La felicidad no la da lo externo, sino el modo de vivir con uno mismo.- Jiddu Krishnamurti, escritor espiritual

Es verdad que, en un día, interpretamos varios “roles” diferentes en el escenario de nuestra vida. Quizas, por la mañana, como padres de familia; en el trabajo, como un ejecutiv@, ejerciendo alguna profesión o como empresari@. Luego en algún restaurant compartiendo con amigos y, por la noche, con nuestra pareja, platicando de los eventos del día...

¿Cuántos roles interpretamos durante la semana? Cinco, diez o ¿quizás perdemos la cuenta? Junto con el “rol”, hay muchas etiquetas diferentes que van creando un fuerte sentido de identidad en nuestra personalidad (nacionalidad, estatus social, cultura, edad, sexo, etc.). Cada vez que interpretamos un rol, nos identificamos más con él. A veces, nos identificamos tanto con algún “papel” que lo representamos cuando no corresponde. La verdadera identidad es espiritual. Tenemos, por ahora, un cuerpo en el que vivimos y nuestra identidad se expresa a través de él al interpretar diversos papeles en el escenario del teatro de esta vida.

El sentido de identidad determina la escala de valores. Al basar nuestra valía en el exterior los valores son más materialistas y buscamos la felicidad en el tener y en el hacer y no en el SER. El verdadero sentido de identidad está en el conocimiento de uno mismo, valorando nuestras cualidades y puntos fuertes internos como lo más importante y trascendente: la paz y la armonía interior, el amor, el respeto y la sabiduría. No nos regiremos por el “brillo social”, “el poder”, “el prestigio” y “la ambición”.

Las influencias más poderosas sobre nuestros pensamientos y sentimientos, en cualquier situación o rol que vivamos, son: el sentido de autoidentidad, autoimagen y valores, que, a su vez, crean nuestra percepción de los otros y del mundo. Recordemos, que en la acción y en las diferentes situaciones se revela nuestro SER. Ahí está la verdadera identidad.

¡Ánimo! hay que aprender a vivir.