A un año de finalizar el sexenio, la seguridad pública es ya el gran fracaso del Gobierno Federal, a pesar de que en “México en paz”, primera de cinco metas de Peña Nieto, en el rubro de Seguridad Pública en el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 (PND), estableció: “En México, debemos fortalecer nuestro pacto social, reforzar la confianza en el gobierno, alentar la participación social en la vida democrática y reducir los índices de inseguridad. En materia de seguridad pública, el Gobierno de la República tiene claro que los mexicanos quieren un país seguro y pacífico; asimismo, exigen que se reduzca la violencia y se recupere la convivencia armónica”.

Para lograrlo, se planteó la creación de la Gendarmería, anunciada como corporación de élite y que no es lo que se esperaba; contar con policías profesionales y unidades especializadas en el combate al secuestro y a la extorsión, y el trillado mando único al que siguen apostando. Fue el PND un catálogo de buenas intenciones, pues hasta hoy no sólo no se han reducido los índices de inseguridad, sino que octubre de 2017 es el mes más violento del que se tenga registro en las últimas dos décadas, y las estadísticas indican que se cometen cuatro asesinatos cada hora, según datos de incidencia delictiva actualizados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública…

Esta situación que vive el país, para el titular de Gobernación sólo es “compleja”, se trata –dijo en su comparecencia del miércoles pasado en el Senado– “de un desafío que no conoce fronteras territoriales o ideológicas. Que afecta y compromete a todos por igual”; los legisladores le restregaron la grave crisis de inseguridad y corrupción, y la “insensibilidad crónica” del gobierno, que no es capaz de la autocrítica.

Del fracaso en el tema de seguridad, los policías no salen bien librados, pues su relación con la sociedad está lastimada por el abuso de la fuerza, la extorsión y la corrupción, según lo percibe la gente, aunque no todos son corruptos y sí hay gente preparada. Mucho se ha insistido en salarios dignos para los uniformados, pues casi la mitad de ellos no gana ni diez mil pesos al mes.

Ya ni podemos presumir que Yucatán es el estado más seguro, no vaya a ser que nos pase como a BCS, que ya se ubica en el tercer sitio con una tasa de 50.5 asesinatos y donde su antes pacífica capital, La Paz, se ha vuelto un peligro.

México no está en paz.

Anexo “1”

Metas

 La primera de las cinco metas del Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2013-2018, México en paz, dice: “Aspiramos a una sociedad donde todas las personas puedan ejercer plenamente sus derechos, que participen activamente y cumplan sus obligaciones en el marco de una democracia plena; y que, por lo mismo, ninguna persona en México se enfrente a la falta de seguridad, a un inadecuado Sistema de Justicia Penal o a la opacidad en la rendición de cuentas”.

Paradójico, pero desde que Enrique Peña Nieto tomó el poder se vive una espiral de delincuencia y violencia.