14 de Noviembre de 2018

México

Miedo en una agencia ministerial sólo por una foto

Gamaliel Lezama Paz se metió en tremendo problema sólo por tomar una foto de lo que creyó un acto ilegal.

Su calvario empezó cuando supo que ella era funcionaria y él agente de Investigación. (Milenio)
Su calvario empezó cuando supo que ella era funcionaria y él agente de Investigación. (Milenio)
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Humberto Ríos Navarrete/Milenio
MÉXICO, D.F.- Han pasado 25 días de aquel suceso, en el que se vio involucrado solo por fotografiar lo que creyó un acto ilegal, y Gamaliel Lezama Paz, de 27 años, no deja de vivir en la incertidumbre, al recordar las 14 horas que permaneció detenido en una agencia del Ministerio Público de Azcapotzalco, ubicada sobre la calle 22 de Febrero, donde percibió un sañoso complot en su contra, encabezado por una funcionaria.

—¿Tienes miedo, Gamaliel?

—Sí, y ahora más que antes —dice—porque pueden viciar el proceso con otra falta; además, temo por la integridad de mis familiares.

—¿Crees que sean capaces?

—Sí, tanto las autoridades ministeriales como los pejotas —advierte el enfermero del IMSS, refiriéndose a policías judiciales, ahora llamados de Investigación.

En su memoria todavía guarda el final de aquella detención, debilitado durante la madrugada, cuando servidores públicos cambiaron de actitud y le pidieron consejos y favores, una conducta que aún no asimila bien, ni encuentra cómo calificar ese proceder, que por un momento llama “cinismo”, aunque no esté muy convencido, para luego mover la cabeza y con un gesto de fastidio agregar:

—Yo les decía que sí, ajá…

Foto a una funcionaria 'influyente'

Eran las 15:30 horas del 19 de junio. Gamaliel estaba en su vocho amarillo con su novia Itzel Álvarez, a quien todos los días acompaña para que aborde un micro rumbo a su trabajo.

De pronto les llamó la atención que un hombre, seguido de una mujer, desinflara la llanta de una camioneta Lincoln, estacionada del otro lado de la calle 22 de Febrero, y más les extrañó que estuvieran frente a una agencia del Ministerio Público, por lo que desenfundó su Ipod y empezó a fotografiar.

Y rieron.

Después sabrían que aquél era un policía de Investigación, de apellido Licona; y ella, Alejandra Patricia Botello Plata, oficial secretaria del Ministerio Público. Y que aflojaban los neumáticos para que no se robaran el auto, como había sucedido una semana atrás con un tráiler.

En eso estaban cuando la mujer, de vestido verde esmeralda y zapatos de tacón, los miró y algo comentó a su acompañante, para luego dirigirse hacia ellos. Y Gamaliel, luego de verlos sobre el camellón, descubrió que el hombre traía una pistola en su cuadril, por lo que le dio el Ipod a Itzel.

Y ya frente a ellos la mujer insistió en reclamar que por qué le tomaba fotos, pero Gamaliel, “por miedo”, lo negó una y otra vez, a lo que ella, recuerda el enfermero, agregó: “Hasta putito eres…” Él bajó del auto. “Mi amor”, le dijo, “es que no te estoy tomando fotos”. Ella respondió: “Mi amor nada, por qué me estás tomando fotos”.

—No te estoy tomando nada. Cálmate.

—¿Ves cómo te faltan huevos? Yo si quiero, te remito.

—Ay, ajá —expresó Gamaliel y extendió las manos—, no puedes porque yo conozco mis derechos y no estoy cometiendo ningún delito.

—¡Tú no tienes derechos…!

Él se quedó serio y ella sacó un teléfono y caminó hacia la agencia del Ministerio Público. El policía encogió los hombros cuando Gamaliel le preguntó: “¿qué hago?, ¿me voy o qué?”.

La mujer regresó, acompañada de dos policías preventivos y de Cutberto Flores, agente del MP, quien exigió a Gamaliel mostrar las fotos, pero él lo negó otra vez.

—A él es al que quiero que presenten —ordenó la mujer a los policías.

—¿Por qué, si no he cometido ningún delito?

—Vamos a ir con el juez cívico.

Pero ya frente a la puerta del juez cívico, Cutberto ordenó que lo llevaran a la agencia.

“Ahí fue cuando de verdad sentí miedo”, dice Gamaliel, quien no quería cruzar la puerta, donde lo esperaban Cutberto, Licona, Botello y otro empleado.

