21 de Noviembre de 2018

México

Tijuana, el drenaje de los migrantes

Migrantes y repatriados viven en medio de heces y ratas; construyen "ñongos" en la pared del túnel, que contienen cama, mesa y sillas.

Detrás de las compuertas del río Tijuana no hay agua, hay hombres. (Milenio)
Detrás de las compuertas del río Tijuana no hay agua, hay hombres. (Milenio)
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Érika Flores/Milenio
TIJUANA, Baja California Nte.-En Baja California, detrás de las compuertas del río Tijuana, no hay agua, sino hombres. Los ductos de drenaje, semisecos desde hace 20 años, son ocupados por migrantes y repatriados, quienes esperan reingresar a Estados Unidos cubiertos por la niebla de la madrugada.

Para ellos no es importante dormir en medio de escurrimientos de agua, heces, ratas y moscos, pues su prioridad es permanecer en un espacio cerrado que sea seguro.

El drenaje alberga a un promedio de 400 migrantes y para ellos cualquier rendija es buena con tal de no vivir a la intemperie

Este año, el Programa Nacional de Prevención del Delito, que opera la Secretaría de Gobernación a través de la Subsecretaría de Participación Ciudadana, asignó a Tijuana 59 millones de pesos para enfrentar éste y otros problemas en la zona norte.

Es el polígono que recibió más recursos por la complejidad de su situación. Una parte clave del proyecto (que recibirá 10 mdp) será sacar del río a los 4 mil migrantes que ahí pernoctan, a fin de ofrecerles una estadía digna y crear una base de datos sobre quiénes desean regresar a sus entidades, quedarse, trabajar ahí o recibir atención médica.

“El chiste es que no se metan aquí, pues calculamos que hay 4 mil y que cada día llegan 200 más”, refiere Lot García, directora de Prevención del Delito y Participación Ciudadana en esta localidad.

La vida a oscuras

El drenaje alberga a un promedio de 400 y para ellos cualquier rendija es buena para entrar con tal de no vivir a la intemperie o bien en los “ñongos” (cuartos) de afuera que fabrican con cartón, madera, lonas y colchas en medio de la tierra en el lecho del río, donde vive la mayoría.

Se les dice “ñongos” porque, dice Lot, significa estar por debajo de lo paupérrimo. Pero los “ñongos” del drenaje son diferentes. Nadie puede imaginar cómo es la vida ahí hasta que una retroexcavadora del gobierno municipal quita de la entrada basura, ropa, plantas, lodo.

La máquina abre una de las 20 compuertas y permite el ingreso a MILENIO. La oscuridad es total en medio de agua. Aquí solo se puede entrar encorvado, no hay más. El espacio es de dos metros de ancho por 1.20 de alto, y es difícil saber dónde termina su longitud.

“Duermo ahí porque está calientito, afuera llueve o pasan cosas raras. Tengo ocho meses aquí y no tengo dinero para el pollero”, cuenta Agustín, originario de Nayarit.

Detalla que para quienes viven detrás de esta compuerta es una necesidad mantenerla semiabierta con una caja de plástico que sirve de palanca, para que no se encierre el olor a cloaca.

El olor a podredumbre se queda en la nariz hasta que el olfato se acostumbra. ¿Y las ratas? Esas las mantiene a “raya” con la enorme resortera que guarda en su chamarra de mezclilla. “¡No se la acaban! O las mato o se asustan y se van”.

El plan nacional para prevenir el delito asignó 10 mdp para refugios y darles una estadía digna

Omar es oaxaqueño y prefiere protegerse sobre la cama que improvisó con dos llantas y una tabla de madera, con dos o tres cobijas aunque se mojen y ensucien en el lodo, aunque no hay dónde lavarlas.

Juan Pedro, recién repatriado de la ciudad de Santa Anna, decidió andar en guaraches dentro del agua sucia que corre interminablemente. Siguen ahí, aunque si los escurrimientos de agua son demasiados, tendrán que dormir afuera.

Astuto, Omar eligió hacerlo (morral en mano) dentro del espacio libre que deja la bisagra de la compuerta y que parece a un ataúd abierto del lado. Sin duda, la mejor opción son los ductos secos, como el que está 50 metros adelante, paralelo a la línea divisoria con Estados Unidos.

Aquí no hay agua, el aire es fresco y cálido. Los migrantes lo saben y lo aprovechan. En 300 metros tienen ocho “ñongos” alineados a la pared del drenaje. Al fondo hay más, pero sin luz es difícil seguir el recorrido.

Entre cada “ñongo” hay un espacio de siete metros. Cada uno tiene su cama, una pequeña mesa y banquillos para sentarse. ¡Qué importa que no tengan electricidad si tienen velas aromáticas y linternas! Las pilas son la energía más preciada para escuchar música en sus radios y poder mirar a Ninel Conde, Aylín Mujica y otras mujeres desnudas que tapizan las paredes grises.

Llama la atención un “ñongo” cerrado con candado y otro donde aparentemente vive una pareja, o al menos eso indican las tangas y boxers que están arrumbados en una cubeta.

Es el más peculiar de todos: tiene una colección de gorras, lentes de sol, juguetes, figuras decorativas, botellas de perfume, algunos enseres de limpieza, aromatizantes ambientales y un ropero improvisado.

Héctor estaba profundamente dormido cuando la policía tijuanense interrumpe. La luz de la cámara de televisión lo deslumbra. Amodorrado y sin levantarse nos cuenta su experiencia mientras en el aire está el olor de sus pies.

“No me dejan pasar al otro lado, se pone difícil, por eso llevo siete meses aquí”. Dice que su “ñongo” lo construyó en un día y que en este túnel hay por lo menos 20 mexicanos.

El miedo a permanecer a oscuras está superado, y si quiere seguir ahí debe respetar las reglas colectivas: no robar y llevarse bien con los demás para no tener problemas.

“En la noche ando afuera, ¡al pendiente para ver si me puedo pasar! Y ya en el día me meto a dormir”. Este nayarita asegura que, pese a la fama que tienen los migrantes, él no roba y que se dedica a lavar carros en la línea fronteriza.

La planeación

Como secretario de Seguridad Pública, Jesús Capellán refiere que la Subsecretaría de Participación Ciudadana federal ya entregó una parte de los 59 millones comprometidos y están afinando los detalles administrativos y logísticos para la construcción de tres módulos de atención al migrante.

Estarán justo afuera de las oficinas por donde son repatriados, al lado del río Tijuana. “Hasta ahora las ONG han hecho este trabajo y es momento de que el gobierno entre al esquema, pues si bien los migrantes y deportados llegan aquí, no sabemos cuántos ni quiénes son.

Lot García explica que el plan incluye también aprovechar las habilidades laborales que muchos de ellos aprendieron o desarrollaron en Estados Unidos.

Incluso, integrantes de la cámara de comercio y restaurantes de Tijuana ofrecieron integrarse a este esquema para emplearlos y evitar el aumento de población flotante y callejera.

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