15 de Octubre de 2018

México

El arte mexicano creado para romperse

Melesio Vicente Flores y Cecilia Albarrán González han preservado esta práctica durante los últimos 25 años, el cual han vuelto un negocio familiar.

Jasmín Membrillo y su hija eligen una piñata de Olaf, personaje de la cinta de Disney "Frozen: Una aventura congelada", en el mercado La Merced en la Ciudad de México. (Agencias)
Jasmín Membrillo y su hija eligen una piñata de Olaf, personaje de la cinta de Disney "Frozen: Una aventura congelada", en el mercado La Merced en la Ciudad de México. (Agencias)
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Agencias
MÉXICO, D.F.- Cultores de una tradición de siglos, la piñata, Melesio Vicente Flores y Cecilia Albarrán González se han pasado los últimos 25 años haciendo sofisticadas figuras de papel maché rellenas con golosinas que alguien destrozará con un palo.

Sus piñatas están dirigidas a un pequeño mercado de gente que quiere productos "artísticos" y que le prestan mucha atención a los detalles. Pero son una excepción en un mercado en el que abundan las piñatas baratas. Desde la casa de la pareja, donde funciona también su taller, se ven tres techos llenos de piñatas que se están secando.

En el edificio de cuatro plantas ubicado en una colina al este de la Ciudad de México, la pareja hace piñatas de cartón con las imágenes de personajes como Mickey Mouse a ser usadas en los cumpleaños de niños o caricaturas de políticos a ser vapuleadas en manifestaciones de protesta.

Ambos cincuentones, comenzaron a hacer piñatas en 1989 y luego incorporaron al negocio familiar a su hija Elvia Vicente Albarrán y su yerno Guillermo Luna Martínez.

En el techo de la vivienda que comparten, Luna cubre moldes de cemento con formas de cuerpo humano con diarios y los pone a secar. Un piso más abajo, madre e hija cortan los diarios en tiras, las pegan con engrudo a los cartones luego de ser cortados usando moldes y Vicente ensambla los distintos trozos y le da forma al personaje.

Una vez secadas al sol, entran las piñatas para pintarlas. Coloridos papeles y cintas adhesivas dan vida a ojos, cabellos y otros detalles.

Toma dos días hacer una piñata durante la temporada seca y el doble en épocas de lluvia. Entre los cuatro pueden producir de 40 a 60 piñatas semanales.

"Es un trabajo duro y hay que estar pendientes de muchas cosas, no hay tiempo de aburrirse. El tiempo vuela", dice Albarrán.

Entre las perennes favoritas están el Hombre Araña y Buzz Lightyear. En estos momentos están muy en boga los personajes de la cinta de Disney "Frozen: Una aventura congelada" y Albarrán dice que "las princesas jamás pasan de moda".

Lo que el cliente pida

Los vendedores de piñatas mantienen a los fabricantes al tanto de lo que pide la gente. Gerardo Moreno Alejo, quien vende piñatas en La Merced, uno de los mercados más grandes de la capital, dice que los estudiantes universitarios querían piñatas del presidente Enrique Peña Nieto a fines del año pasado, en medio del furor por la desaparición de 43 estudiantes de una escuela rural.

Albarrán afirma que los fabricantes que se incorporaron hace poco al negocio venden productos de calidad inferior más baratos, lo que ha hecho que mucha gente buscase otra ocupación. Las piñatas que fabrica su familia, más delicadas que el promedio, se venden por 180 pesos, o 12 dólares, mientras que otros fabricantes que emplean materiales más baratos las venden por mucho menos. Y los compradores tienden a buscar lo más barato.

"Antes vendíamos 100 a la semana, ahora 50", comentó Vicente. "Sacamos lo justo para vivir". De todos modos, esperan poder seguir haciendo piñatas mucho tiempo.

"No nos queremos hacer ricos", dijo Albarrán. "Nos gusta nuestro trabajo".

(Reportaje de Rebecca Blackwell de The Associated Press)

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