20 de Septiembre de 2018

México

Crónicas Urbanas: Trata y miedo en La Merced

La policía retiene, interroga y deja libres a 28 mujeres que ofrecían servicio sexual en una bodega acondicionada.

Las sexoservidoras externaron sus temores. (Milenio)
Las sexoservidoras externaron sus temores. (Milenio)
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Humberto Ríos Navarrete/Milenio
MÉXICO, D.F.- Martes 11 del mes que avanza. Unas 60 mujeres, de pie y sentadas, se apretujan en el segundo piso de un inmueble de La Merced. Expresan sus temores, pero se sobreponen. Entremezclan risas y chascarrillos. Algunas, detenidas ese día, dicen que policías fotocopiaron sus credenciales y preguntaron por sus familias.

Y que las fotografiaron.

—¿Qué buscaban?

—Padrotes.

—¿Y qué preguntaban?

—Que quién era mi padrote. Una funcionaria me dijo: “tenemos semanas de investigarlos. Nadie tiene derecho de explotarlas”.

—¿Y qué respondía?

—Que yo no necesito padrotes.

En ocasiones se arrebatan la palabra y entonces la reunión tiene visos de tragicomedia. Brotan anécdotas, bromas y recelos, pues piensan que policías sin escrúpulos pueden hacer mal uso de sus datos. Entre ellas está una, originaria del DF, que ni siquiera sabe leer ni escribir y solo colocó sus huellas en la declaración ministerial.

Hay de diferentes edades. Nacieron en nueve entidades del país. Desde hace tiempo se dedican al sexoservicio.

Este día fueron convocadas por directivos de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, una agrupación civil que se dedica a defender los derechos humanos.

La intención es que narren los momentos en que fueron entrevistadas —o interrogadas— por policías y funcionarios de la Procuraduría General de Justicia del DF, que aquel día andaban en busca de trata de personas por el rumbo.

Una de las muchachas, morena y hablantina, que ha trabajado en una cadena de restaurantes, donde el raquítico salario no le alcanzaba para enviar a su bebé a una guardería ni para vivir dignamente, insiste en hablar de su autonomía, así como de su gusto y necesidad, juntos, por el sexoservicio.

—¿Y cómo llegaron los policías?

—Como clientes; luego, nos metieron a un microbús y ahí esperamos mucho tiempo, y más tarde nos llevaron al búnker.

—Es falso que una de las acusadas sea lenona; ella tiene una niña. Eso es lo que me preocupa. ¿Qué va a pasar con la niña? Que agarren a los verdaderos lenones —comenta Elvira Madrid Romero, presidenta de Brigada Callejera.

—El chavo nos hacía mandados.

—Sí —tercia otra—, que le encargábamos una torta, que un pan, que esto, que lo otro; nos hacía mandados.

—Pero era una bodega —se les insiste.

—Sí, pero más limpia que un hotel, manito.

'Rescate' de víctimas de explotación sexual

Días atrás, el jueves 5, a eso de las dos y media de la tarde, un grupo de agentes encubiertos llegó a los alrededores de un inmueble, ubicado a unas cuadras de aquí, de Corregidora número 115, domicilio de Brigada Callejera, y se llevaron a 28 mujeres que ofrecen servicio sexual.

El boletín de la Procuraduría General de Justicia del DF informa que ese día elementos de la policía de Investigación “rescataron, mediante operativo, a 28 víctimas de explotación sexual, y detuvieron a dos mujeres y un hombre como probables responsables del delito de trata de personas. Los implicados acondicionaron una bodega en la zona de La Merced para que ahí se ejerciera el sexoservicio”.

La subprocuraduría de Averiguaciones Previas Centrales —añade el comunicado, fechado el 5 de este mes— dio a conocer que el Consejo Ciudadano de Seguridad Pública y Procuración de Justicia del DF “recibió una llamada anónima que alertó a las autoridades sobre la explotación sexual por prostitución que se ejercía en el mencionado inmueble de la calle General Anaya, colonia Merced Balbuena”.

