Cuando se habla de países con altos índices de pobreza, es imposible excluir a México entre los primeros 20; aun cuando se experimentó una variación positiva del salario mínimo, los niveles inflacionarios no demoraron en cuanto a incrementos se refiere; para darnos cuenta de ello no es necesario ser experto en análisis de indicadores macroeconómicos, ni leer revistas más acreditadas en economía; es suficiente con cobrar nuestro sueldo y acudir al supermercado, carnicería, gasolineras o pagar el recibo de luz para comprender la alarmante pérdida del poder de intercambio de nuestro dinero por productos y servicios básicos. ¿Y la gente que no percibe un sueldo fijo?, ¿qué pasa con ella?

En mi experiencia profesional he observado que las carencias financieras de unos representan la fortuna para otros. Para nadie es un secreto que un distintivo de nuestro país es la marcada desigualdad entre sueldos y oportunidades laborales para unos y otros; algunas personas ganan más de lo que pueden gastar y muchísimas se ven obligadas a gastar más de lo que ganan, éstas últimas tienen que recurrir a la compra de un producto llamado dinero, cuyo precio de venta incluye un costo llamado interés. El vendedor de dicho producto recibe un premio llamado rendimiento, integrado por el interés pagado por el comprador; esta transacción que se repite todos los días estrangula económicamente a la clase media, convierte en más pobre a la clase baja y genera más riqueza para la clase opulenta.

Para hacer rentable esta transacción, los vendedores de dinero o inversionistas (bancos, financieras, casas de empeño o agiotistas); requieren la existencia de la siguiente ecuación: Pobreza+Deuda= Riqueza. Para entender mejor esta expresión: los inversionistas necesitan de la sociedad cualidades como la necesidad o pobreza; mediante ellas, emerge la deuda y por ende el interés y a través de este último se acumula la riqueza.

La buena noticia es que esta ecuación tiene los mismos resultados, cuando alguien en situación de pobreza y mediante una buena asesoría financiera la aplica inteligentemente; esto es, si a causa de una situación de pobreza o necesidad se contrae deuda y se emplea para generar actividades económicas que aporten una tasa interna de rendimiento mayor que el interés a pagar, se puede generar riqueza.

Es importante destacar que aunque no es tarea fácil, la pobreza puede ser revertida con voluntad, trabajo honesto, disciplina y buenas decisiones de inversión.