MÉRIDA, Yuc.- Viviendo con serenidad la etapa final de su carrera, el arqueólogo Rubén Maldonado Cárdenas toma la vida con calma y dedica la mayor parte de su tiempo a diversas tareas de investigación que son base importante de futuros proyectos y los cuales le nutren de energía para seguir adelante.

Luego de someterse hace años a una operación de corazón, el octogenario docente se siente bien, aunque está consciente que ha disminuido su condición física para ciertas tareas, pero no su capacidad intelectual analítica. Es un hombre carente de presunciones profesionales, como buen académico, apartado del protagonismo, ya que considera sus descubrimientos como un pequeño fragmento de todo un proceso de investigación, y deja la trascendencia como un calificativo para otras personas.

Alejado de toda pasión, Rubén Maldonado considera simplemente interesantes todas las partes de su vida, pero la profesional la reduce a dos: las artes plásticas y la arqueología.

La vida le ha dado como terapia el trabajo, que no le permite divagar en otras cosas que no sea su profesión; sabe estar solo para producir y ordenar su archivo personal, el cual formará parte de la historia de Yucatán.

“Seré recordado por mis alumnos y la gente ligada a mi trabajo, el cual sirve por lo menos un tiempito para que lo utilicen otros, eso me da energía y felicidad”.

Origen

Rubén Maldonado Cárdenas nació en la zona arrocera de Jojutla, la tercera ciudad en importancia del estado de Morelos, una zona agrícola muy rica y con un ingenio azucarero que es el medio de trabajo y subsistencia de la gente; ahí estudió su educación básica. Esa tierra donde hay muchas ruinas y monumentos arqueológicos que los lugareños encuentran muy seguido, fue una actividad que le fue familiar.

La pintura

La habilidad que tenía para dibujar lo motivó a emigrar a la Ciudad de México, donde estudió pintura en la Academia de San Carlos (Escuela Nacional de Artes Plásticas) y tras recibirse comenzó a hacer su lucha como artista visual.

“Me tocó vivir la etapa del ‘Rompimiento’, en la que luché por algunos años, pero me di cuenta que no me dejaba para vivir”.

La arqueología.

Su necesidad por cambiar a una profesión lo llevó de manera natural a la arqueología, así que se inscribió en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) donde estudió de 1963 a 1968; durante su estancia en esa casa de estudios realizó muchas prácticas en viajes por toda la República mexicana.

Ya titulado como Maestro en Ciencias Antropológicas con especialidad en Arqueología, por la ENAH de la SEP, el 9 de octubre de 1976, Rubén Maldonado realizó su primer trabajo en Cuicuilco, sitio en el que se erigió la Villa Olímpica en la Ciudad de México, donde fue ayudante de los profesionales graduados.

El INAH

Corría el año de 1968 cuando ingresó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en el Departamento de Prehistoria y Monumentos Prehispánicos, donde de 1974 a 1976 llevó a cabo muchas intervenciones en distintos sitios arqueológicos del país.

Tras madurar en su profesión, en 1976 llega a tierra maya a través del INAH Yucatán, donde se casa, se queda a radicar y realiza su primer proyecto, que fue un salvamento arqueológico en Chuburná, en un terreno particular de Gabriel Riancho.

Al año siguiente ejerce también como docente en la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán, impartiendo materias como: Fuentes para la Etnohistoria; Dibujo para Arqueólogos, La clasificación y la excavación arqueológica, hasta que se jubiló en agosto de 2013.

“Fui director del INAH Yucatán de 1986 a 1989, tiempo en que se proyectó el Museo de la Ex Penitenciaría, que finalmente no se concluyó”.

Dzibilchaltún

Hacia 1993 comenzaría el proyecto al que ha dedicado muchos años de su vida, Dzibilchaltún, donde inició el megaproyecto Museo del Pueblo Maya, en un espacio donde había escasos asentamientos arqueológicos.

En este lugar llevó a cabo distintos proyectos hasta el 2010, como: recuperación de la placa central; ampliaciones de la carretera Mérida-Progreso-Dzibilchaltún y del Country Club, así como otros especiales.

Otras intervenciones que ha realizado son: Restauración del juego de pelota Uxmal 1977-78; Ucí y Kancab 1979; Ucanhá 1980; Aké 1982; Izamal 1985-86: Restauración del Palacio Chacbolay 1992.

Descubrimiento

Sería en este sitio, Dzibilchaltún, donde realizaría el que considera su descubrimiento más importante: el entierro de un gobernante que fue cremado y cuya tumba contenía más de 20 vasijas de piedra adornadas. También fue impulsor de las intervenciones en Ek balam, sitio de los más bonitos y más buscados en la entidad; este proyecto que requirió una labor importante con las autoridades para motivarlas, lo desarrolló hasta que abrió sus puertas al público.

“Los descubrimientos son el resultado de un trabajo sistemático de muchos años; cuando suceden da emoción, pero no brinca uno de gusto porque es parte del trabajo”.

Reconocimientos

La distinción que más aprecia Rubén Maldonado Cárdenas es el reconocimiento que se le brindó junto con compañeros arqueólogos en la primera edición del Simposio de Cultura Maya Ichkaantijoo en 2014.

Memorias

Rubén Maldonado Cárdenas se encuentra en proceso de escribir las memorias de su vida en el Instituto Nacional de Antropología e Historia, y cuando deje de ejercer planea ordenar su archivo personal.