Cuando una persona vive y dice la verdad, está creando la posibilidad de más verdad a su alrededor.- Sara Davidson, periodista

Antes de poder ser nosotr@s mism@s tenemos que determinar exactamente quiénes somos. Y eso empieza con una imagen positiva de quiénes percibimos que somos.

¿Cómo es el reflejo de ti mism@ en tu mente?, ¿es positivo?, ¿estás en el camino para descubrir la misión que Dios te pidió cumplir en tu tiempo de vida?

La autenticidad es contagiosa, lo mismo que lo es el ser auténtic@. Muchos de nosotr@s nos enorgullecemos de ser auténtic@s. Sin embargo, nos atemoriza cuando alguien nos dice: “Eres demasiado auténtic@” y que esa manera de ser nos perjudicará para lograr el éxito en nuestra vida.

Puede pasar que poco a poco aprendamos a “transigir”, por ejemplo, a decir lo que se espera que digamos para “no molestar”, “para no ofender” y se va perdiendo el contacto con la conciencia personal. Puede suceder que sigamos haciendo algo que, realmente, no pensamos ni sentimos valioso y correcto. Es posible, entonces, no esperar autenticidad de nosotros mismos ni de las personas que nos rodean, porque la autenticidad empieza con uno mismo. Si no podemos ser auténticos con nosotros mismos no lo podemos ser con los demás.

Nuestro miedo y la negación del mismo es lo que nos lleva a mentir, a engañar y a convertirnos en personas que no somos ni respetamos creyendo ilusoriamente que mantenemos el control. Es un círculo vicioso, ya que mentimos porque tenemos miedo y tenemos miedo porque mentimos. ¡Qué alivio es admitir nuestros miedos! ¡qué alivio es admitir que somos impotentes ante nuestros miedos y que éstos hacen nuestra vida ingobernable! Este reconocimiento abre la puerta para regresar a nuestro interior y al proceso de aprender a reconocer y manejar nuestro pasado y presente descubriendo que ahí está un poder más grande que nosotros mismos y que nos ayudará a estar equilibrados y saludables, de nuevo, para llevar con verdad y autenticidad las riendas de nuestra vida y para vivirla armoniosamente cumpliendo la misión encomendada: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.