El presidente Peña Nieto hizo el viernes pasado una leve autocrítica por los malos resultados de su gobierno en materia de combate a la violencia: “Sigue siendo uno de los retos mayores, quizá el de mayor necesidad de acometer para que realmente nuestro país alcance condiciones de plena paz y de plena tranquilidad”, dijo al hablar de sus fallas en la entrega del Premio Nacional del Deporte.

El “mea culpa” del Ejecutivo a su fallida estrategia parecía adelantar los horrendos crímenes que saldrían a la luz días después: el asesinato de tres estudiantes en Tonalá, Jalisco, y apenas el miércoles, las ejecuciones en Cancún, que llegaron al nivel de terror, de barbarie. Y uno se pregunta si admitir el fracaso fue una señal de que se bajó la guardia ante la delincuencia y si estamos entonces a la deriva, “a la buena de Dios”.

Porque, según cifras del gobierno, en marzo fueron asesinadas 2,729 personas, un aumento de 23% respecto al mismo periodo de 2017, y estuvo cerca de rebasar a octubre de 2017 como el mes más violento en los últimos 20 años, desde que en diciembre de 2006 Felipe Calderón sacó al Ejército a las calles para combatir a la delincuencia organizada, lo que generó un repunte de homicidios dolosos y niveles nunca vistos de violencia en México.

Así, la seguridad se convirtió ya en uno de los temas más urgentes de cara a la elección del próximo 1 de julio, y los presidenciables “venden” sus propuestas sobre el tema, algunas polémicas, otras “recicladas” y unas más sin argumentos sólidos. El candidato de Morena ha propuesto crear una Guardia Nacional con 214 mil soldados y 55 mil marinos (o sea, más de lo mismo); Ricardo Anaya plantea volver a crear una Secretaría de Seguridad Ciudadana, es decir, retirar a la Segob la estrategia de seguridad por la que apostó Peña Nieto al asumir el poder y que hoy reconoce que falló; José Antonio Meade ha coincidido en la necesidad de crear un nuevo organismo para el combate al crimen, pero sin desmenuzar su plan.

Visto lo anterior, la administración peñanietista no logró aterrizar a su corporación de élite –la Gendarmería–, ni profesionalizar a las policías ni replantear su estrategia para lograr lo que prometió en el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018: que los mexicanos vivamos en un país seguro y pacífico. Ah, y por si fuera poco, la Ley de Seguridad Interna está “entrampada”.