Sólo se ve bien con el corazón... “El principito”.- Antoine de Saint-Exupéry

Para “sanar” no hay mejor medicina que el AMOR. Nos sana cuando amamos y cuando somos amados. En algunos casos, estas experiencias incluyen una cercanía y una intimidad real. No se puede amar y/o recibir amor mostrándose lejano y distante.

Las amistades íntimas no excluyen ni impiden, ni son contrarias al amor universal a todos los seres humanos. Estar más cerca de unas personas que de otras es una limitación humana de espacio, tiempo y circunstancias. Es físicamente imposible tener una relación estrecha con “todo el mundo”, en todo momento. Sin perder de vista que siempre tenemos más afinidad y atracción con algunas personas que con otras.

La amistad tiene un poderoso efecto sanador y de vida para quienes disfrutamos el privilegio de tener amig@s y gozar del amor que nos brindan.

Un@ amig@ íntim@ se lleva siempre en el corazón. Sentimos su presencia espiritual, recordamos sus palabras sabias y sonreímos recordando situaciones y sucesos agradables y a veces chuscos que hemos compartido. Los ratos que vivimos con nuestros amigos se atesoran reconociendo que hemos mantenido una relación valiosa y llena de afecto y apertura que aunque, a veces, ha cursado alguna tempestad, hemos salido fortalecid@s, transformad@s y con la dignidad y el respeto mutuo incólumes.

Para amar y continuar amando es indispensable el reconocimiento del “yo” personal y el “yo” de las otras personas con las diferencias inevitables de la personalidad individual así como de las diferencias en percepciones que, en lugar de separar, enriquecen y amplían nuestros horizontes cuando existen la recta intención y la buena voluntad.

Todo el amor es reflejo del Amor de Dios que se expande en y para nosotros.

Cuando somos amados, con un amor libre de egoísmo, comprensivo respecto a nuestra fragilidad humana y, sin afán de posesividad, se constata la verdad del dicho: “Amor a amor obliga” ¡Feliz día del Amor y la Amistad!”.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.n