26 de Septiembre de 2018

México

El precio del amor en las comunidades indígenas

Para poder contraer matrimonio, los hombres ofrecen ganado, grupos musicales y mezcal.

A pesar que los tiempos han cambiado, algunas comunidades indígenas siguen usando el dote cuando alguna pareja contrae matrimonio. Foto de contexto. (Archivo/Notimex)
A pesar que los tiempos han cambiado, algunas comunidades indígenas siguen usando el dote cuando alguna pareja contrae matrimonio. Foto de contexto. (Archivo/Notimex)
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Agencias
CIUDAD DE MÉXICO.- En comunidades con asentamientos indígenas, las tradiciones relacionadas con el romance como el cortejo en el noviazgo y las pedidas de mano siguen vigentes, con la diferencia de que las formas se han adaptado a los tiempos modernos.

Tal es el caso de Fredy Azaín Vicente, de 24 años, él pertenece a la comunidad zapoteca de Heroica Ciudad de Juchitán de Zaragoza, Oaxaca; en noviembre de 2014 contrajo matrimonio con Patricia, una joven zoque, oriunda de Santo Domingo Zanatepec.

El noviazgo entre Fredy y Patricia se desarrolló de forma habitual, ambos se conocieron y decidieron unirse a través del registro civil, no obstante, sin dejar atrás las costumbres de sus comunidades, optaron por realizar la tradicional pedida de mano.

Debido a que ambos pertenecen a grupos con tradiciones distintas, la pedida de mano fue una combinación de ambas.

“En mi caso, tuve que llevar a las personas de mayor edad en mi familia a la casa de los padres de Patricia. Llevas comida, bebidas y gallinas vivas, aunque eso ya casi no se da.

“Llevas en especial a un hombre mayor, quien va a fungir como tu mediador entre la familia de la novia y tu familia, a esta persona se le llama Chagola, o sea, mediador.

En México, al menos una de cada cinco mujeres entra en unión conyugal antes de cumplir los 18 años de edad

“Como esta persona resuelve las disputas entre los futuros esposos, tiene que ser alguien mayor y de respeto. Él acuerda la fecha de la boda y lo que vas a dar a los padres a cambio de la novia.

"Antes tenías que entregar ganado, panes y bebidas; ahora piden ganado, mole, gallinas y conjuntos musicales para la boda. Aunque eso es cuando se casa uno por la iglesia, si es por el civil no piden nada, lo deben de dar los padrinos del novio, pero en mi boda, aunque fue por el civil, di un ganado, dos grupos musicales, mole y el traje regional para mi esposa; cuando te casas por el civil, la novia debe vestir de traje regional y si es por la iglesia, de vestido”.

“En Zanatepec, en la boda se sientan dos mujeres mayores en la entrada y le gritan ‘pariente’ a quienes van llegado, para que dejen dinero en un traste. Después hacen un baile al que le llaman El pájaro. Se mueven alrededor de los novios cargando unas ollas arregladas con formas de garza; estas ollas las dejan caer a los pies de los novios en señal de que entre más se rompan las ollas, más tiempo durará el matrimonio; usualmente las pedidas y las bodas son en lenguas maternas, pero en este caso como ellos hablan zoque, pues fue en español; me gasté alrededor de 80 mil pesos en pedir a Patricia, la boda y la fiesta”.

En la etnia Chatina, originarios de Santos Reyes Nopala, hay similitudes para realizar este rito, afirma Francisco Reyes Matus.

“Para pedir a una mujer, primeramente el hombre debe asegurarse que está soltera, puesto que la pedida puede ser de andar, es decir, que los contrayentes ya se hayan conocido o tengan alguna relación de noviazgo (ésta es la más utilizada actualmente), o la de ‘a ciegas’, que es cuando al varón le gusta alguna mujer y solo acude a la casa de sus padres para pedirla.

“En ambos casos se realizan tres pedidas, en la primera también se acude con una comitiva liderada por el anciano de la familia y los padres del hombre. En esta reunión solo se habla del interés del varón porque su futura esposa tenga una vida segura”; en esta pedida se lleva un poco de maíz, panes y mezcal.

“En la segunda pedida, mejor conocida como respuesta, es cuándo el hombre acude con la misma comitiva, pero esta vez son recibidos por los padrinos de bautizo de la mujer y dos líderes de la comunidad. En este caso se llevan los mismos presentes a la familia, solo que se aumenta la cantidad de mezcal y se agregan cigarros; aquí se da la respuesta a la petición de matrimonio, y si la respuesta es no, el hombre se retira, pero si la respuesta es positiva, los dos ancianos de cada parte continúan la plática, puesto que la creencia dice que si se cruza palabra entre otros familiares es de mala suerte.

“En la última visita se muestra a la novia; se llevan diversos regalos como un guajolote con colgantes (una caja de cerillos y una caja de cigarros), una canasta de pan, una molienda de chocolate, una maquila de maíz, todo los recaudos e ingredientes para un mole, una botella de tepache de caña, una botella de mezcal y un cartón de cerveza. El novio en específico lleva un tercio de leña en la espalda en señal de ser bueno trabajando el campo.”

“Después de haber entregado y contado el presente, los invitados se quedan afuera compartiendo, mientras las comitivas principales y los novios se meten a un cuarto donde se hace la presentación y el cambio de rosarios, en este rito los novios ponen un sahumador con copal en medio del que sacarán el rosario y se los intercambiarán como sello del compromiso y aceptación del trato.

“Finalmente, se bendice con una vela a los novios y se acuerda la fecha para la boda sellando la pedida con la quema de cohetes —según la creencia Chatina, así se avisa a Dios de la boda—”.

Uniones tempranas

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha alertado que las jóvenes hablantes de lengua indígena presentan proporciones muy elevadas de matrimonio infantil, superiores al 40 por ciento en Chiapas, Guerrero y Veracruz.

En México, al menos una de cada cinco mujeres entra en unión conyugal antes de cumplir los 18 años de edad.

La  Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) ha alertado que persiste en comunidades indígenas, la práctica de que tras un abuso sexual, se obliga a niñas o adolescentes a contraer matrimonio con su propio agresor, en una especie de trata de moderna.

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