25 de Septiembre de 2018

Yucatán

Estudios en cenotes de Chichén Itzá revelan diferencias

Investigadores concluyen que los cuerpos de agua en la zona se mantienen en buenas condiciones.

Investigadores de National Geographic y el INAH exploran el Cenote Sagrado. (Milenio Novedades)
Investigadores de National Geographic y el INAH exploran el Cenote Sagrado. (Milenio Novedades)
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Milenio Novedades
MÉRIDA, Yuc.- El biólogo Arturo Bayona Miramontes tomó entre junio y julio muestras de agua y analizó 11 reactivos químicos, como temperatura, turbidez, pH, nitratos, nitritos, fosfatos, amonio, cloruros, dureza, detergentes y coliformes de los cenotes Sagrado y Xtoloc, concluyendo que ambos presentan condiciones adecuadas de manejo, incluso con el alto flujo turístico de la zona arqueológica.

Aunque se teoriza que los dos cuerpos están unidos en el subsuelo, algunos de sus valores difieren. Los análisis 'in situ' arrojaron un grado de alcalinidad (capacidad del agua para neutralizar ácidos) de 9.0 en el Cenote Sagrado, comparado con 8.5 del Xtoloc; siendo este último valor el usual en la Península de Yucatán.

Los estudios microbiológicos hechos en laboratorios del Instituto Tecnológico Superior de Felipe Carrillo Puerto identificaron la presencia de cuatro especies de algas en el Cenote Sagrado, causantes de la coloración verde de su agua (diferenciada del tono café que tiene Xtoloc). Acorde con el biólogo Bayona, se continuará con las investigaciones para determinar el origen de estas variantes.

Otro edificio que se analiza en Chichén Itzá es el osario, donde el GAM colabora con especialistas de la Universidad Estatal de California, de Los Ángeles, liderados por James Brady –pionero mundial en el estudio de las relaciones que establecían los mayas entre arquitectura y cuevas– para revalorar la función de este edificio, el cual se sabe fue construido a partir de una cueva natural.

“A diferencia de la cosmovisión europea, donde las deidades estaban en el cielo, en el mundo maya lo más sagrado y vivo era la tierra, por ello es que formaciones como cuevas y cenotes eran tan sagrados, pues eran una vía de acceso al interior de la tierra, es decir, a la presencia de los dioses”, relató Brady.

Explorada por Edward Thompson en 1896, a esta caverna de dos metros de profundidad se ingresa por medio de una pequeña cámara, a la cual, a su vez, accedían los mayas mediante un túnel de 10.5 metros de profundidad cuya entrada está en la cima de la estructura.

Mediante el radar de penetración terrestre y otros dispositivos como drones con tecnología Lidar para la detección de calor, el GAM busca túneles o pasajes que conectarían a la caverna del osario con el Castillo y sus estructuras más tempranas; teoría que, comentan, tienen también expertos como René Chávez, del Instituto de Geofísica de la UNAM, dadas las semejanzas arquitectónicas entre ambos edificios.

Guillermo de Anda indicó que, en Chichén Itzá, el GAM busca crear el primer modelo en tercera dimensión que registre la arquitectura maya de la superficie y de las cuevas, los pasadizos y los cenotes del subsuelo que habrían dado origen a esta antigua ciudad.

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