Por Rodrigo Us May 

En su último discurso en la ciudad italiana de Bari, el papa Francisco externó su preocupación porque los cristianos desaparezcan del Medio Oriente, debido a los atropellos que padecen ante la indiferencia de las autoridades y el mundo. En referencia a ello, el sumo pontífice mencionó la frase: “La indiferencia mata”, haciendo referencia a estos hechos, detrás de los cuales existen grandes intereses de poder y financieros.

Podemos entender por indiferencia una postura neutral de un individuo ante una situación o ser vivo, en la cual no se expresa agrado o desagrado y por consiguiente no se ejecuta acción alguna. Simplemente se contempla y ya.

La frase emitida por el obispo de Roma indudablemente es digna de reflexión y se puede aterrizar a cualquier cuadro de nuestra vida. Para efectos de este artículo lo enfocaré al sector empresarial.

En nuestras organizaciones se puede observar que en muchas ocasiones existe gran indiferencia por parte de sus directivos ante eventos que se van presentando y que traen a mediano plazo resultados financieramente adversos, que inclusive pueden atentar contra su propia existencia.

En el sector organizacional ocurren todos los días actos como: discriminación a empleados, fuga de talentos, acoso sexual, problemas entre personal de departamentos, falta de incentivos, días de descanso no definidos, falta de reconocimiento a la antigüedad y lealtad de los empleados, etc. Todos estos son de suma importancia, pero que el directivo prefiere no atacar por el pensamiento erróneo de que no representan resultados financieros directos.

La extinción de las organizaciones muchas veces tiene como base la falta de atención a algunos de estos problemas y, por desgracia, la mayoría de los directivos asumen que el hecho de presentar a los accionistas resultados financieramente rentables es sinónimo de organizaciones sanas y sin problemas por atender. El directivo actual debe comprender que los grandes problemas financieros empresariales tienen como cuna situaciones no financieras; como cuando una empresa tiene pérdidas financieras por la falta de capacitación de sus empleados.

La actitud indiferente y contemplativa no suma en el buen desempeño directivo, por el contrario, se necesita ser proactivo ante los problemas, pues hoy día las organizaciones transitan en un entorno sistémico, en el cual todo está conectado y hasta el mínimo problema repercute financieramente.

El directivo actual necesita comprender que una persona hostigada, sobajada, demeritada en su trabajo o acosada es una bomba de tiempo que puede detonar en resultados catastróficos en todos los sentidos. Directivos: ¡digamos NO a la indiferencia!