Las dos personas estaban desinflando las llantas de una camioneta frente al MP de Azcapotzalco.

“Ya deja de jugar y pasa”, le dijeron. “Tengo miedo, si quieren me disculpo con ella”, respondió, y en eso apareció otra mujer, Claudia Argüello, y le dijo: “ya pásate, allá adentro podemos arreglar las cosas”.

Y obedeció.

“¿Por qué le tomaste foto? La licenciada está muy enojada”, preguntó Argüello, pero Gamaliel negó esa afirmación que le repetían. Enseguida le mostraron el Código de Procedimientos Penales para el DF, donde se tipifica el delito de “ultraje a la autoridad”.

Y sintió pánico...

Después de escuchar el nombre del supuesto delito, Gamaliel sintió un cansancio profundo y lo pasaron con el médico legista, quien le preguntó:

—¿Por qué delito vienes?

—Por ultraje a la autoridad. Es que tuve un conflicto con una chica de aquí —dijo, mientras la describía.

—Uh, chavo, es la chica plástica. Es un alacrancito. Además, aquí dice que vienes por daños en propiedad ajena; arregla eso.

Lo regresaron a la mesa del MP, cerca de una oficina rotulada con el nombre de “Alejandra Patricia Botello Plata”, quien, luego de escuchar una propuesta de los preventivos, recuerda Gamaliel, respondió: “no, déjenlo, aquí va a aprender”.

Y sintió más miedo.

Un policía de Investigación bromeó diciéndole que no lo iban a meter con cualquier detenido, pues ahí también había gente “estudiada”, pero lo metieron a una crujía vacía. “Sáquenlo, él puede estar en área libre”, ordenó Argüello, quien volvió a preguntar por las fotos y lo calificó de “hablador”, pero él volvió a negarlo.

Lo regresaron a las galeras. La madre de Gamaliel quiso hablar por el teléfono rojo a la Visitaduría de la PGJDF, pero el agente le dijo que “no complicara las cosas”, pues de lo contrario no ayudarían a su hijo.

Al día siguiente, a eso de las 01:40, entró una chica y le dio a firmar un papel en el que decía que todos ahí se habían conducido con respeto, etcétera, pero él se negó a firmar. Le dijo que era un requisito para que pudiera declarar.

Más tarde Claudia Argüello expuso a la madre de Gamaliel que éste la había mencionado en su declaración, por lo que no la ayudaría con la afianzadora, así es que “tiene dos horas para traer el báucher del pago; si no, su hijo se va al reclusorio”.

Lo volvieron a pasar con el médico legista y luego a las galeras. Un agente de Investigación le preguntó que si en la clínica del IMSS podían vacunar a su hija contra el virus del papiloma; otro, más joven, le pidió ayuda con una resonancia magnética para su esposa, enferma de la columna. Él respondía que sí.

Y ya a las 04:30, cuando iba a firmar la declaración, Claudia Argüello le preguntó, mientras mostraba la parte de abajo del bíceps izquierdo: “¿Ahí donde trabajas ponen esto que va aquí en el brazo?” Él respondió que sí y ella preguntó que si lo recomendaba. Él explicó los pros y los contras y mencionó el dispositivo intrauterino.

Esa madrugada la familia de Gamaliel pagó 9 mil 500 pesos de fianza. Un día después se dio cuenta de que habían escrito mal su domicilio. Esto le hizo pensar que había sido con dolo para que no le llegara el citatorio y así caer en desacato, por lo que su abogado —hasta ahora le ha pagado siete mil pesos— envió su caso a siete instancias de gobierno federal y local, así como a comisiones de derechos humanos.

Botello Plata, mientras tanto, guarda un silencio, pues ya dijo lo que tenía que decir. “Cuando me leyeron la declaración de la acusante —escribió Gamaliel en las redes sociales, donde ya tiene 13 mil seguidores y dos páginas que diseñaron para su causa— era una falacia, porque nada de lo que había puesto era verdad, exagerando y poniendo palabras de que yo me había puesto violento y tratando de traficar con influencias”.

Los sobresaltos terminarán o crecerán este lunes, cuando acabe la entrevista que Gamaliel tiene con el fiscal de Azcapotzalco, de cuya oficina le hablaron por teléfono. Las comisiones de derechos humanos, por su parte, mantienen bajo la lupa su caso.

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