17 de Diciembre de 2017

México

Uriel Sandoval: "Los políticos no nos ven"

El estudiante que perdió el ojo derecho considera que la única esperanza de cambio político en México radica en el activismo de los jóvenes.

Uriel Sandoval no cree
en ningún partido. (Agencia Reforma)
Uriel Sandoval no cree en ningún partido. (Agencia Reforma)
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Jésica Zermeño/Agencia Reforma
MÉXICO, D.F.- Perdió el ojo derecho y su nariz tuvo que ser reconstruida por el impacto de un proyectil que, según los doctores que lo atendieron, debió ir a una gran velocidad para hacer tal daño.

Sin embargo, Juan Uriel Sandoval Díaz no parece deprimido. Al contrario; a semana y media de haber sido lastimado frente a San Lázaro, el estudiante de primer semestre de la carrera de medio ambiente y cambio climático de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México asegura que no cambiará su forma de lucha.

El otorrinolaringólo que lo atendió en el Hospital General le dijo que "todo va muy bien", y el oftalmólogo le adelantó que pronto podrán ponerle una prótesis que llenará el espacio físico del ojo perdido.

En su última consulta sólo requirió que le apretaran la férula que mantiene fijo su hueso nasal, que necesitó cirugía para volver a su lugar, pues fue hundido por el impacto, y que todavía se mueve.

El estudiante, que fue dado de alta el pasado 6 de diciembre, sigue usando lentes negros y ya no tiene tapones en las fosas nasales. Lo acompaña su madre, María Leonor Díaz, quien es empacadora en Matehuala, San Luis Potosí, de donde son originarios.

Ella tuvo que trasladarse a la Ciudad de México para cuidar a su hijo, quien vive aquí desde hace año y medio.

La voz de Uriel ya se escucha clara, no refleja dolor. Y con esa voz, enfático, asegura que no quiere decirle nada a la clase política después de lo que vivió. "Ellos tienen oídos sordos, y no tienen ojos cuando se trata de ver las necesidades del pueblo", dice. Su llamado es para los que estudian, como él.

"Quiero dirigirme a los estudiantes. Lo primordial es que todo aquel que se considera estudiante no olvide que estudia, si está en una escuela pública, gracias a los impuestos de todos. Que está allí no porque sea una persona mejor o peor que los demás, sino que está allí porque su derecho sí se cumplió. Por eso, desde allí, tiene que pelear porque los derechos de todos se cumplan.

"Como estudiantes tenemos el principio fundamental de darle a la sociedad propuestas para su desarrollo cabal, no quedarnos en que vamos a estudiar para ganar pesos o dólares. El estudiante se tiene que enfocar hacia la mejora de su intelecto para enfocarlo en el desarrollo social, no meramente en las ganancias económicas individuales, sino en las ganancias colectivas", predica convencido.

Uriel, de 22 años, se dirige a los de su edad; a los jóvenes, porque a su parecer ya no existe ninguna figura alternativa que pueda cambiar la forma de hacer política en México. No hay nadie entre la clase política, dice, que de verdad quiera quitarle a los jóvenes su condición dual de estudiante-trabajador, algo que él vivió desde siempre, pues para terminar su bachillerato en un CBTIS en Matehuala tuvo que trabajar en un supermercado, ser albañil, electricista y hasta ser recolector de envases en un estadio de beisbol.

Muy activo en el Consejo Estudiantil de Lucha durante la huelga de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, recordado por sus compañeros por su compromiso con la autonomía e independencia de la universidad y por siempre estar disponible para hacer guardia en las instalaciones educativas durante el conflicto, Uriel no cree en ningún partido y no ve que ningún político quiera cambiar de fondo el sistema de opresión que existe en el país. Ni siquiera Andrés Manuel López Obrador, dice.

"En su discurso Andrés Manuel propone ponerle algunos parches al sistema, no una transformación de fondo. A él lo reprimen políticamente, pero no físicamente. Esa represión nos toca a nosotros. Yo ya entendí que estoy entre los oprimidos, y a ellos nosotros no les importamos", sentencia.

Uriel fue uno de los dos heridos más visibles de los enfrentamientos entre jóvenes y la Policía Federal en los alrededores del Congreso de la Unión el pasado 1o. de diciembre.

El otro, aún más lesionado, es el profesor de teatro Juan Francisco Kuy Kendall, quien estaba protestando por la llegada de Peña Nieto a la Presidencia lejos de los disturbios, acompañado por su familia. Hoy sigue en coma inducido y recuperándose de una operación en la cabeza por una fractura, pues una granada de gas lacrimógeno lanzada por elementos de la Policía Federal le explotó en el cráneo.

Reparación

Según sus propios cálculos, Uriel cayó a unos 15 metros de la línea de defensa formada por policías federales, y afirma categóricamente que fueron ellos los que le dispararon una bala de goma.

Sin embargo, tanto el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, como el encargado del despacho de la Secretaría de Seguridad Pública federal, Manuel Mondragón, han negado que la Policía Federal haya utilizado balas de goma en ese operativo. Mondragón dijo incluso -en una entrevista radiofónica con Carmen Aristegui el pasado 7 de diciembre- que el daño a Uriel podría haber sido provocado por un petardo lanzado por los propios "grupos beligerantes" que se manifestaron en los alrededores del Congreso.

El estudiante de la Autónoma de la Ciudad de México acepta que vio cómo gente a su alrededor tiraba petardos contra los policías, pero explica que eso no puede justificar el mal uso que los uniformados dieron a su fuerza, pues violentamente reprimieron. Sin embargo, reconoce que es fundamental para despejar las dudas que se den a conocer los resultados del análisis de los residuos de su masa ocular, pues la materia encontrada servirá para determinar quién tiene razón, si las autoridades o él.

El joven denuncia que existe la posibilidad de que los médicos no acepten que los daños que sufrió no fueron por una bala de goma, por no querer dañar su carrera, pero dice que eso no le causará sorpresa. "Así es el sistema, lo sabemos", sentencia.

"Fue una bala de goma. Hay evidencias. Sólo falta la parte científica para que esto se compruebe. Los gritos de las personas de 'bala' 'bala' no eran simplemente por querer jugar con esa palabra. Yo escuchaba que gritaban 'bala' 'bala', y los policías riéndose, burlándose", dice.

Para Abigail Escalante, integrante de la Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos y quien llevará jurídicamente su caso de manera gratuita, explica que buscarán por todos los medios la reparación del daño por parte del gobierno federal, pues a todas luces la Policía Federal utilizó de más su fuerza.

"En las manifestaciones del 2 de octubre se instalan fuertes operativos en salidas de Metro, en las inmediaciones a la Plaza de las Tres Culturas, para que los jóvenes no lleven ni vidrio. No dejan ni llevar palos para detener las pancartas. ¿Por qué eso no pasó ahora?

"Ante estas omisiones de la autoridad buscaremos la restitución del daño, tanto desde la vía civil como la penal. Sabemos que vamos a contracorriente, porque la línea oficial será decir que los policía no dispararon. Y sabemos que quizá este litigio tarde años, ante la cerrazón de las autoridades", asegura.

Para Escalante, la mejor forma de que los agredidos el 1o. de diciembre obtengan una victoria ante el Estado es que todos articulen juntos sus demandas, pues de lo contrario será muy difícil.

La activista de derechos humanos explica que buscarán castigo no sólo para los elementos que directamente lastimaron a Uriel, sino que tratarán de fincar responsabilidades a toda la línea de mando, es decir, a los jefes de los agresores y a quienes hayan permitido utilizar balas de goma en el operativo.

El primer paso ya está dado: fue interpuesta una demanda penal ante la Procuraduría General de la República por tentativa de homicidio y abuso de autoridad contra la Policía Federal.

Mientras, Uriel se solidariza con los que todavía están presos por los enfrentamientos del #1D, y reivindica todos los tipos de lucha.

"¿Incluso los actos violentos?", se le pregunta.

"Yo no no soy quién para criminalizar. No soy juez", responde.

"He cambiado mi vida tan sólo en cuestiones cotidianas. No tengo dos ojos, tengo un ojo. Pero no cambiaré mi forma de lucha. Seguiré luchando. Cambiarme la vida en mis estudios, no, esto no lo cambia. Tengo un ojo para seguir leyendo, una boca para hablar, oídos para escuchar, manos para saludar y pies para caminar".

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