26 de Septiembre de 2018

Opinión

A ellos les consta…

En una entrevista, el cronista Fabrizio Mejía Madrid declaró que las crónicas...

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En una entrevista, el cronista Fabrizio Mejía Madrid declaró que las crónicas “se desgastan, las lee quien las tiene que leer y después se las lleva el viento”, son lecturas transitorias, mientras que las novelas ocupan un lugar justo dentro de la biblioteca canónica. Para él las novelas son literatura innata en comparación con las crónicas que son esos extraños seres que toman un poco de todos los géneros literarios para escribirse.

La entrevistadora afirma que Fabrizio se equivoca, actualmente una crónica penetra más en nuestra realidad que cualquier obra de ficción; en la difícil situación política y social del país algunos periodistas arriesgan el pellejo para escribir esos frescos horrorosos que son apenas reflejo de lo que los mexicanos viven día a día. Escribir en serio es adentrarse en la oscuridad del ser, pero significa también penetrar en el lado sombrío de la sociedad.

Esta reflexión sobre la escritura documental la hace Elena Poniatowska como entrevistadora de Mejía Madrid. La literatura documental y oral, en la que se encuentra la crónica, es también conocida como literatura testimonial. La naturaleza de esta escritura cronística, en palabras de Vicente Leñero, es ocuparse “fundamentalmente  de narrar cómo sucedió un determinado hecho (…), recrea la atmósfera en que se producen los sucesos públicos”.

Fue esta escritura la que legitimó los hechos vistos el 2 de octubre de 1968 cuando la prensa nacional quería censurar lo evidente. Ese pequeño y lamentable recuadro de una noche se amplió hacia los inicios e inquietudes que desencadenaron el movimiento, una movilización estudiantil cuyo nacimiento no fue espontáneo. Es posible hallar en esta literatura una mejor comprensión de lo que sucedía por aquellas fechas, a diferencia de los periódicos que buscaban total discreción y sólo años después, con el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz en el pasado, empezarían a hablar del tema.

Lo lamentable es que, con el pasar de los años, el 2 de octubre fue reduciendo el movimiento a una conmemoración, donde las exigencias de los estudiantes, los obreros, médicos y sociedad en general quedaron de lado a costa de una fecha.

Pero ahí están Paco Ignacio Taibo, Carlos Monsiváis y Anne Marie Mergier para hacernos saber lo que a ellos les consta de las movilizaciones en la década de los sesenta.

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