21 de Septiembre de 2018

México

Ellos llegaron a Ayotzinapa buscando un mejor futuro

Uno de los jóvenes desaparecidos, de apenas 18 años, quería ser maestro para ayudar económicamente a sus padres.

La desaparición de los jóvenes ha atraído las miradas de todo el planeta y ha levantado cuestionamientos al Estado mexicano sobre el manejo de la crisis de seguridad que vive el país. (Archivo/Excélsior)
La desaparición de los jóvenes ha atraído las miradas de todo el planeta y ha levantado cuestionamientos al Estado mexicano sobre el manejo de la crisis de seguridad que vive el país. (Archivo/Excélsior)
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Agencias
MÉXICO, D.F.- El paradero de los 43 normalistas de Ayotzinapa continúa siendo un misterio. Ellos tienen rostro, sueños y familias que los esperan. Algunos buscaban salir de la pobreza y otros simplemente quieren enseñar. 

El caso ha llamado las miradas de todo el mundo y levantado la indignación de la comunidad estudiantil: ayer en Chilpancingo, el Palacio de Gobierno de Guerrero fue incendiado por normalistas enfurecidos ante los escasos avances en las investigaciones sobre el paradero de sus compañeros. 

El martes, la PGR descartó que los primeros restos hallados en fosas clandestinas de Iguala correspondan a algunos de los jóvenes.

Conoce las historias de 10 de los estudiantes desaparecidos que presenta Milenio en su sitio web. 

Miguel Ángel dejó el poblado guerrerense de Apango para mudarse a Tixtla, donde se encuentra la Normal Rural de Ayotzinapa. En el pueblo, él y su hermano Tanislao eran conocidos por la peluquería de sus padres. Sergio Mendoza, amigo de su hermano, dice que lo conocía del pueblo, que es muy amigable, bajito de estatura y de piel clara.

Alexander tiene 21 años y es originario de El Pericón, municipio de Tecoanapa, Guerrero. Le gusta jugar futbol. Su hermana Saena dice que entró a la Normal Rural de Ayotzinapa en su segundo intento. Estaba muy emocionado por haberse quedado en la normal porque quería ser profesor, dice su padre Ezequiel. Es un muchacho 'quieto', dice. Don Ezequiel no se explica por qué desaparecieron a su hijo.

Christian Tomás Colón Garnica, de 18 años, es el menor de seis hermanos. Su familia lo describe como "respetuoso, responsable, reservado y muy estudioso". Quería ser maestro para ayudar económicamente a sus papás. Es originario de Oaxaca.

Israel, de 19 años, originario de Chilpancingo traía su celular con él cuando sucedieron los ataques. Estudiaba el primer año en la Normal de Ayotzinapa. Después de la balacera habló por teléfono con su mamá Ernestina y su hermano Rubén. Les contó que les habían disparado. Pero esa fue la última vez que escucharon su voz.

Era la primera semana de Martín, de 20 años, en la Normal Rural de Ayotzinapa cuando policías municipales les dispararon. Después de ese viernes la familia no volvió a saber de él. Su primo Javier dice que toda la familia Sánchez está enojada y muy triste, pero tiene fe en que Martín va a regresar. Dice que cuando él regrese harán una fiesta, una gran comida. Porque va a regresar, ¿verdad?, pregunta Javier.

Eduardo tiene 21 años y es originario de Tixtla, Guerrero. Su tía Ana Celi dice que él quería ser alguien, enseñar a sus vecinos. El último día que hablaron con él fue el 26 de septiembre. Les dijo que iba a Iguala a botear junto con sus compañeros. Su mamá tiene cáncer y desconoce que su hijo está desaparecido.

Dorian, de 19 años, es muy estudioso. Su tío Baltazar cuenta que se encerraba a estudiar. Él y su hermano Jorge Luis son originarios de Xapatláhuac, Guerrero. Según Baltazar, Dorian quería ser profesor "porque estaba intentando superarse económicamente". Dice que los padres de los hermanos González Parral ya entregaron pruebas de ADN al gobierno de Guerrero.

Jorge Luis, de 21 años, era más relajiento que Dorian, su hermano menor. Ambos cursaban el primer año en la Normal de Ayotzinapa. Lo último que su familia supo de ellos fue que irían a una actividad de la escuela a Iguala. Su madre está tan triste por la desaparición de sus hijos "que no habla ni quiere salir", dice Baltazar, tío de los muchachos. Explica que Jorge Luis quería estudiar, porque su familia se dedica a cosechar y "el campo no deja".

Mauricio tiene 19 años. Llegó a vivir a Ayutla de los Libres con su tía Eulogia para estudiar la secundaria debido a la pobreza de su padre, un campesino de la región guerrerense de La Montaña. Aprendió carpintería."Mauricio es un joven muy trabajador", dice su tía. El joven dejó la carpintería para entrar a estudiar a la Normal Rural de Ayotzinapa, donde estudiaba el primer año, porque quería superarse y ayudar a su familia a salir de la pobreza.

César, de 21 años, nació en Huamantla, Tlaxcala. Su papá dice que se fue a Guerrero a la Normal de Ayotzinapa porque quería ser profesor.

(Información de Milenio)

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