23 de Abril de 2018

México

Las Rastreadoras buscan a desaparecidos de Sinaloa

Son conocidas como Las Rastreadoras y son lideradas por Mirna Medina, quien decidió buscar a su hija tras la negativa de las autoridades de apoyarla.

Con palas y picos, Las Rastreadoras salen al menos dos veces por semana a buscar en fosas los restos de sus familiares. (facebook.com/mirnanereida)
Con palas y picos, Las Rastreadoras salen al menos dos veces por semana a buscar en fosas los restos de sus familiares. (facebook.com/mirnanereida)
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Liliana Padilla/Milenio
SINALOA.- Roberto Corrales Medina desapareció el 14 de julio de 2014. Se lo llevaron en una camioneta negra de una gasolinería en el municipio de El Fuerte, Sinaloa. Al día siguiente, su madre, Mirna Nereida Medina, comenzó la búsqueda de su hijo.

Pidió ayuda a las autoridades y cuando la policía le dijo que su labor no es la de buscar desparecidos, decidió tomar un pico y una pala y hacerlo por su cuenta. “Nosotros somos investigadores, no buscamos cuerpos”, recuerda que le dijeron en la fiscalía, por lo que en ese momento decidió comenzar la búsqueda.

Su dolor se convirtió en fortaleza para llenar las calles con la fotografía de su hijo. Sin respuesta comenzó a excavar. Poco a poco otras madres que se encontraban en la misma situación la contactaron y se sumaron para dar con el paradero de sus hijos y familiares.

Dos años después, Mirna es la cabeza de un grupo autodenominado Las Rastreadoras, integrado por 220 mujeres que buscan en fosas del norte de Sinaloa a sus hijos, esposos y hermanos.

En su viacrucis, apenas unos meses después de la desaparición de Roberto, Mirna supo que un joven apodado El Perro fue el responsable de la muerte del joven, su propia madre se lo hizo saber. No hubo ánimo de venganza, porque esa señora enfrentaba también la desaparición del responsable de arrebatarle a Roberto. “No buscamos justicia, buscamos a nuestros hijos en fosas”, dice la maestra jubilada que entregó su vida y sacrificó su matrimonio con tal de buscar a su hijo.

—Yo no puedo juzgar ni decir quién fue, no me atrevo a señalar a nadie, eso lo dicen las investigaciones. Estamos buscando también al que se supone que se llevó a mi hijo, no me atrevo a juzgar, porque la madre de ese muchacho al igual que yo busca a su hijo. No buscamos culpables, solo a los muchachos y lo único que quiero es encontrar a mi hijo.

A los dos meses de la desaparición de Roberto ya había 34 madres en el grupo. En enero de 2015 sumaban 78. Un año después la cifra se duplicó hasta llegar a las 220, que ahora forman parte de la agrupación Desaparecidos de El Fuerte, conocidas como Las Rastreadoras.

Con palas y picos, salen al menos dos veces por semana a buscar en fosas los restos de sus familiares. Hasta ahora han encontrado 56 cuerpos, no todos son los que ellas buscan, aun así no dan tregua. Aprendieron a encontrar fosas entre la tierra removida.

Una vieja camioneta de redilas con las llantas lisas es el único vehículo en el que se transportan unas 15 mujeres que salen con la esperanza de encontrar los restos de sus seres queridos. “No buscamos huesos, buscamos a nuestros tesoros”, dice Mirna.

Las Rastreadoras buscaron apoyo de las autoridades estatales para acompañamiento de la fiscalía en su búsqueda. Cada que reciben una pista sobre la localización de fosas, acuden en compañía de policías ministeriales e intentan que no estén presentes los municipales; no les tienen confianza.

“Ya no soy la misma”

Desde el día que desapareció Roberto ya no soy la misma, desde ese momento he vivido y voy a vivir para buscar a Roberto y a los demás muchachos, relata tras confesar que en un principio su angustia la llevó a querer quitarse la vida en dos ocasiones.

