15 de Diciembre de 2017

México

'Mi propuesta para el AICM era más económica y sustentable'

Francisco González Pulido, participante en el proceso de licitación, dijo que su proyecto era más factible que el de Norman Foster y Fernando Romero.

Francisco González Pulido asegura que ninguno de los arquitectos mexicanos que participaron tiene experiencia en terminales de gran envergadura. (wordpress.com)
Francisco González Pulido asegura que ninguno de los arquitectos mexicanos que participaron tiene experiencia en terminales de gran envergadura. (wordpress.com)
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Roberto Valadez/Milenio
MÉXICO, D.F.- La construcción del nuevo aeropuerto aún no inicia y la polémica continúa a su alrededor. Ahora porque la firma de arquitectura internacional Jhan, presidida por el mexicano Francisco González Pulido, participante en el proceso de licitación, afirma que su propuesta era 30 por ciento más económica y sustentable que la ganadora, de Norman Foster y Fernando Romero.

Es más, enfatizó el directivo, ninguno de los arquitectos mexicanos que participaron tiene experiencia en terminales de gran envergadura, puros proyectos pequeños, mientras que ellos terminaron el aeropuerto de Bangkok, Tailandia, en 2009, con un tráfico anual de 60 millones de pasajeros, y la ampliación del O’Hare, de Chicago.

¿Cómo fue su experiencia en el concurso para el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México?

La verdad, a mí me sorprendió la decisión, yo quedé en segundo lugar en la Terminal 2 del AICM. Me considero un candidato perfecto para el proyecto, porque hemos hecho la terminal de United Airlines en Chicago y los aeropuertos de Colonia, Alemania, y de Bangkok.

Había una experiencia muy fuerte, me sentía el candidato ideal, porque la premisa de la invitación era que deseaban un arquitecto mexicano y estaba obligado a tener un socio internacional con experiencia en ese tipo de proyectos, desde esa perspectiva era yo el único que cumplía con ese requisito, nadie más.

De los arquitectos mexicanos que participaron, ninguno tiene una experiencia en terminales de más de 10 millones de pasajero o incluso menos.

¿Cuál era tu propuesta para el aeropuerto?

El terreno no es el ideal para un aeropuerto, pero no hay otro, no existe otra opción. La realidad es que el suelo es malo en México, pero es una cuestión técnica, al final, hay manera de resolverlo y nosotros propusimos una, que era factible en cuestión de tiempo, para abrirlo en este sexenio. Nuestra propuesta incluía no perforar todo el subsuelo, ya que eso llevaba mucho tiempo y, en consecuencia, un mayor costo, sino traer tecnología para ponerla sobre el agua, como un portaaviones y empezar a construir sobre ella. Son ideas de ingenieros alemanes y mexicanos.

¿Por esa cuestión tu oferta era más económica?

En el aspecto en que íbamos a tener un beneficio muy importante era en el tiempo, porque en esos proyectos tiempo es más dinero. Lo importante aquí era reducir el lapso de edificación, por lo que nuestra propuesta hubiera costado 30 por ciento menos.

¿Y la parte técnica?

Lo primero que me plantee era tener una estructura muy ligera, que eso es muy importante, porque entre más peso le metas al edificio menos ayuda a la cimentación, por eso pensé en material textil; si comparas el proyecto ganador con el mío, el otro pesa mucho más, además de tener consideraciones energéticas mucho mejores.

Tú no quieres un domo de cristal, como sucede con el proyecto que eligieron, porque en verano será un horno y enfriarlo va a tener un costo energético grandísimo. Yo propuse unos tipos de paraguas de textil de alto rendimiento, donde la gran ventaja es la posibilidad de filtrar la luz natural. Así, 95 por ciento del tiempo del día no había que prender la luz. Calculamos un ahorro de energía de 60 por ciento.

¿Hubo una decisión política o hubo conflicto porque uno de los participantes es yerno de Slim?

Es una situación difícil de juzgar, nunca tienes suficientes elementos para evaluarlo. No tengo herramientas para decir si fue de esa manera; Norman Foster es un arquitecto reconocido a escala mundial, pero hubiera sido muy bonito que el aeropuerto fuera hecho por mexicanos. Se estaba trayendo a Jhan, que es una firma internacional mexicana. En cualquier país lo de los aeropuertos es algo muy político. Con la terminal de Bangkok, Tailandia, fue un proceso similar, pues se llegó al punto de presentan nuevos argumentos para defender la propuesta.

¿En México qué proyectos tienes?

Solo tenemos uno. La construcción de un invernadero en Oaxaca va a ser mi primer proyecto en el país; es un edificio pequeño, de 11 por 11 metros de base por cinco de altura, en los jardines de Santo Domingo, sin aire acondicionado y con cristal.

Sobre las propuestas que están en el tintero, estoy muy cerca de cerrar las pláticas para diseñar un centro cultural en el Distrito Federal, que trae un componente social muy importante, ya que se encuentra en una zona complicada y que necesita inyección de esperanza.

¿En el mundo, qué trabajos tienes?

Dos proyectos de oficinas en Moscú y Ufa, Rusia, además de un centro de convenciones en Qatar, la torre más alta en Varsovia, y uno en Nueva York, cerca del Worl Trade Center, que se llama Fifty West. China representa 55 por ciento de mis ingresos; seguido de Rusia, con 20; Asia Central y Europa, con 15, y el restante 10 por ciento en todas las demás naciones.

¿Cuál es la historia de tu firma de arquitectura?

De mucha tradición en Estados Unidos y consolidada a escala global, considerada una de las 10 firmas más importantes del mundo; mi oficina central se encuentra en Chicago y hay oficinas en Berlín, Shanghái y Qatar.

Jhan tiene más de 100 años de historia, yo entré en 1999 y mi idea era quedarme un año, pero nos entendimos bien y hace cinco años soy el presidente y lo controlo; prácticamente diseño todos los proyectos, manejo la operación de la firma y abro los nuevos negocios y la relación con los clientes.

¿Qué proyectos emblemáticos han realizado?

Nos especializamos en aeropuertos y edificios altos. Tengo dos torres en China de más de 400 metros y una en Qatar de 560 metros. Abarcamos desde oficinas residenciales y bibliotecas hasta estadios. 

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