18 de Septiembre de 2018

México

UNAM guarda con celo un verdadero tesoro natural

En un terreno de más de 200 hectáreas se conservan unas mil 500 especies de plantas, así como de animales e insectos como la palomilla.

La Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel organiza diversas actividades para hacer conciencia sobre la importancia de conservar la naturaleza. (REPSA UNAM/Facebook)
La Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel organiza diversas actividades para hacer conciencia sobre la importancia de conservar la naturaleza. (REPSA UNAM/Facebook)
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Agencias
MÉXICO, D.F.- Dentro del campus central de la UNAM está la única reserva ecológica de la ciudad de México que abarca 237.3 hectáreas de matorral xerófilo sobre un sustrato de roca volcánica, derivado de la erupción del volcán Xitle, ocurrida hace unos mil 670 años.

La Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA), tiene más de mil 500 especies nativas de plantas, animales, hongos y microorganismos que capta dos millones de litros de agua al año, detalló el profesor de la Facultad de Ciencias Xenón Cano Santana a Notimex.

El especialista comentó que la propiedad contiene una gran diversidad de flora y fauna, de la que destacan 377 especies de plantas superiores, 67 de briofitas, 30 de líquenes y 114 de microalgas.

También habitan 44 especies de hongos, 33 de mamíferos, 148 de aves, 30 de anfibios y reptiles, 817 de artrópodos y dos de peces.

El biólogo mencionó que para dar una idea de la importancia de la reserva en el Distrito Federal, se conocen 57 especies de moluscos, de los cuales 23 habitan aquí, siete en Chapultepec y cinco en Xochimilco, entre otros sitios.

Además, contiene unas 200 de palomillas, que representan el 29.8 por ciento de las que existen en la ciudad.

“Es una riqueza que a veces no se ve, pero que al estudiarla con detalle da cuenta de su gran diversidad”, subrayó el académico en un comunicado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

***

El ecosistema de REPSA tiene dos estaciones al año: una seca, que va de noviembre a mayo, y una lluviosa, de junio a octubre.

En la primera, el Pedregal aparenta ausencia de vida, pero no es así, ocurre que sin agua los seres vivos reducen su actividad física para poder tolerar la sequía.

En tanto, en la lluviosa renace, procesa la energía del Sol, acumula nutrientes y agua para crecer y reproducirse.

Cano Santana recomendó visitar la REPSA y participar en diversas actividades de conservación, que incluyen docencia, investigación y difusión de este laboratorio vivo.

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