En la actualidad, Chichén Itzá es uno de los asentamientos prehispánicos del área maya más conocidos en el mundo. Sin embargo, la enorme cantidad de visitantes que todos los años llega a la zona arqueológica tiene un costo y hoy lo vemos reflejado con los actores sociales que se encuentran en la vida cotidiana del sitio. Uno de los factores, al que no le habíamos dado el peso que se merece, es el relacionado con el trabajo de mantenimiento y conservación de los inmuebles que atraen la atención de los más de un millón y medio de personas que acuden al sitio cada año.

El aspecto del mantenimiento y la conservación no había sido considerado, pues, por ejemplo, el Juego de Pelota, que recientemente recibió un trabajo de conservación de manera integral, fue intervenido en 1930 y después de esa fecha no había sido sometido a ningún tratamiento exhaustivo.

Otro ejemplo claro es el Castillo de Chichén Itzá, “la Séptima Maravilla del mundo”, que se restauró alrededor de 1940 y tuvo otra intervención parcial ejecutada apenas en 1980.

El Templo de los Guerreros es otro caso: después de la intervención de la Institución Carnegie, a principios del siglo XX, quedaron expuestos pisos con pintura original.

¿Y qué decir de los otros conjuntos arquitectónicos que aún esperan que algún especialista, sin el afán de realizar grandes hallazgos, se ocupe de proporcionarles mantenimiento y conservar la arquitectura que se mantiene en pie?

Hoy, la mayoría de los monumentos arquitectónicos que se encuentra en el área de visita de la zona arqueológica están en malas condiciones de conservación. Esta situación nos motivó a realizar el diagnóstico de deterioro de los edificios, con la intención de que futuros proyectos arqueológicos contribuyan a la conservación de la arquitectura.

Consideramos que, antes de plantearse nuevas exploraciones, debiera de generarse una política de conservación integral con el fin de estabilizar los edificios de todos los conjuntos arquitectónicos. Este aspecto debiera de ser la actividad cotidiana, del día a día, con los criterios de conservación establecidos y aplicando los morteros que sustituyan el uso del cemento a fin de garantizar la durabilidad de las intervenciones de restauración.

Esperamos que este diagnóstico sirva de guía o sea la herramienta que pueda emplearse para lograr un solo beneficio: garantizar la preservación de nuestro patrimonio arqueológico.