Dicha fiscalía “diseñó el operativo de acción y rescate de víctimas”, para que agentes de Investigación se presentaran en el mencionado lugar de la delegación Venustiano Carranza, donde “capturaron en flagrancia a Virgilio Roldán Ramírez, Griselda Sofía Rosa Rosas Huitzil y Karla Luz Hernández Arano”.

La mayoría de “las víctimas”, entre 20 y 30 años de edad, son originarias de Tlaxcala, Puebla, Guerrero, Hidalgo, Tabasco, Chiapas, Veracruz, Michoacán y del Distrito Federal. “Las ofendidas coincidieron en señalar que de lo que cobraban por la explotación, los responsables les descontaban una tercera parte para ‘la casa’, y adicionalmente pagaban otra cantidad para renta de la bodega”.

“El Ministerio Público realiza las diligencias sobre la posible comisión del delito de trata de personas en su modalidad de explotación sexual por prostitución, que se ejercía en la mencionada bodega donde improvisaron 11 cubículos, un baño y un espacio para guardarropa de las víctimas”.

'Las que quieran cooperar se van a ir más rápido'

Y ahora están aquí, en el domicilio de Bigrada Callejera, citadas para que detallen sus testimonios y así los dirigentes de esta organización civil —que en breve presentarán el libro de bolsillo ABC de la trata de personas— analicen si se violaron sus derechos humanos. Pero estas mujeres no solo hablan de esa experiencia, sino que van más allá y explican lo que significa el sexoservicio para ellas.

Y lo hacen con humor.

Y temores.

Martes.

—Llegó un cliente —relata una muchacha, de quien después supo era policía— y me dijo: “Vamos al cuarto”. Y luego me subieron a una camioneta. Cuando un agente vio al chavo, dijo: “Ese perro ya fue a la cárcel; no es de limpieza”.

—Hablen con confianza, no tengan miedo, no se dejen manejar por nadie —les dice Elvira Madrid.

—Yo sí tengo miedo, porque si el papá de mi hija sabe que yo trabajo aquí me la va a querer quitar.

—No dejen su credencial de elector —sugiere Elvira.

—¿Y si nos tienen detenidas, cómo no enseñar la credencial de elector? Yo, cuando nos llevaron, iba al baño y me dijeron que dejara el celular y la puerta abierta. A los hombres los tenían a la derecha. Eran como cuatro clientes y los demás judiciales. Nos decían: “Ya te chin...”

—Te preguntaban por tu nombre. Se los decías. “No, el original”, te decían. ¿Cómo saben que tienen uno o dos nombres? Primero entramos nosotros y luego los clientes. A las personas que veían se los llevaban.

—Hasta el del tanque de gas.

—Jajajá. Por mirón.

—Nos pusieron números.

—“Ahora sí —recuerda una de ellas que dijo un policía—, las que quieran cooperar se van a ir más rápido. Facilítenme mi trabajo”.

—¿Y usted qué le dijo?

—Que tenía hijos. Le hablé a mi hijo por teléfono porque no me acordaba de la calle. Mi hijo se espantó. Me preguntaban que por qué trabajaba ahí. Le dije que una muchacha me dijo que era más barato. Me preguntó por la muchacha. Yo le dije que cobro ciento cuarenta pesos y que traigo mi condón. Un licenciado me dijo: “A ver, chiquita, coopera”, y me dijo: “¿Tú conoces a Virgilio?” Yo le dije: “¿Usted quiere que acuse a esta persona?” “¿Quieren que digamos lo que ustedes quieren escuchar?”

—Sí, nos hicieron decir lo que ellos querían escuchar. Yo le dije: “póngale ahí que lo dije por miedo”. Porque nos dijeron que los que cobraban eran padrotes.

—Nos llevaron el jueves y a las dos de la mañana del viernes nos tomaron las declaraciones. A una de nuestras compañeras le llevaron a sus dos niños.

—Yo sí, la verdad, tengo miedo, porque soy mamá y papá. Y porque ahí en el papel pusieron el nombre del padre de mi hija y estamos peleando la patria potestad. Ninguna de mis compañeras es explotada. Tenemos bien alimentados a nuestros hijos y más pantalones que los hombres.

—¿Miedo? Sí, porque soy la única del DF y porque nos quitaron las credenciales y nos las entregaron al final.

Y más anécdotas.

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