuestrar algún autobús de esas compañías. Y eso el GIEI lo reconoce en su informe:

"Si bien las compañías de buses mencionados en la declaración jurada (en el expediente en Estados Unidos ya citado) no son de aquellas que tomaron los estudiantes el día 26 de septiembre de 2014, el GIEI ha tenido conocimiento de que para esos envíos se utilizan también otras líneas de buses desde Iguala. No se ha realizado ninguna investigación para determinar quiénes son los dueños. En México no se ha realizado ninguna investigación al respecto, al menos de la que tenga conocimiento el GIEI. Tampoco se ha investigado si existe algún vínculo comercial o de otro tipo que relacione estas compañías de buses Monarca y Volcano, que son señaladas en dicho documento, con las dueñas de los buses que sí fueron tomadas por los estudiantes".

El GEIE dice que "tiene conocimiento" que para el trasiego de droga se usan "otras líneas", pero no detalla cuáles ni si son las que usaron los estudiantes. No proporciona indicios ni menos evidencias; es decir, solo plantea que se investigue esta vertiente, pero no proporciona información alguna para fortalecer su teoría.

Posteriormente, en su inciso 9 "El quinto autobús y la motivación del ataque", el GIEI reconoce que ese "quinto autobús" Estrella Roja, que fue referido desde las primeras investigaciones de la Procuraduría de Justicia de Guerrero (y por tanto su existencia no fue una revelación reciente), no fue atacado aquella noche. El autobús Estrella Roja salió por la puerta de atrás de la Central Camionera y nunca fue objeto de agresión alguna:

"Se dice que el autobús habría salido por la calle de atrás de la estación de autobuses y pocas cuadras más adelante, en la misma calle y debido al nerviosismo, los estudiantes habrían pensado que el autobús no funcionaba bien y se habrían bajado y dirigido a la estación de nuevo a tomar otro. Sin embargo, todos los testimonios de normalistas que iban en ese autobús, señalan que este siguió su camino de salida más adelante y que el chofer pidió a los normalistas detenerse para que una mujer le trajera documentación y ropa que necesitaba. Tras quedarse detenido esperando y de que una mujer llegara en moto y hablara con el chofer, lo que retardó la salida, llegaron finalmente a la salida de Iguala hacia Chilpancingo, al escenario donde ya había sido detenido el autobús, Estrella de Oro 1531 cerca del Palacio de Justicia.

"Los testimonios de los sobrevivientes son consistentes entre sí, en que fueron obligados a bajar del bus, estando a unos 100 metros del autobús, Estrella Oro, y que huyeron a un cerro".

¿Quién obligó a los estudiantes para que bajaran del autobús? Dice el GIEI:

"Existen varias evidencias en el C-4 de llamadas sobre movimientos de jóvenes en dicha zona y la colonia Pajaritos y la colonia 24 de febrero que concuerdan totalmente con las declaraciones de los normalistas y que fueron finalmente confirmadas ante la propia PGR en declaración nuevamente rendida en julio de 2015. Un testigo señala que en ese escenario, a unos 100 metros del autobús, antes de donde se encontraba el autobús Estrella de Oro, el autobús Estrella Roja fue detenido por una patrulla de la Policía Federal. Una declaración manuscrita en el expediente de otro testigo lo señala también. Estas circunstancias no se han investigado hasta ahora."

Es decir, los normalistas que narran en este incidente, se desprende de lo que dice el GIEI, sí bajaron del Estrella Roja, pero no fueron agredidos aunque se dirigieron a un cerro, ya que se trata de sobrevivientes del 26 y 27 de septiembre.

El GIEI va concluyendo su "hipótesis de que este quinto autobús podría ser un elemento clave para explicar los hechos" con siete consideraciones, entre las cuales reconoce de nuevo que no fue agredido:

"7) Se da la circunstancia de que dicho autobús, fue el único que no fue atacado violentamente esa noche (lo fueron los Costa Line 2012 y 25 10, los Estrella de Oro 1531 y 1568 y el autobús, Castro-Tours de Los Avispones)."

El único indicio de un manejo sospechoso de ese autobús, una vez que los estudiantes que viajaban en éste lo evacuaron, es el que se refiere a las contradicciones del chofer y sus bitácoras en cuanto al destino final del vehículo:

"5) Las contradicciones entre el testimonio del chofer sobre su recorrido posterior, yendo a Jocutla, y la hoja de registro (en el expediente del caso de la PGR el oficio 8700/2015 sin fecha deja constancia de que el bus Estrella Roja de Cuautla 3278 realizó corrida Iguala-Cuautla con horario de salida de 21:10 horas en esa fecha) de esa noche del trayecto de dicho autobús, que señala que salió 10 minutos antes de lo registrado en el video de la estación de autobuses, y cuya hora fue comprobada por el GIEI, que en la hoja de incidencias no se señala que dicho autobús, fue tomado por un grupo de normalistas, así como que refiere que el autobús se dirigió normalmente a Cuautla que sería su destino y no a Jocutla como señaló el chofer en su declaración".

De igual manera el GIEI afirma que el autobús que las autoridades le permitieron revisar difiere del Estrella Roja que aparece en los videos de aquella noche, de acuerdo a peritajes que mandó a hacer el grupo.

En resumen, el GIEI pide que se investigue esta hipótesis (así le llama) del "quinto autobús", pero no aporta evidencias de que fuera un asunto determinante en el caso, o que su existencia pudiera derivar en una explicación distinta de la que se conoce: la agresión de policías al servicio del crimen organizado. 

Informe Ayotzinapa Interdiciplinario

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