La soledad es buena, entendiéndola como los espacios que voluntariamente nos regalamos para un encuentro con uno mismo.- Erich Fromm, psicoanalista

Estar a solas con uno mismo es una oportunidad para “ver” con claridad y tomar fuerza para regular y ajustar nuestra vida. Nos da firmeza y voluntad para reconocer y tomar en cuenta nuestras necesidades y sueños más íntimos.

La quietud de la soledad es indispensable para el encuentro de mí-conmigo, es un espacio para explorar lo aún desconocido que es tan importante para nuestra realización como personas y experimentar la libertad de “ser”.

La soledad, asumida y aceptada, favorece la salud integral, el fortalecimiento personal y aumenta la capacidad para conservar y establecer buenas relaciones interpersonales.

Es una condición de posibilidad para la madurez humana. Nos ayuda a conocer, sin evasiones, la propia riqueza, singularidad, valía y límites. Es preciso estar a solas física y emocionalmente para apoyarnos en nosotros mismos.

En ese espacio no caben otras voces, ni el celular, la computadora, la televisión, la radio… sólo uno mismo.

Hay que establecer la diferencia entre el aislamiento estéril y la soledad fructífera. El aislamiento es el miedo a los demás y el fastidio al estar a solas; es cerrarse a las interrelaciones por miedo a ser agredid@s. La soledad procurada es retirarse, por un rato, para estar más presente.

Es la intimidad con uno mismo que luego nos permite la apertura a los demás; es lograr el contacto íntimo con uno mismo para experimentar nuestro mundo interior, sus sensaciones, sus palabras y sus imágenes. Llegar a lo más profundo de nuestro ser. Allí se encuentran la paz, el silencio y la presencia del Ser Superior.

Posiblemente al estar en soledad, al principio, te sientas inquiet@ pero, si perseveras en la búsqueda interior, encontrarás la luz y el calor de tu “yo profundo” que es nuestro mejor amigo y el más importante: ¡tu esencia!...

Siempre desearás volver a vivir ese encuentro maravilloso.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.