Rodrigo Us May/SIPSE

Mérida, Yuc.- La globalización y la apertura del comercio han hecho que las empresas tiendan a descentralizar la toma de decisiones; ésta es una estrategia que, entre otros aspectos, procura mejorar los controles internos, eliminar cuellos de botella, focalizar al personal en actividades propias de su área y priorizar la toma de decisiones.

Me he percatado que algunas veces el mal funcionamiento del negocio nace por la existencia de un funcionario que debe ser eliminado de la organización: el “gerente de escritorio”, el cual limita su accionar y toma de decisiones a la comodidad de su oficina y detrás de un escritorio.
Este personaje es asiduo a delegar tareas, asignar responsabilidades cuando las cosas no salen bien, colgarse las medallas del éxito, no entablar comunicación con personal operativo y no involucrarse en las actividades que realizan los departamentos de la empresa a su cargo; su horizonte se limita a cuatro paredes, el monitor de su computadora y los reportes de sus subordinados o supervisores. Entre las actividades que le generan gran pasión se encuentran: levantar innumerables actas administrativas, generar gastos de representación y convocar a juntas estériles. Considera a la organización como un recinto para destilar poder y estatus y proveerse de un sueldo constante. Sin duda es un modelo de gestión empresarial nocivo.

En contraparte, las empresas descentralizadas deben contar con el gerente proactivo, el cual percibe a la negociación de manera sistémica, en donde cada persona o departamento es una fuente de conocimiento y generador de utilidades. Este funcionario se caracteriza por su dinamismo, eliminar el estrés nocivo en los trabajadores, mantener constante persecución de metas e interactuar con todas las áreas de la organización. Tiene como premisa entender que los altos costos de la empresa se gestan en las áreas productivas, comerciales y administrativas.

Otros de sus atributos son: realizar recorridos periódicos por todas las áreas, conocer los procesos, propiciar buena relación con todos los miembros de la empresa, entender las problemáticas surgidas como opciones de mejora, permear en toda la fuerza laboral los objetivos y metas organizacionales, fomentar grupos autodirigidos, provocar y considerar nuevas ideas, compartir el éxito, comprometerse a nuevos retos, tener mentalidad disruptiva. Y de lo más importante: regañar en privado y premiar en público. El “gerente de escritorio” no tiene lugar en la empresa moderna y debe desaparecer del organigrama. Empresarios: ¡rodéense de gerentes proactivos!