19 de Junio de 2018

México

'Prójimo es todo ser humano, especialmente el necesitado'

El cardenal Norberto Rivera pide no reducir los prójimos a lazos de sangre, clase social o ideología política.

El hombre no se contenta con enjuiciar los actos laudables, aseguró el prelado. (Notimex)
El hombre no se contenta con enjuiciar los actos laudables, aseguró el prelado. (Notimex)
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Agencias
MÉXICO, D.F.- El arzobispo primado de México, Norberto Rivera Carrera, exhortó a ayudar al prójimo y dejar de ser jueces de los actos e intenciones de los demás.

"Es muy fácil que ante nuestro tribunal pasen personas e instituciones que se esfuerzan por llevar algún alivio al caído, y para justificar nuestra falta de compromiso sencillamente las descalificamos, porque, según nosotros, son hipócritas, pues hacen eso para que los vean".

Los acusamos de que "son asistencialistas y no ven el desarrollo completo de la persona, son proselitistas, ya que actúan por un fin partidista o confesional, son alienantes porque dan el pez y no enseñan a pescar, etc..."

Sin embargo, "para el seguidor de Cristo, la única postura válida ante la presencia constante del que está herido al borde del camino es la del que se pregunta con sinceridad: "¿quién es mi prójimo?", señaló el cardenal en su homilía de este domingo en la Catedral Metropolitana, de la ciudad de México, según informó Notimex.

Es decir, la del hombre que no se contenta con enjuiciar la actitud laudable o vituperable de los demás, sino que toma cartas en el asunto y se interroga sobre su deber en este camino largo y accidentado de la historia humana, donde todos tenemos nuestro papel, y ciertamente, no sólo de jueces de los demás.

De acuerdo con Rivera Carrera, prójimo es todo ser humano, especialmente el necesitado, ¿y quién no lo está?, interrogó, por eso, "no hay que reducir los prójimos a las categorías de la sangre, la clase, la nación, el partido, la fe o el grupo; pero tampoco quedarse en un prójimo etéreo, lejano, inasequible".

Se trata, puntualizó el prelado, "no sólo de dinero, sino de darle a la persona concreta que, en su situación habitual o esporádica, reclama de nosotros un poco de tiempo, cariño, comprensión, compasión, consejo, ejemplo, gestión y compañía".

Al citar la parábola del Buen Samaritano, el arzobispo primado de México, consideró que "amar al prójimo, acercarse al hermano tirado en el camino, debe ser una consecuencia del hecho de que Dios nos ha amado, se ha acercado a nosotros".

"Intencionadamente, Jesús nos pone como malos ejemplos a un sacerdote y a un levita, para hacernos ver que ni siquiera el culto divino que ellos seguramente iban a practicar es argumento eximente de la ley máxima religiosa y moral, que consiste en ayudar al necesitado".

Por tanto, concluyó, "no podemos poner como excusa para dejar de cumplir el mandamiento del amor al prójimo, el culto a Dios; mucho menos, lógicamente, cualquier otro argumento, como el negocio, la prisa, la diversión, la comodidad o el dinero".

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