Mirna suspende la búsqueda del día para contar parte de su historia. Recuerda que desde el día que su hijo despareció, la gente la etiquetó como madre de un delincuente, de un tirador o vender de droga, por eso lo desparecieron, le dijeron vecinos y antiguas amistades.

—Mi hijo era un humilde vendedor de discos y memorias USB que no tenía vicios ni le hacía daño a nadie, por eso es que no asimilo esto, pero también digo que si mi hijo hubiera sido un delincuente también lo busco, porque nadie tiene el derecho de quitarles la vida, para eso está la justicia ¿por qué desaparecerlos? ¿Por qué sepultarlos? Esto no debería pasar, el gobierno tendría que hacer algo con esta inseguridad que impera.

Hace dos años, asegura Mirna, no tenían apoyo del gobierno del estado, hasta que comenzaron a encontrar cuerpos y a medida que la prensa local comenzó a dar difusión a su esfuerzo, las autoridades las voltearon a ver. Ahora, los gobiernos federal y estatal les apoyan. Ellas no confían en las autoridades municipales. El próximo 23 de agosto tendrán su primera reunión con la procuradora Arely Gómez para solicitarle apoyo y sobre todo, celeridad en los análisis de las muestras de ADN, que en ocasiones demoran hasta seis meses.

“En 80 o 90 por ciento de las desapariciones, el factor común es la policía municipal. Se supone que la policía es la que te debe cuidar, pero aclaro que no son todos”.

Liliana Bernal lleva cuatro meses en Las Rastreadoras. Ella busca a tres familiares. Su hijo Oswaldo, su esposo y su cuñado. Los tres desaparecieron el mismo día, a manos de las mismas personas, según testigos.

Ella señala a gente del gobierno (policía municipal de Ahome) como responsable de los levantones. Dejó su trabajo para dedicar un par de días a la semana para buscarlos. Para ella como para las otras mujeres que conforman el grupo, “cavar es la mejor terapia”.

Las Rastreadoras encontraron un motivo para seguir con su vida y es la de buscar a sus hijos, a sus familiares. Excavar con una pala o meter la varilla en la tierra caliente para percibir mejor el aroma que desprende la tierra. Si ésta se torna negra y de olor fétido, es seguro que haya un cuerpo sepultado.

Quinto lugar nacional

Cifras del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas, integrado al Sistema Nacional de Seguridad Pública, ubican a Sinaloa en quinto lugar nacional de personas no localizadas, con dos mil 34 casos.

Cuenta con una Agencia del Ministerio Público Especializada en Desaparición Forzada de Personas. Desde su creación en 2002 ha presentado ante un juez apenas 3.3 por ciento de las averiguaciones previas. Además de que 42 por ciento de los desparecidos no han sido localizados.

Culiacán, Mazatlán y Ahome concentran más de la mitad de las personas desparecidas. La agencias especializada solo ha consignado a tres policías por su participación en la desaparición de personas, el más reciente en 2015.

La lucha

Cada una de las madres apoya con 20 pesos mensuales para gasolina, agua y comida que se requieren para las búsquedas. En promedio gastan mil 500 pesos en cada salida. Además, el espacio en la camioneta es insuficiente, por lo que se dividen por regiones.

Hace unas semanas fue abierta la oficina de atención a familiares de desaparecidos y su organización las llevó a buscar conformarse como una agrupación civil, lo que les permitirá recibir apoyo económico para seguir con su labor.

Ahí, en el ventanal del pequeño cuarto con apenas un escritorio y un ventilador se observan las fichas de todos los desaparecidos que esperan ser encontrados.

—Bendito Dios que ahora estas mujeres que también buscan a sus hijos tienen alguien que pueda abrazarlas, cuando empecé yo no tuve a nadie. Ahora no somos un grupo, somos una familia gigante, presume como su única alegría.

—Nosotras no sabemos si están vivos o muertos, no tenemos un lugar a donde irles a llorar, yo por eso busco a mi hijo en una fosa y cuando encontramos una siempre le pido a Dios que sea Roberto, pero cuando veo que no es, me da mucho gusto, porque tengo la poquita esperanza de que pueda encontrarlo con vida.

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