18 de Septiembre de 2018

México

Vamos a ver cosas que no hemos visto: Javier Sicilia

Reitera la dura crítica a la estrategia del expresidente Felipe Calderón y llama a construir 'una nueva forma de democracia'.

Javier Sicilia es uno de los líderes más destacados del movimiento social por la paz en México. (Archivo/Agencias)
Javier Sicilia es uno de los líderes más destacados del movimiento social por la paz en México. (Archivo/Agencias)
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Agencias
CIUDAD DE MÉXICO.- Con la llegada de Felipe Calderón Hinojosa al poder, México se vio sumido en una -literal- guerra sin cuartel al narcotráfico, misma que ha cobrado decenas de miles de vidas de civiles e inocentes. Con esa situación, el movimiento de inconformidad social se hizo cada vez más extenso y dio notoriedad a Javier Sicilia, a quien el periodista Al-Dabi Olvera, de la agencia rusa Actualidad RT, realizó una entrevista que se reproduce a continuación.

Lector de la mística Santa Teresa y alumno del pensador austriaco Ivan Illich, Sicilia pasó de ser un poeta crítico a ocupar el centro de un gran movimiento social a raíz del asesinato de su hijo a manos del crimen organizado en 2011.

En aquel entonces, Sicilia lanzó un manifiesto llamado 'Estamos hasta la madre', en el que critica tanto a políticos como a criminales por su búsqueda de dinero por encima de las vidas humanas y de su país.

Javier Sicilia reitera la crítica que desde el primer momento hizo a la guerra que el expresidente panista Felipe Calderón hizo el 8 de diciembre de 2006, hace diez años.

Sicilia, quien acaba de lanzar la novela 'El Deshabitado', en la que cuenta su experiencia como luchador por las víctimas de la guerra mexicana, dijo entonces que no volvería a escribir poesía. Sin embargo, el escritor se ha convertido en un referente de los esfuerzos por la búsqueda de la paz en México.

En las siguientes preguntas, y ante el contexto electoral, Sicilia confía en que la movilización social será la que puede reconstruir al país, y no los partidos políticos.

Hace casi diez años se declaró la guerra contra el narcotráfico, pero hay sectores como las comunidades indígenas que hablan de que esta guerra que vive México desde hace diez años no es contra narcotraficantes, ¿qué opinas de ello?

El pretexto es el narcotráfico, pero como hemos visto a lo largo de estos diez años quien ha sufrido las consecuencias de esta guerra estúpida es la población: 210 mil asesinados, desaparecidos y desplazados, con un nivel de seguridad y de miedo absoluto; ahí están las consecuencias de esta guerra.

¿Qué consecuencias podría traer para México la continuidad de esta política?

Si no hacemos algo los ciudadanos, una plataforma común por la reserva moral del país y crear un proyecto de refundación nacional que tome por las vías usurpadas por las partidocracias, el escenario va a ser peor. La violencia va a ir en aumento. Por ejemplo, ahora existe un proyecto de ley que es la carta y naturalización del estado de excepción con el Ejército en las calles. Vamos a ver cosas que no hemos visto. Esto va a acabar de destruir el país.

¿Qué se busca con esta guerra, su sentido profundo?

Lo que están logrando es la lógica de un Estado totalitario por medio del miedo. Nada más que es un totalitarismo de nuevo cuño. Ya no tiene un componente ideológico, como el totalitarismo comunista o el fascista o las dictaduras militares. El componente es el dinero y esto ha redituado en beneficio de los grandes capitales donde los políticos son los gestores, y son parte del negocio, un aparato de gestión para beneficiarse a sí mismos y al crimen organizado y el crimen legal con las empresas transnacionales.

¿Cómo ha cambiado esta guerra el rostro y el corazón de México?

Lo está llenando de indignación, con miedo, y eso es peligroso. Por eso insisto en que debemos modificar las fuerzas de la reserva moral del país que han mostrado que no quieren violencia, que han demostrado desde el levantamiento zapatista y Ayotzinapa, desde el movimiento estudiantil #Yosoy132 y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que hemos dado muestras de un camino de lucha no violenta. Incluso las policías comunitarias tienen armas en un sentido defensivo. Si podemos hacer una transformación, esa es la pregunta.

Si no llama a todos los demás, no va a resolver la problemática del país, tenemos que ir todos juntos, con un suelo mínimo para ir a un nuevo pacto social y una nueva forma de democracia.

¿Y qué es lo que ha hecho la sociedad civil, Javier? ¿Qué movimientos han surgido y qué han conseguido?

No hemos construido un proceso de largo aliento, terminamos por fracturarnos, muchas organizaciones de víctimas, en Ayotzinapa no se entendió que los 43 era la punta de lanza para las víctimas de país. Los grandes momentos políticos son movimientos como el MPJD, porque aglutinó a la nación y tenía un programa. El Gobierno apostó por dividir a las víctimas. Cuando llega un golpe de esta naturaleza quieres ver tu paso, y se pierde el horizonte.

¿Seguimos hasta la madre o ya se pasmó esta sociedad?

No lo sabría, lo que me preocuparía es que nos instalaran en el miedo que se vuelve un poco inhumano, cuando el miedo es terrible y el ser humano llega a la indiferencia y tienda a la deshumanización. La única manera es si podemos conjugar esas fuerzas y dar una vuelta de tuerca hacia la lucha. Eso tenemos que verlo hacia el 2017.

¿Qué es estar deshabitado, Javier, y por qué se titula así tu nuevo libro?, ¿cómo ayuda la palabra a toda esta situación de guerra?

La palabra es lo de lo humano, estamos hechos de palabras, pero tiene que tener significación cuando la palabra recupera la significación es porque se está deshabitado. Es una lucha por devolverle significación a la realidad para enfrentar la violencia.

La palabra debe ir acompañada por los actos y sigue siendo una posibilidad de recuperación, pero no la palabra vacía de políticos e intelectuales que hablan pero no llenan de sentido de realidad, sino la palabra de algunos sectores que se indignan y que pueden permitir que nos juntemos para llenar el mundo de significación.

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