21 de Septiembre de 2018

México

Metadona, el escape de los adictos a la heroína

Las clínicas de los Centros de Integración Juvenil atienden a unas 400 personas, quienes aceptan el intercambio de sustancias por un año.

Una doctora prepara las dosis para los pacientes, cuyos nombres están escritos en los vasos. (Jorge Carballo/Milenio)
Una doctora prepara las dosis para los pacientes, cuyos nombres están escritos en los vasos. (Jorge Carballo/Milenio)
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Francisco Mejía/Milenio
CIUDAD JUÁREZ, Chih.- En este municipio fronterizo existen por lo menos cuatro mil 700 picaderos, según el último censo de la policía municipal. Todos camuflados. Y los hay de todo tipo, desde los que controla la mafia, hasta los que admiten en sus patios o cuartos a los adictos de la heroína. Son casas donde viven familias completas.

En estos últimos la familia entra y sale: “Los niños llegan de la escuela: es como cualquier casa”.

Son utilizadas como picaderos, porque en el seno de la familia hay uno o varios adictos: “A cambio, como renta, reciben su dosis: 10 rayas de heroína”, cuenta, a condición del anonimato, un adicto a esta droga.

Más específico: “El papá, abuelo, tíos, hijos… empiezan a usar droga porque es como el ambiente. Cuando las mujeres usan droga es muy complicado, pues los niños van de la mano de ellas”.

Para auxiliar a la población adicta a fin de promover el intercambio de jeringas usadas por nuevas y evitar enfermedades como hepatitis C o el VIH existe en Ciudad Juárez, el Programa Compañeros AC.

Su directora, María Elena Ramos, dice que el intercambio de jeringas lo realizan “en tapias abandonadas, hoteles de paso, centro de ciudad y casas habitación…”.

Los adictos las cuentan una por una y entregan las jeringas usadas;  a cambio, reciben el mismo número de jeringas nuevas.

Aparte del efecto nocivo de la heroína y de las enfermedades que contraen los adictos por usar una misma jeringa, está la mala calidad de la droga.

Pero también, muchos de ellos “se inyectan en la garganta, pues ya no hay venas… en brazos o piernas”, dice María Elena.

En ese intercambio de jeringas, también participan los Centros de Integración Juvenil (CIJ). El paquete que reparten consta de preservativos, jeringas nuevas, agua inyectable y almohadillas con alcohol.

Tratamiento de metadona

Los adictos a la heroína reciben de los CIJ auxilio médico para que dejen su adicción.

Para los que han elegido el camino del tratamiento, una pastilla diaria de metadona puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Pero no solo en Ciudad Juárez, sino también en Zapopan, Jalisco y Tijuana, Baja California, existen clínicas de atención con metadona.

Aunque a cuentagotas, el tratamiento de adictos a la heroína, avanza. En esas clínicas se atiende a 400 jóvenes de un total de 30 mil adictos a la heroína que hay en el país, según la Encuesta de Adicciones 2011, narra a Milenio el director general adjunto de Operación y Patronatos de CIJ A. C., Ángel Prado.

Informa que el objetivo “es intercambiar la heroína por metadona; es una sustancia que ocupa el mismo lugar en el cerebro que la heroína”. Es un tratamiento de un año o un poco más.

“Tiene un efecto similar a la droga, pero menores efectos secundarios a los que ocasiona la heroína. La metadona cura los receptores que ocuparía la heroína y produce los efectos de la heroína de estar drogado, pero sin sus efectos maléficos”, dice por separado, el director del CIJ en Ciudad Juárez, David Gómez.

En la clínica de Ciudad Juárez, se encuentra José, quien directo define su estadía en este lugar: “Aquí estoy, aprendiendo a vivir, otra vez”.

Durante 12 años consumió cocaína y “ocho estuve limpio, pero volví a recaer”. Ahora, consumió crack, una droga que, según dice, se consigue fácilmente por 150 pesos en la frontera.

Narra su experiencia con esta droga: “Es la pura paranoia, la pura locura, el alucine... sí, cómo no, puedes llegar a matar”.

“A las alcantarillas”

Los adictos en tratamiento de metadona coinciden en las causas de su adicción: problemas familiares, curiosidad, ocio y en que la mafia está coludida con policías y autoridades.

Hidalgo tiene 37 años y dos hijos de 14 y 16 años. Describe lo que pasa en un picadero: “Entras y luego, luego agarras tu herramienta, volteas un bote y por debajo le pones la sustancia; te dan una jeringa, agua… le untas las unidades de la dosis, agarras tu lugar y te la inyectas…”.

Añade: “Es una casa normal, a veces son galerones grandísimos, llenos; pero ahí todo está controlado. Los mismos encargados están cuidando… si pasa algo nos piden que saquemos a esa persona y la tiremos. Sinceramente en una ocasión, varias, llegamos a tirarlas en alcantarillas…“.

Dice que para él todo eso acabó, pues tiene cuatro años en el tratamiento de metadona.

“¡Perdí todo…!”

Teresa es una mujer de poco más de 40 años. Se volvió adicta a la heroína debido a un dolor de cabeza. Para quitárselo, consumió marihuana, cocaína y “heroína sintética”, pero nada “solo me drogaba, me subía al avión”.

Y se fue desbarrancando. “Perdí todo, mi trabajo, mi familia, mi casa, mis hijos, perdí todo…”.

Ahora, después de un año y tres meses con una pastilla y media diaria de metadona “me siento muy bien, el dolor se me quitó de inmediato y dije ‘yo quiero eso’”.

Otro caso es el de Felipe, quien durante 16 años consumió heroína; en Estados Unidos, estuvo tres veces en la cárcel, hasta que fue deportado. Antes, su familia lo había abandonado. Dice que en Ciudad Juárez hay picaderos en cada esquina y la heroína igual “se consigue fácilmente”.

Con tres años de tratamiento, consume dos pastillas de metadona al día; confirma: “sí, ayuda mucho…”.

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