22 de Septiembre de 2018

México

Sacerdotes combaten al mal... ¡en el cuadrilátero!

'El Fariseo', 'El Siervo' y el 'Ángel Negro' son algunos de los nombres que los religiosos adoptan para la función de lucha libre.

Los religiosos realizan cada año una función de lucha libre en la Kermes del Seminario Conciliar de Ciudad Juárez, Chihuahua. (lapuertanoticias.com)
Los religiosos realizan cada año una función de lucha libre en la Kermes del Seminario Conciliar de Ciudad Juárez, Chihuahua. (lapuertanoticias.com)
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Agencias
CIUDAD JUÁREZ, Chihuahua.- Acostumbrados a oficiar misa y a impartir la comunión entre los fieles, en medio de cánticos y plegarias, tres sacerdotes decidieron despojarse de sus hábitos oscuros y colocarse máscaras de luchadores para repartir golpes y patadas sobre un cuadrilátero.

Bajo nombres de batalla poco edificantes como "El Fariseo" y "El Angel Negro" u otros más propios de su misión sacerdotal como "El Siervo", los religiosos se enfrentan entre sí, como una metáfora de la batalla permanente entre el bien y el mal, para ayudar a las personas pobres en la sufrida Ciudad Juárez, Chihuahua, informa Ansa Latina.

Con la convicción de que "hasta en estos espacios se puede encontrar a Dios", los religiosos participaron el 28 y 29 de septiembre pasado en una función de la tradicional lucha libre mexicana en la Kermess anual del Seminario Conciliar de Ciudad Juárez.

"El Angel Negro", que en realidad se llama Hugo Muñoz, de 54 años, que desde hace 19 años oficia misa en la parroquia San Lucas Evangelista, en el barrio Francisco Sarabia, un sector marginado de Juárez, señala que "el mal está personificado por la drogadicción, el alcoholismo y las pandillas".

El religioso señala que desde hace 10 años tiene un gimnasio con el que busca alejar a los jóvenes de la delincuencia y expone que decidió combatir en el bando de los "rudos" porque la gente se identifica más con ellos, a pesar de que a todos dicen gustarle los "técnicos".

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Desde pequeño

El padre Istibal Valenzuela, "El Fariseo", de 40 años, quien desde hace tres meses lucha por rescatar el Templo de San Isidro Labrador, incendiado en 2008 en el Valle de Juárez, y usa una máscara blanca, recuerda que de niño admiraba a los grandes de la lucha libre como El Santo y Mil Máscaras.

Valenzuela estima que la lucha libre "es una enseñanza y también es como una metáfora del combate espiritual porque en nuestro interior hay ángeles y diablitos, rudos y técnicos".

De niño su papá lo llamaba "Fariseo" cuando "ponía cara de hipócrita para conseguir lo que quería", por lo que adoptó ese sobrenombre, recuerda.

Entre los luchadores han también seminaristas que al final participan en un espectáculo llamado "Royal Rumble", donde se enfrentan "todos contra todos".

Juan José Orona, rector del seminario conciliar de Ciudad Juárez, dijo que la lucha libre es "una esperanza deportiva" y busca ayudar a los estudiantes a una "formación integral".

Este año la función tradicional de lucha donde participan sacerdotes, que tiene cinco años de haberse iniciado, llevó por título "Juntos somos una gran Familia".

La lucha más difícil

Los sacerdotes se enfrentaron con gladiadores verdaderos como "Pagano" y "Aéreo", con quienes ya han luchado y quienes no tienen alguna misericordia en aplicar sus complicadas llaves y golpes sobre el ring.

El dinero obtenido en la función, que suele atraer a cientos de aficionados y feligreses, se destinó al comedor infantil del barrio Fronteriza Baja y al orfanato de Fray Tormenta, un sacerdote mexicano retirado que fue también luchador profesional y ayuda a niños desamparados.

El presbítero Alberto Castillo, uno de los organizadores de la función benéfica, dijo que el Seminario Conciliar de Ciudad Juárez se construyó "a base de kermeses y así luego de 52 años seguimos con esta bella tradición". "El objetivo de estos festejos ha sido, abrir las puertas del Seminario a la comunidad y juntos cooperar con el sostenimiento de la Casa de Formación de Sacerdotes en Juárez", indicó.

Al bajarse del ring, los gladiadores "Ángel Negro" y "Fariseo" enfrentan desde sus parroquias una lucha aún más difícil por rescatar a su comunidad de la drogadicción, pandillerismo y la violencia.

El padre Valenzuela señala que también lucha "contra la mala imagen" del Valle de Juárez, cercano a Ciudad Juárez, donde la violencia mantiene atemorizada a la población y "contra la psicosis porque la gente de Juárez tiene miedo de ir" a esa región. 

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