Todos los seres humanos somos singulares y distintos. Cada uno tiene una forma peculiar de percibir el mundo, una manera diferente de ver y entender lo que nos rodea. Esto forma parte de nuestra forma de ser para afrontar la vida. Las diferencias inherentes a esta singularidad no hacen a los otros peores ni a nosotros en mejores personas.

En ciertas situaciones o asuntos del vivir unas personas actúan mejor que otras; sin embargo, eso no quiere decir que solo ellas pueden hacer bien las cosas, que solo ellas tienen la razón o que puedan decir u ordenar a los demás cómo, cuándo y de qué manera actuar. Eso sí que ¡no!

Hay quienes sienten gran satisfacción y se envanecen al pensar y/o contemplar sus acciones, sus pertenencias como si fueran mejores y superiores a las de los demás. La altanería, el engreimiento lleva a la prepotencia que es producto de la soberbia. Es una forma de actuar intolerante, desproporcionada e irrespetuosa hacia los demás y, aunque no lo parezca, hacia uno mismo.

El llamado “complejo de inferioridad” es un claro ejemplo de la propia soberbia actuando contra uno mismo, al pensar que se es “menos” que las otras personas. Generalmente son individuos introvertidos, tímidos, descuidados físicamente y hasta mentalmente porque no se permiten valorar lo bueno que tienen, ni sus buenas obras. No tienen iniciativa por su infravaloración, ya que se desprecian, se sienten injustificadamente en condiciones inferiores respecto a los demás. Es una verdadera autodestrucción. Sus expresiones son: “no puedo…”, “no sé”.

Hay que procurar ser objetivos y ¡realistas! Bien sé que no soy la mejor persona pero reconozco mis aptitudes y cualidades para alumbrar el camino para ser mejor persona cada día. Convencerme de que soy capaz de sacar a la luz lo que está en mi interior en potencia e ir quitándome la armadura de la adversidad que con mi negatividad armé yo misma, pero sin llegar al otro extremo, a creer que tengo superpoderes, que soy el/la bienhechor@ de este mundo y el/la enviad@ para enderezar entuertos y llegar a crear un mundo ideal. Quiero estar SIEMPRE atenta para no crear una “realidad virtual” que me lleve a creer que la única salvación para el mundo soy yo, con mis ideas y promesas que se harán realidad con mi varita mágica. Ojalá dicha magia existiera. La verdad es que hay que trabajar fuerte, con respeto, honestidad y en equipo, jalando la carreta en la misma dirección: EL BIEN COMÚN.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir