13 de Diciembre de 2017

México

De la vista nace... el acoso sexual

PGJDF indicó que en dos años han recibió 78 denuncias, de las cuales ninguna llegó a sentencia condenatoria.

Una mirada o una palabra lasciva es violencia sexual hacia las mujeres, pero son actos que casi nunca se denuncian. Imagen de contexto solo para fines ilustrativos. (Christian Coquet/SIPSE.com)
Una mirada o una palabra lasciva es violencia sexual hacia las mujeres, pero son actos que casi nunca se denuncian. Imagen de contexto solo para fines ilustrativos. (Christian Coquet/SIPSE.com)
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Leticia Fernández/Pedro Domínguez/Milenio
CIUDAD DE MÉXICO.- Una mirada o una palabra lasciva es violencia sexual hacia las mujeres, y aunque puede derivar en el delito de acoso sexual, simplemente son actos que casi nunca se denuncian y en consecuencia difícilmente se castigan.

En los últimos dos años la Procuraduría General de Justicia capitalina tomó conocimiento de solo 78 casos, es decir, tres denuncias cada mes, y de éstos ninguno llegó a sentencia condenatoria.

Las palabras lascivas o las miradas que incomodan a las mujeres son difíciles de comprobar científicamente, además de que la mayoría de las denuncias terminan con una conciliación.

Jueces del Tribunal Superior de Justicia capitalino explican que el acoso sexual es un delito menor que se persigue por querella, lo que permite que la agraviada conceda el perdón al procesado.

“Desde que comenzó el nuevo Sistema de Justicia Penal Acusatorio no se nos ha canalizado ningún expediente por acoso sexual derivado de palabras o miradas lascivas, y estamos hablando de enero de 2015”, recordó uno de ellos.

En cuatro años, los jueces recibieron 15 mil 31 solicitudes de mujeres víctimas de violencia o en riesgo de serlo

Pero estas acciones de violencia que hoy en día trata de erradicar la autoridad capitalina con mayor vigilancia policiaca en las calles y el transporte público, lanzamiento de aplicaciones tecnológicas y campañas informativas, simplemente ya estaban descritas desde 2008 cuando se publicó la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

El documento que avalaron los diputados locales describe los tipos de violencia contra las mujeres que van desde la psicoemocional hasta la económica, pasando por la agresión física, patrimonial, sexual, contra los derechos reproductivos y feminicidio.

Es en la violencia sexual donde se contemplan las miradas y palabras lascivas como forma de agresión hacia el sector femenino.

“La violencia sexual es toda acción u omisión que amenaza, pone en riesgo o lesiona la libertad, seguridad, integridad y desarrollo psicosexual de la mujer como miradas o palabras lascivas, hostigamiento, practicas sexuales no voluntarias, entre otras”, resalta la ley.

De acuerdo con la valoración que hacen los jueces, la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia es una herramienta jurídica preventiva y que ha servido para emitir medidas de protección a favor de las mujeres víctimas de agresiones.

Un informe del Poder Judicial señala que en cuatro años, los jueces recibieron 15 mil 31 solicitudes de mujeres víctimas de violencia o en riesgo de serlo, de las cuales 89 por ciento fueron concedidas.

Las estadísticas del TSJ establecen que en este tiempo los jueces penales y de delitos no graves concedieron 12 mil 631 medidas de protección y dos mil 398 fueron negadas, porque en la solicitud integrada por el Ministerio Publico no había pruebas suficientes para acreditar el riesgo de la mujer.

Esta ley establece que “las medidas de protección son el conjunto de acciones que deben realizar las dependencias en favor de las mujeres víctimas de violencia o en riesgo de serlo, para salvaguardar su integridad física y psíquica, así como su patrimonio”.

Dos tipo de acosadores

En el transporte público de la Ciudad de México hay dos tipos de acosadores identificados: los oportunistas, que aprovechan las aglomeraciones para molestar a las mujeres, y los que suben específicamente para agredirlas, aseguró la titular del Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México, Teresa Incháustegui.

En entrevista con Milenio, explicó que hay también dos rangos de edad de los agresores, de 17 a 29 años que prefieren molestar a mujeres adultas, y otro grupo de 45 a 60, tendientes a acosar a jovencitas.

Explicó que el acoso y abuso a la mujer en el transporte público puede ser tan grave como un tocamiento o un roce con los genitales expuestos, persecución, tomar fotografías y videos o bien de menor intensidad como miradas, insinuaciones obscenas y silbidos.

“La idea es que tuviéramos un instrumento jurídico muy consensuado pero además muy eficiente, porque lo que necesitamos es reparar el daño, brindarles el acceso a la justicia efectiva porque las sanciones a todos estos eventos son muy bajas, son mínimas”, expresó.

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